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Los mitos de las dietas de verano y por qué no hacerles caso



Cuidado, las dietas de verano acechan por todas partes. Y lo mejor que podrás obtener de ellas es a costa de tu salud. ¿a qué nos enfrentamos y qué debemos hacer para corregirlas?



En pleno apogeo del verano, a estas alturas todavía sorprenderemos a algún rezagado tratando de realizar milagros para lucir el maldito "cuerpo 10" en la playa. Las dietas de verano, los mitos y las malas costumbres se ceban con esta época del año a costa de la estética. La preocupación física por nuestro cuerpo, sin embargo, corre a cargo de nuestra salud en muchas ocasiones. Como siempre hemos dicho, la nutrición no es un tema sencillo. Y eso no cambia durante el verano.

Conoce a tu enemigo: las dietas de moda este verano



Por desgracia, todos los veranos surgen, invariablemente, un número notable de dietas y "técnicas" milagro para perder peso de forma "rápida y efectiva". Ni que decir tiene que la palabra efectiva, en este caso, no tiene nada que ver con saludable. Ni tan siquiera duradera. Casi todas las dietas son refritos y variaciones de las más conocidas, las cuales son poco saludables, se mire como se mire. ¿Qué podemos encontrar este verano?

Pierde X kilos en...

La más conocida, protagonista de mil y una variaciones. "Cambie la X por la cifra que quiera y añada un tiempo". Cualquier dieta que comience por "Pierde" suele ser sinónimo de malo. Estas dietas son la representación más primitiva y poco sofisticada de las dietas milagro. De hecho, son la base de las dietas milagro. Básicamente consisten, todas, en dietas hipocalóricas basadas en monoalimentos con añadidos particulares. Supuestamente, los alimentos seleccionados tienen casi todos los nutrientes básicos necesarios. Pues no. No los tienen. Por suerte o desgracia, somos animales omnívoros cuyas necesidades nutricionales son complejas. Caer en esta dieta solo puede terminar en perjuicio para nuestra salud: cambios de humor, anemias, irregularidades en nuestros ciclos naturales (como la menstruación). Para quitarse este muerto, muchas de ellas recomiendan "no pasar más de una semana siguiéndolas". Obvio.

La dieta de las 8 horas

Fascinante. Esta dieta consiste en comer todo lo que quieras pero dentro de un periodo de 8 horas, quedando en ayunas durante 16 horas. Vamos, ni pies ni cabeza. Si tenemos en cuenta que esa la base de la dieta europea por excelencia, donde se cena a las cinco o seis de la tarde y no se desayuna hasta las nueve o diez del día siguiente... no se entiende muy bien su propósito. Eso si, recomienda evitar "los carbohidratos refinados como el azúcar, el pan o la pasta, además de las grasas". Ah, ahora todo cobra sentido. ¿O no? El principal perjuicio de esta dieta es el desajuste horario, importantísimo (y muchas veces subestimado) dentro de la nutrición.

La dieta de la zona

Esta dieta es una de las grandes conocidas dentro del mundo, y que siempre pega coletazos en estas fechas. Dicha dieta es una dieta desequilibrada que se apoya en el supuesto "poder adelgazante" de una alimentación hiperprotéica. Tal y como han analizado en diversas ocasiones, y explicado con las palabras de Aitor Sánchez García, la dieta de la zona no tiene ninguna evidencia científica de su efectividad. Tampoco es que tenga que ser, en sí, perjudicial para la salud. Eso depende más bien, y simplificándolo un poco, del perfil de la persona. Pero lo que está claro es que servirá para desalojarnos los bolsillos más rápidamente sin que por ello funcione.

La dieta del tipo se sangre

Esta dieta, creada por Peter D'Adamo afirma que dependiendo de tu fenotipo sanguíneo te va bien una dieta u otra. Es decir, si eres del grupo A has de limitarte a ciertos alimentos; si eres del AB, a otros y así. Esta dieta no tiene base científica ninguna, aunque lo parezca, ya que se basa en premisas autoimpuestas y jamás probadas por la ciencia (por mucho que se empeñe su autor). Algunos estudios apuntan una posible relación entre el seguimiento de esta dieta y un posible beneficio en casos de problemas cardiovasculares. Pero del peso, ni hablan. Además, lo que sí puede conllevar esta dieta es la obsesión con los alimentos, un comportamiento anómalo y los peligros que conlleva el seguir un desequilibrio nutricional a consecuencia de un desorden alimenticio adquirido por dicha obsesión.

La dieta de la alcachofa

Esta dieta apuesta por el "efecto diurético" de la alcachofa (Cynara scolymus) como alimento. Si bien es cierto que este vegetal contiene cinarina, una sustancia con varias propiedades beneficiosas en nuestro cuerpo, nada indica que ayude a perder peso. Excepto por el hecho de que esta dieta aconseja restringir la alimentación de forma salvaje, lo que puede suponer un desequilibrio nutricional severo. Comer alcachofa es bueno. Comer alcachofa, solamente, es malo. Así de sencillo.

No existen las dietas milagro



Estas son solo algunas de las dietas más comunes y de moda. Pero lo cierto es que la alimentación y la pérdida de peso es un campo muy fructífero. De hecho, las dietas surgen como setas alrededor de la supuesta salud y la búsqueda de una figura perfecta. Pero hay que recordar que no existe ninguna dieta milagro saludable. Los dietistas y nutricionistas serios lo dejan muy claro: la única manera de perder peso es educándonos. La educación en la alimentación y en una vida saludable es una necesidad para el bienestar. Aunque uno de cada tres españoles padece de sobrepeso y la obesidad es la enfermedad más extendida del mundo, la gente sigue queriendo solucionar el problema sin esfuerzo alguno. La desinformación y las malinterpretaciones, así como la falta de datos abonan el campo de la nutrición para que crezcan hábitos poco saludables. Pero no nos engañemos. Solo hay una manera de mantenernos sanos y en buena forma: una buena alimentación, que pasa sin más remedio por adecuarla a nuestro propio perfil; y el ejercicio. Una pieza indivisible del bienestar, aunque a algunos les resulte más fácil mirar hacia las malditas dietas de verano.


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