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Las siete Maravillas del Mundo Antiguo



Las siete Maravillas del Mundo Antiguo eran una suma de representaciones artísticas y arquitectónicas que, haciendo referencia a la definición de “maravilla”, causaban admiración a quien las visualizaba.

Aunque fueron muchas las civilizaciones que elaboraron su propio listado de Maravillas del Mundo, la selección que hoy conocemos es de procedencia helénica. Los griegos definieron, en función de varios aspectos culturales, cuáles serían las obras más dignas de admiración. Por otro lado, las limitaciones espacio temporales hicieron que varias de las obras se encontrasen en terreno propio del Imperio de Alejandro Magno.

Fueron varios pueblos y culturas los que elaboraron su propia lista, sin embargo, todos coincidieron en seleccionar 7 monumentos. ¿Cuál es el criterio que determina que han de ser 7? El pensamiento heleno dominaba el mundo por aquel entonces y, para ellos, el 7 representaba la absoluta perfección y equilibrio. Al ser muchas las civilizaciones colonizadas por el pueblo griego, todos adoptaron este pensamiento.






La Gran Pirámide de Giza | 2570 a.C.


Las profundas creencias religiosas, y la particular visión de la muerte del pueblo egipcio fomentaron la creación de múltiples construcciones funerarias que albergasen los cuerpos de sus fallecidos.

La edificación más célebre fue la pirámide, y aunque se construyeron varias, solo alguna de ellas alcanzó la fama. Las pirámides cumplían un fin religioso, y otro político al mostrar la grandeza de los gobernantes.

Las pirámides de Giza o Gizeh son las más célebres de la historia, y datan del 2570 a.C. aproximadamente. Se trata de la única maravilla del mundo antiguo que continúa en pie en la actualidad.

Se cree que se tardaron diez años solo en la construcción de la rampa que se emplearía para mover y arrastrar las piedras hasta el lugar correspondiente. El tiempo, la solidez y durabilidad de su construcción siguen asombrando a arqueólogos, arquitectos e historiadores.

La pirámide de mayor relevancia del conjunto funerario es la dedicada al faraón Kheops, por ser la de mayor altura (147 m.), seguida de la de Kefrén (136 m.) y la de Micerino (62 m.).







Los Jardines Colgantes de Babilonia | 607 a.C. - 562 a.C.

Babilonia fue una gloriosa ciudad, cuna de la cultura mesopotámica y sede de su imperio. La primera etapa de dicho imperio fue, sin duda, la más gloriosa. El rey Hamurabi gobernó la ciudad, implantando su código de justicia, en torno al año 2100 a.C.

Los arquitectos diseñaron un sistema hidráulico que, aprovechando la localización junto al Éufrates, subía el agua hasta la terraza superior para que cayese después a los distintos niveles a través de las bóvedas.

Aunque no se sabe con exactitud quién fue el impulsor de la construcción de esta maravilla, se le atribuye al rey Nabucodonosor II, gran estratega militar y arquitecto. El rey estaba casado con Amitys, una mujer de procedencia meda que a menudo extrañaba la fertilidad de su tierra de origen; obligada ahora a vivir en un entorno desértico. Para mitigar el dolor de su amada, el rey propuso la construcción de los jardines, haciendo de Babilonia un vergel para ella.

En la actualidad es complicado afirmar la existencia de los jardines, y son muchos los historiadores que dudan de ello, atribuyéndoles la fábula a poetas de la época







El Templo de Artemisa | 550 a.C.

Cuando se creó el listado, El Templo de Artemisa fue considerado el monumento de mayor relevancia; propiciándose esta idea gracias a la teoría del geógrafo Pausanas.

El templo está ubicado en la ciudad de Éfeso, en la actual Turquía. El pueblo, poseedor de una gran riqueza, empezó a valorar la idea de levantar un monumento que honrase a la diosa Artemisa (Diana para el pueblo romano), la protectora de la ciudad.

El templo de Artemisa comenzó a perder su gloria en torno al año 260. Cuando los godos invaden Éfeso, la ciudad queda devastada. En el 381, con el templo prácticamente en ruinas, es clausurado por el emperador Teodosio, que intenta evitar toda representación pagana. La gloriosa construcción se convierte entonces en una suerte de mina para la extracción de materiales nobles que posteriormente se emplearían para construir otras obras artísticas y arquitectónicas pertenecientes a la religión cristiana.







La estatua de Zeus | 430 a.C




En la época de esplendor de la antigua Grecia, Olimpia se había convertido en el centro religioso de la cultura helena. Precisamente por ello, era allí donde se rendía homenaje al dios de dioses, Zeus.

El arquitecto griego Libón fue el encargado de erigir este templo de estilo dórico, tarea que le demoró la friolera de 10 años.

En torno a ocho siglos después, el emperador Teodosio (ya convertido al cristianismo), exigió la eliminación de todo símbolo religioso pagano, eliminando los Juegos Olímpicos y clausurando la entrada al templo de Zeus.

Una teoría de los historiadores cuenta que, debido a la magnificencia de la escultura de Fidias, Teodosio no mandó acabar con ella, si no trasladarla a Constantinopla. Sin embargo, en el año 462 acabaría siendo destruida por un incendio.






Mausoleo de Halicarnaso | 353 a.C. – 350 a.C.

En la localización de la actual Turquía existió, en el siglo IV a.C. una satrapía llamada Caria, cuyo máximo gobernador fue el rey Mausolo; en la capital de Halicarnaso.

El rey Mausolo, gracias a sus victorias como guerrero y estratega militar, era especialmente querido y venerado por su pueblo. Halicarnaso, ciudad bella e imponente, lloró su pérdida cuando falleció.

Una vez la obra fue concluida, cumplió su fin de honrar al que había sido considerado el rey más amado de la historia durante un periodo de dieciséis siglos.

En el año 1100 de nuestra era sucedió un terremoto que causó irreparables daños a la estructura. Después, durante el siglo XV, los caballeros de la Orden de San Juan emplearon los restos de piedra para construir una fortaleza que los protegiese del ejército turco.

Las ruinas del mausoleo fueron exploradas en 1857, encontrándose restos de algunos frisos, que hoy pueden encontrarse en el Museo Británico de Londres.






El Coloso de Rodas | 294 a.C. - 282 a.C.

Rodas es una isla perteneciente a Grecia. En el año 223 a.C. un terrible terremoto tumbó al Coloso, hundiéndolo en las cristalinas aguas del mar. Allí permaneció durante muchos años, testigo del paso del tiempo en la ciudad.

Con el tiempo, su valor fue decayendo, y se permitió su compra a un mercader judío que viajó a la ciudad. El mercader dio orden de cortar en piezas la estatua para fundir posteriormente las placas, dando lugar a grandes cantidades de bronce.






El Faro de Alejandría | 285 a.C. – 247 a.C.

Alejandro Magno desembarcó en Egipto siguiendo la ruta de sus conquistas en el año 332 a.C.

A la caída del sol, se encendía una gran hoguera. Las llamas se reflejaban en unos vidrios metálicos que funcionaban a modo de espejo. El espectro luminoso era visible a 50 kilómetros.

El faro, que pudo resistir los daños de un primer terremoto, acabó siendo derribado de forma definitiva tras un segundo sismo en el año 1303.






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