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La mujer que ve un millón de colores

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Imagina un camino de piedras en mitad de un secarral. Donde tú no ves más que pequeñas variaciones de gris, Concetta Antico ve un paisaje adornado por miles de colores, como el muestrario de una joyería. "Las pequeñas piedras me asaltan con sus naranjas, amarillos, verdes, azules y rosas", asegura. "Me impresiona bastante cuando me doy cuenta de lo que otras personas se están perdiendo".


El de Concetta es un caso extraordinario de tetracromatismo. Por una variación genética, su retina no tiene tres tipos de conos (como el resto de los mortales) sino que posee cuatro tipos de fotorreceptores. Este cono extra le permite distinguir colores y matices que los demás ni siquiera conseguimos imaginar y le convierte en una de las pocas personas del mundo que tiene esta capacidad.


Su caso está siendo estudiado desde hace años por el equipo de Kimberly Jameson, de la Universidad de California. Concetta se dedica al arte y pinta cuadros y, como cuentan en BBC Future, fue viendo una de estas composiciones extraordinariamente coloridas como un cliente le sugirió que podía tratarse de tetracromatismo. Cuando Jameson contactó con ella, le sometió a la prueba diseñada por Gabriele Jordan y John Mollon, los primeros que supusieron que esta característica, que se da en otras especies, como el pez cebra, podía darse en humanos también.
En 2010 estos investigadores identificaron al primer sujeto con tetracoromatismo. La prueba "ácida" consistía en presentar una serie de discos coloreados con diferentes mezclas de pigmentos, como verde hecho a partir de amarillo y azul. Esta mezcla era demasiado sutil para que cualquiera de nosotros pudiera identificarlo: nuestros receptores están preparados para identificar determinadas longitudes de onda y lo que apreciamos es una especie de color verde oliva. Pero un 'tetracromático' puede ver la diferencia con facilidad.


Otra de las personas identificadas como poseedoras de esta exótica característica genética es Maureen Seaberg, una periodista de Nueva York que descubrió su condición recientemente. En su vida cotidiana se producían situaciones raras, como el problema de comprar ropa y descubrir que los conjuntos de falda y camisa tienen tonos completamente distintos y no conjuntan bien, o cuando rechazó 32 muestras de pintura para restaurar una casa. "Los beiges eran demasiado amarillos y no suficientemente azules", asegura. "Y algunos de los almendras eran demasiado anaranjados".


A Concetta le pasa algo parecido. Cuando va a la frutería, asegura, "es una pesadilla". "Es como una montaña de colores viniendo a mí desde cada ángulo". Por eso su color favorito es el blanco. "Es como un descanso para mis ojos", dice. "Todavía hay un montón de color, pero no me hace daño". Desde pequeña sus padres sabían que ella veía el mundo de una forma especial. Si ponemos uno de sus cuadros frente a la escena real (como abajo) se puede intuir la variedad de tonos que ella aprecia en un paisaje en el que nosotros distinguimos apenas unos cuantos colores:




Sobre el tetraccromatismo aún quedan muchas cosas por conocer. Se sabe que el gen que afecta a los conos verdes y rojos está en el cromosoma X. Esto significa que la característica podría ser exclusiva de las mujeres, que tienen dos XX, y no afectar a los hombres. Los caprichos de la genética han hecho que la hija de sufra justamente el problema contrario: ella es ciega al color. Pero quién sabe. Indagar en estas variaciones puede que conduzca un día a una solución.




Concetta Antico y algunas de de sus pinturas





















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