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Los viajes interestelares ¿son imprescindibles? [megapost]




Analizando la necesidad de alcanzar otros mundos.



El temido cambio climático ya está aquí, los que ya tenemos una cierta edad recordamos como los inviernos de nuestra niñez eran completamente diferentes, vemos que los periodos de lluvia han sido alterados o comprobamos como, año tras año, las temperaturas del verano baten todas las plusmarcas. Lo malo es que son muchos los que señalan que ya no hay vuelta atrás, el mundo, o mejor dicho, la humanidad, se tiene que enfrentar a su mayor reto e incluso es probable que esta alteración termine provocando que nuestro hogar sea inhabitable dentro de apenas unos siglos, ese sería nuestro legado para las generaciones futuras.

La recientemente estrenada película “Interestellar” nos plantea una idea que ya ha rondado por la cabeza de muchos autores de ciencia ficción y que ha sido descrita en múltiples ocasiones por cada rama de la comunidad científica, la humanidad tendrá que escapar de un planeta agonizante.


¿Buscando un nuevo hogar?

Pero esta idea es a la vez emocionante e intrigante, aunque antes de lanzarnos a este largo viaje hay preguntas que responder ¿es realmente posible?¿no hay ninguna solución mejor? Nuestras obras literarias nos muestran una exploración espacial con un aire romántico, las tripulaciones de grandes naves vagan por la galaxia descubriendo nuevos mundos, recabando datos y enviado sus informes a una organización interplanetaria. Star Trek nos ha acostumbrado a la posibilidad de encontrar mundos no solamente habitables, sino también habitados por seres cuya inteligencia seria pareja a la nuestra.


Imagen típica de humanos y otras razas, todas humanoides tanto en la forma, como en la mente.

Pero una cosa es la ciencia ficción y otra muy diferente la abrumadora realidad y esta visión puede estar muy alejada de lo que podemos encontrarnos en el cosmos o incluso de lo que nuestra ciencia será capaz de lograr en los próximos cien años. Las leyes de la física tienen que lidiar con los ingenieros, hay un largo camino que recorrer antes de responder a la eterna pregunta ¿seremos capaces de viajar a otras estrellas?

Uno de los primeros escollos a los que nos enfrentamos en nuestros desplazamientos en coche es el límite de velocidad establecido por los diferentes organismos gubernamentales: de la misma forma, la naturaleza ha fijado un límite de velocidad inamovible, la velocidad de la luz, unos 300.000 kilómetros por segundo, este límite nos señala claramente el problema, si una estrella se encuentra a un año luz de nosotros, a la velocidad de la luz tardaríamos en llegar todo un año.


La verdad es que no es así de fácil viajar entre las estrellas...

Pero el Universo es muy grande, la luz de nuestro Sol tanda en alcanzar la superficie de nuestro planeta ocho minutos, unos cuatro años en llegar hasta la estrella más cercana al Sistema Solar, 27.000 años en recorrer la distancia que nos separa del centro de la Vía Láctea o más de 2 millones de años en alcanzar la galaxia de Andrómeda. Pero aunque estos números te puedan parecer demasiado elevados, lo sorprendente es que tan solo estamos hablando de las regiones más cercanas a nosotros, a nuestro barrio cósmico.

Las grandes distancias entre los diferentes sistemas solares presentes en nuestra galaxia combinadas con el límite de velocidad de la luz nos impone severas restricciones a la posibilidad de emprender largos viajes interestelares espaciales. Toda obra de ciencia ficción tiene que lidiar con este límite inamovible, una especie de gran elefante blanco que se erige orgulloso en el centro de una habitación y que nos impide cruzarla. Gran parte de las obras de ciencia ficción más recientes nos plantean la idea de la existencia de algún tipo de “agujero de gusano”, una estructura de cuatro dimensiones, un túnel que une dos puntos del Universo y que nuestros exploradores recorrerían en apenas unos segundos.


Ésta es la idea más común para saltarse el límite que nos impone la velocidad de la luz.

Esta posibilidad ha sido analizada ya con rigor matemático, y aunque los estudios y sus resultados nos muestran un tentador futuro, también nos enseñan que estos métodos no pueden funcionar, a menos que descubramos una forma de materia que se comporte de una manera muy diferente a cualquier cosa que hayamos visto jamás.


Tal vez debamos investigar los saltos que hacía la Galáctica...

Así que por desgracia tenemos que decantarnos por nuestros actuales sistemas de propulsión y los que estarán disponibles en un futuro previsible, sistemas que están estrictamente sometidos a las leyes de Newton. Si queremos recorrer cualquier distancia en el espacio tenemos que conseguir una fuerza que nos empuje, lanzamos al espacio gases propulsores que lanzan a nuestros ingenios hacia adelante. Pero hay un serio problema con esta idea, y es que con nuestra actual tecnología, resulta que no hay suficiente masa en el Universo para lograr que un ingenio se propulse a tan solo la mitad de la velocidad de la luz. Pero incluso si hablásemos de velocidades relativamente bajas, de tan solo 0,01% de la velocidad de luz, nuestras arcas interestelares resultarían ser prohibitivamente caras.

Pero si optamos por descartar nuestra vieja tecnología las cosas parecen mejorar un poco, conceptos avanzados como la propulsión termonuclear parecen ser más realistas, pero incluso los diseños más optimistas nos muestran futuros dispositivos que apenas alcanzarían un pequeño tanto por ciento de la velocidad de la luz.


La nave Orión de los años 60 podría haber alcanzado un porcentaje relativamente apreciable de la velocidad de la luz, pero la idea de ir soltando bombas nucleares no parece del todo convincente - o políticamente correcta - para el resto de los mortales.

Estas grandes distancias combinadas con nuestras naves que se desplazan a la velocidad de un caracol reumático implican que la exploración de la galaxia va a ser un trabajo que tomará su tiempo. Nuestros estudios nos muestran que en la galaxia hay una gran cantidad de muntos potencialmente habitables, estimaciones que van de al menos 1 de cada 10.000 estrellas a un máximo de 1 cada 10 estrellas. Aún así, dadas las grandes distancias que separan las estrellas y las bajas velocidades alcanzables por la nave realista, cualquier viaje que emprendamos para alcanzar cualquiera de estos mundos tardara varios siglos, o incluso milenios.


Un exoplaneta. ¿Inalcanzable para nuestros medios?

También hay que considerar que es lo que entendemos por “planetas potencialmente habitables”. Para un astrobiólogo esto implica que un planeta posea grandes cantidades de agua en estado líquido en su superficie orbitando alrededor de una estrella similar al Sol. Pero la humanidad requiere algo más de agua líquida, las posibilidades de encontrar un planeta idéntico a la Tierra son más bien escasas. Nuestro entorno es el resultado de una larga evolución y la vida ha alterado dramáticamente nuestro mundo, la Tierra tiene su propia y única historia evolutiva, es muy poco probable que, por casualidad, estos mismos pasos hayan tenido lugar en otros rincones de la galaxia.


La Tierra y la Luna, uno de sus elementos que es poco probable que se repita en otro planeta.

A pesar de los problemas actuales de nuestro planeta y que nosotros mismos hemos provocado, sigue pareciéndose al hogar ideal donde nuestros ancestros evolucionaron, mucho más que cualquier otro mundo que descubramos en la galaxia. Los climatólogos llevan años advirtiéndonos de la devastación resultante que tendrá lugar en el clima del planeta debido a nuestras emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Incluso así, con un mundo agonizante, cualquier otro planeta habrá evolucionado gracias a sus seres vivos, por lo que su atmosfera podría ser, en el mejor de los casos, dañina, y en el peor de los casos, letalmente tóxica.


Los humanos no podían sobrevivir en Pandora sin máscaras de oxígeno. Un escenario más que probable en un hipotético exoplaneta a nuestro alcance.

Otra idea planteada por los autores de ciencia ficción es la llamada “terraformación” de un planeta, alterar el entorno de un mundo alienígena para convertirlo en habitable para la humanidad, eso requiere reconstruir la atmósfera y su biósfera desde cero, erradicando a la vez cualquier posible forma de vida nativa que en él se encuentre. Pero si fuésemos capaces de lograr alterar la atmósfera de un planeta para adaptarla a nuestras necesidades ¿Por qué no empezar con nuestro propio hogar? La tarea sería menos desafiante e incluso a un coste mucho menor que lanzarnos a viajar a otros planetas que conquistar.


Representación de una potencial estación terraformadora.

Pero quizás la pregunta fundamental sea el por qué la humanidad parece estar dispuesta a colonizar otros mundos. Cualquier viaje a las estrellas durara mucho más que la esperanza de vida de la humanidad, estos colonos interestelares tendrán que enfrentarse a problemas que van más allá de la de conseguir colonizar un planeta en el que mantener nuestro estilo de vida, las grandes naves deberán ser hábitats cerrados, autónomos y autosuficientes, simplemente no viajarían buscando otro hogar, tendrían que construirlo desde cero y permitir que la humanidad evolucione en su interior.

Desde un punto de vista económico, esta idea sería mucho más eficiente que el invertir recursos en transformar planetas enteros. Diferentes estudios han mostrado que, ya que sería necesario acomodar a cientos o incluso miles de colonos en el espacio, podríamos partir de los materiales extraídos de los grandes asteroides que vagan por el Sistema Solar, un planteamiento que permitiría reducir drásticamente el mayor lastre de la colonización del Sistema Solar, el coste económico debido a la necesidad de lanzar al espacio los millones de toneladas de materiales necesarios para construir estos primeros hábitats.


Capturar asteroides, la primera etapa para construir un "arca espacial".

Y debido a que en nuestro Sistema Solar encontramos millones de asteroides, siendo particularmente optimistas podríamos albergar en ellos toda la población de nuestro planeta con tan solo una fracción del esfuerzo necesario de terraformar un mundo como Marte. Así que, en última instancia, nuestro viaje a otras estrellas y la colonización de sus mundos podría no estar impulsada por la pura necesidad, sino por el anhelo grabado a fuego en la conciencia de la humanidad de exploración y conquista.

¿Cuál paso es el siguiente? Bueno, la creación de un nuevo mercado, la explotación de los recursos presentes en otros mundos de nuestro Sistema Solar promete reducir drásticamente el coste de la exploración espacial, haciendo a su vez que el espacio se convierta, poco a poco, un destino accesible para la humanidad.


Minería en el espacio, el principal aliciente en la futura exploración espacial.

La promesa de encontrar estos recursos en asteroides cercanos ha dado lugar a la aparición de una serie de empresas que compiten por ellos, un gran asteroide puede esconder cientos de veces la cantidad total del níquel, oro y otros metales valiosos que encontramos en la Tierra. También hay planes para crear plantas de energía solar en el espacio, algo que nos proporcionaría la energía necesaria para evitar ese colapso de la humanidad debido a nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Pero esto será únicamente cuando los costes económicos de crear grandes estructuras sean menores que los beneficios que proporcionen, o cuando el gasto de esos combustibles no puedan reponerse. Entonces será cuando realmente podremos pensar en colonizar con un cierto nivel de garantías - o mejor, un cierto nivel de estímulos - cualquier otro mundo.


Dos ejemplos de posibles estaciones solares, en el espacio, y en la Luna.

No sería la primera vez que vemos como un nuevo mercado experimenta un crecimiento capaz de alterar nuestra sociedad, desde la aparición de los primeros coches hasta nuestros equipos informáticos, algo similar podría sucederle a este nuevo mercado que podría impulsar por fin la colonización de nuestro pequeño rincón del cosmos.

Si no lo evitamos, pronto, nuestro mundo se convertirá en un entorno inhabitable, no nos quedará más remedio que abandonar nuestra cuna, no necesitamos lanzarnos a la búsqueda de un nuevo hogar entre las estrellas, al menos a corto plazo, pero sí que nos veremos obligados a dejar nuestro planeta para que pueda recuperarse de nuestro maltrato continuado.


Si esto sigue así, tal vez sea necesario que abandonemos nuestro hogar, al menos por algún tiempo.


¿Es necesario llegar a los extremos de la palícula Wall-E para que reaccionemos?






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