marionetas en manos de bacterias que provoca cambios de sexo

 


Unas bacterias de rápida propagación provocan cambios de sexo en sus víctimas y hacen que las hembras infectadas tengan descendencia sin necesidad de copular, entre otros horrores.



Ahora un nuevo estudio ha descubierto cómo consigue la bacteria causar tantos estragos: acabando con los sistemas inmunológicos.



La bacteria, llamada Wolbachia, crea un gen en las avispas que desactiva su sistema de alarma contra invasores bacterianos, según afirman los investigadores, que trazaron los genomas de tres especies de avispas Nasonia por primera vez.


De este modo, las defensas de las avispas nunca se desarrollan, dejando vía libre a la bacteria Wolbachia para hacer el trabajo sucio.


Este mecanismo podría aplicarse en otros insectos, ácaros, avispas y gusanos. En todos estos casos, el aparato reproductor del animal receptor sufre importantes cambios con extraños resultados.


Así, los machos se transforman en hembras fértiles o son asesinados. Las hembras no los necesitan, pues se reproducen mediante partenogénesis, y el esperma de machos infectados se vuelve inútil en hembras sin infectar.


Los machos se transforman porque la bacteria no puede introducirse en los espermatozoides, solamente las hembras infectadas pueden pasar la bacteria a su descendencia.


«Para nosotros puede sonar a ciencia ficción, pero en los insectos es una realidad», afirma Seth Bordenstein, profesor de biología de la Universidad de Vanderbilt (Tennessee, Estados Unidos). Bordenstein formó parte del equipo autor del estudio, publicado en enero en la revista Science.


Terribles resultados


Estas transformaciones ofrecen importantes ventajas a los parásitos, pues pueden reproducirse sin matar a sus huéspedes y así, al reproducirse éstos, la bacteria tiene más posibilidades de alcanzar la siguiente generación.


De hecho, son tan buenos en su trabajo, que son «los parásitos con más éxito del mundo animal». Según Bordenstein, la bacteria Wolbach es un peligro para el 70 por ciento de los artrópodos, grupo que incluye arañas y ácaros.


«Cada vez que una mosca se posa en una fruta podrida o trepa por el hombro de alguien, es muy probable que tenga el parásito, lo que no quiere decir que su tarea siempre dé en el clavo: a veces la bacteria Wolbachia no puede terminar su trabajo, dejando a su paso seres mitad macho mitad hembras», afirma Bordenstein.


Bordenstein y sus colegas desconocen cómo la Wolbachia lleva a cabo tal sabotaje genético, lo que sí saben es que dan un paso más y transfieren algunos de sus propios genes a la avispa.


El proceso no está claro aún, pero Bordenstein cree que al infectar el sistema reproductivo de su huésped, la bacteria Wolbachia aumenta las posibilidades de que sus genes sean absorbidos por los de las avispas.



Las artimañas de la malaria


Según Bordenstein , el éxito de la Wolbachia a la hora de infectar a sus huéspedes y la descendencia de éstos podría ayudar a los genetistas a descubrir cómo luchar contra enfermedades humanas provocadas por insectos, como la malaria o el dengue.


Por ejemplo, los científicos han descubierto cómo añadir genes a los mosquitos que los hacen más resistentes a la bacteria que causa la malaria, aunque no han conseguido averiguar cómo extender estos genes para que alcancen a una población entera de mosquitos.


Si se pudiera añadir un gen antimalaria al genoma de la Wolbachia, los parásitos se convertirían en un «mecanismo de accionamiento automático» y se extendería el gen antimalaria de mosquito a mosquito.


Independiente de las futuras aplicaciones posibles, Bordenstein afirma que «desde una perspectiva científica es realmente fascinante descubrir cómo un organismo tan simple como la bacteria puede controlar la vida sexual de huéspedes complejos