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Marte también sufrió fuertes cambios climáticos

Marte también sufrió fuertes cambios climáticos


Hallan en un cráter marciano pruebas de alteraciones periódicas en el clima, probablemente debidas al eje de rotación del planeta, y de un antiguo acuífero



La sonda europea Mars Express ha fotografiado un cráter marciano con evidencias de grandes fluctuaciones climáticas en el planeta. Las pruebas apuntan a que estas alteraciones eran periódicas —probablemente debidas a cambios en el eje de rotación del planeta—, según publica la Agencia Espacial Europea (ESA).

El cráter Danielson está en Arabia Terra, una extensa región montañosa del hemisferio norte marciano. Tiene 60 kilómetros de diámetro y una topografía que recuerda a algunas zonas desérticas de la Tierra. Está lleno de sedimentos estratificados —a capas— muy erosionados que forman montículos denominados yardangs.

Estas protuberancias, formadas a lo largo de miles de años por la erosión de grandes bloques de roca, también tienen sus ejemplos en los desiertos terrestres. La Esfinge de Giza (Egipto) es, de hecho, un yardang tallado primero por la arena arrastrada por el viento y después por los humanos. También son habituales en los desiertos de Gobi y de Arizona.

Un antiguo acuífero


Los investigadores creen que estas formaciones rocosas, de origen sedimentario, se consolidaron gracias a un antiguo acuífero bajo el cráter Danielson. Por la orientación de los yardangs han hipotetizado que fuertes vientos de componente nor-noroeste fueron los reponsables tanto de depositar los sedimentos como de erosionarlos en un periodo posterior. También han encontrado una zona de dunas más oscuras que atraviesa los yardangs, posiblemente más reciente.

Los estratos del fondo del cráter muestran un grosor y una separación bastante regulares. Los investigadores creen que son debidos a fluctuaciones climáticas periódicas. Cada estrato, por tanto, correspondería a una época distinta de la historia del planeta rojo.

Junto al cráter Danielson hay uno más pequeño, el Kalocsa, de unos 33 kilómetros de diámetro, que no se parece nada. Su fondo no muestra estratos sedimentarios, para lo que se manejan dos hipótesis. O la menor profundidad del mismo no dio acceso al acuífero subterráneo y, por tanto, no pudieron consolidarse las rocas sedimentarias, o simplemente es un cráter más reciente, de una época en la que ya no había agua.
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