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[megapost] ARSAT: Te tiro toda la posta.

¡Hola a todos! Bienvenidos.

Este post capaz parezca un insulto al taringuero promedio, pero para el que quiera leer, espero que le sirva para informarse respeto al tema.

Empecemos...


A poco de lanzarse el ARSAT-2, muchos siguen con dudas al respecto, sobre el funcionamiento de su predecesor y las ventajas de los satélites... Vamos a despejar las dudas.

A casi un año del lanzamiento del ARSAT-1, el satélite geoestacionario del gobierno nacional armado en la Argentina y lanzado desde la Guayana Francesa a un costo aproximado de 300 millones de dólares, sigue absolutamente subutilizado.

Tan sólo consiguió como clientes a algunos canales de TV abierta de estados provinciales (peronistas), que los usan para alimentar sus repetidoras regionales (Canal 7 de Rawson, Chubut; Canal 3 de Santa Rosa, La Pampa; Canal 9 de Rio Gallegos, etc.) y las señales K porteñas (estatales y paraestatales): Encuentro, Paka-Paka, CN23, C5N. También el Canal 9 de Comodoro Rivadavia (Cristóbal López), así como algunos  canales de Telefé en el interior. Aparentemente, la señal del Canal 7 de Buenos Aires aún no está en el satélite, aunque se prevé que se haga presente en poco tiempo más.Fuera de la conducción permanente de estas señales, hasta marzo de 2015 el ARSAT-1 hizo sólo transmisiones ocasionales. Como ejemplos pueden citarse el discurso de la presidenta por el 31 aniversario del restablecimiento de la democracia (10.12.2014) o el partido de segunda división de básquet por el Torneo Nacional de Ascenso Ferrocarril Oeste y San Lorenzo de Almagro (05.01.2015).




Pero vayamos un poco más atrás, antes de su lanzamiento. Empecemos por el principio...

¿Quiénes son los responsables de la creación del ARSAT-1?

ARSAT es la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales, una sociedad estatal creada por Néstor Kirchner para manejar un satélite que hasta entonces pertenecía a un  operador privado. Gradualmente, ARSAT fue ampliando sus funciones hasta convertirse en una compañía general de telecomunicaciones del Estado Argentino. Hoy es manejada por cuadros que responden al ministro de Economía Axel Kicillof y a la agrupación La Cámpora.

INVAP (Investigaciones Aplicadas SE) fue la compañía estatal que realizó el ensamblaje. Esta sociedad del Estado, creada en los años 70 por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), es una especie de brazo ejecutor de proyectos de tecnología de punta del Estado Argentino.

Luego vamos a hablar detenidamente de ambos... Sigamos con lo que nos compete, el satélite.



El aparato de propaganda oficial se refirió invariablemente al “primer satélite argentino”.Télam, 6-7-8, TVR y Página/12 —entre otros medios— se encargaron de presentar el episodio como el comienzo de una nueva era en la cual Argentina “accedía a la soberanía satelital”,  ingresaba a un exclusivo club espacial, dominaba la tecnología de fabricación de objetos espaciales y daba un salto cualitativo en las telecomunicaciones.

Luego vino la cadena nacional. El ARSAT-1, dijo la mandataria, es “un orgullo”. También recordó la “decisión política” de Néstor Kirchner de crear en 2006 la empresa estatal ARSAT y de poner en marcha el Programa Espacial Argentino.






link: https://www.youtube.com/watch?v=loInTwkZx10


Ni primero, ni “fabricado”…

Como puede verse en el cuadro de más abajo, el ARSAT-1 de ninguna manera es el primer satélite argentino ni es el primer satélite construido o integrado en la Argentina. No es siquiera el primer satélite de comunicaciones geoestacionario que usa la posición orbital argentina para dar servicio al territorio nacional. Tampoco es el primer satélite “fabricado” en América Latina (ninguno ha sido completamente elaborado en la región).
CUADRO DE SATÉLITES ARGENTINOS


Fuente: elaboración propia con información de ARSAT, CONAE, INVAP, AATE, Universidad Nacional de Córdoba y la National Administration of Space and Aeronautics (NASA) de los Estados Unidos.

Se excluyen de esta lista los satélites canadienses Anik-1 y Anik-2, lanzados en los años 80 y alquilados  por la empresa Nahuelsat SA entre 1993 y 1997. Igualmente se excluye el satélite estadounidense AMC-6 alquilado en su totalidad por ARSAT SA entre 2006 y 2014. En todos los casos, estos satélites fueron originalmente activados al servicio de otros países. Por otra parte, el satélite SAC-B —que no aparece en la lista— resultó en un lanzamiento fallido en 1996, ya que no se despegó totalmente del cohete.








La novedad verdadera

En efecto, el ARSAT-1 no es el primer satélite fabricado en la Argentina con tecnología y materiales  argentinos, como en forma propagandística anunció el gobierno. Los satélites anteriores, así como las actividades aeroespaciales argentinas previas, se habían concretado sin montar shows políticos ni exhibiciones de nacionalismo.


Ahora bien, ¿presenta el ARSAT-1 alguna novedad verdadera?  En realidad, se trata del primer satélite de comunicaciones ensamblado en la Argentina (sus principales componentes son extranjeros) para dar servicio comercial al territorio nacional desde la posición orbital geoestacionaria asignada al país.
El Relato K ha querido transformar al satélite argentino en una epopeya única cuando se trata de un episodio común en el mundo y que no supone ninguna preeminencia para el país.

El problema actual del mercado de satélites de comunicaciones civiles es que existe una capacidad más que abundante de conexiones satelitales en el mundo. Los satélites son un negocio poco rentable y casi en decadencia, dominado por unas pocas compañías de actuación mundial que operan con grandes economías de escala.

¿Por qué ocurre esto? Desde hace más de dos décadas, la gran mayoría de las comunicaciones mundiales se conducen a través de fibras ópticas terrestres y submarinas; no por satélite. Las fibras han sido instaladas intensivamente en ciudades y trayectos interurbanos e internacionales.
Al día de hoy, los satélites de comunicaciones se usan exclusivamente para proveer conexiones en zonas marginadas terrestres o contactos con embarcaciones y aeronaves en navegación, así como para ofrecer servicios de televisión.


El ARSAT-1 (y 2) no mejorará ninguno de los grandes problemas de que experimentan las telecomunicaciones en la Argentina: no sirve para la telefonía celular y sólo podrá proveer telefonía fija o Internet en lugares muy remotos y aislados, donde no estén disponibles otras alternativas.

Dicho esto, volvamos a lo que se dijo oficialmente y propagó acerca del ARSAT-1.

La presidenta Cristina Kirchner no paró hacer afirmaciones inexactas (o bizarras) sobre el satélite:“El ARSAT-1 fue construido íntegramente en Argentina”, señalaba en un tuit del 16.10.2014. En su página oficial de Internet (01.09.2014) dijo: “ARSAT-1 [...es] el primer satélite geoestacionario 100% argentino. Todo esto no es milagro ni suerte, tampoco viento de cola. Es voluntad política, decisión de gobierno y política de Estado”.


Su estilo autorreferencial, en este caso aplicado al satélite, apareció el mismo 16.10.2014 en cadena nacional: “Si yo no hubiese ganado [las elecciones] , ¿tendríamos el ARSAT en el espacio? Es una pregunta que deben hacerse todos los argentinos […] Estoy absolutamente segura de que los satélites no se pueden derogar [y son] una conquista de todos los argentinos […] Estamos en el espacio, somos el primer país latinoamericano que produce en forma nacional un satélite geoestacional . Tenemos mucha emoción”.
También el día 16 escribió en un tuit: “Argentina se suma al selecto club de países que producen este tipo de satélites, USA, Rusia, China, Japón, Israel, India y la Eurozona”.

El diario madrileño El País relativizó estas afirmaciones en un artículo con título burlón: El satélite 100% argentino que se fabricó en Europa (08.09.2014). Daba a conocer que “la carga útil” del ARSAT-1 (los instrumentos tecnológicos que le permiten realizar su función) resultó fabricada “por Thales Alenia Space, una empresa europea que fue licitada por INVAP para esta tarea. Lo mismo pasó con los sistemas de propulsión y el ordenador de a bordo, que han sido encargados a Astrium, una filial de la multinacional europea EADS”.

Termina el periódico español: “De hecho, la gran mayoría de los componentes físicos del ARSAT-1 han sido fabricados fuera de Argentina”. Un periodista de ese medio se puso en contacto con el gobierno argentino requiriendo precisiones, pero el vocero oficial se negó a revelar qué parte de los componentes era nacional.



Bien, ahora hablemos de los responsables del satélite.





Se considera que INVAP funciona en forma eficiente, seria, a cubierto de las vicisitudes políticas y que ha alcanzado varios éxitos tecnológicos para el país, aunque es difícil separar el mito de la realidad: nunca se ha hecho un estudio a fondo de sus actividades. Su gerente general, el físico Héctor Otheguy, ocupa el cargo desde hace ya un cuarto de siglo. Ha concurrido varias veces a 6-7-8, califica a la presidente Cristina Kirchner como “la presidenta de la ciencia y la tecnología” y le ha respondido con argumentos políticos a figuras opositoras que objetaron algún aspecto del satélite.

Mucho más no se puede hablar acerca de esta empresa.





En cambio, ARSAT exhibe un historial bastante decepcionante. Se dice que la empresa fue creada de apuro para evitar que Argentina perdiera las posiciones orbitales “de bandera”, asignadas por acuerdos internacionales, debido a la desastrosa gestión de Nahuelsat S.A., la empresa mayoritariamente extranjera que se encargaba del satélite argentino (Nahuel 1) desde 1997.

Entre 2011 y 2014 ARSAT devengó déficits del orden de los 2.000 a 4.000 millones de pesos anuales —según datos de las cuentas ahorro-inversión que publica el Ministerio de Economía— y suele recaudar no más de 10 por ciento de su presupuesto. Es decir, sus números generan unos rojos comparables a los de Aerolíneas Argentinas, pese a que desde 2007 ARSAT está exenta de pagar impuestos (incluso IVA y gravámenes nacionales).

Como empresa, y no sólo en el campo satelital, ARSAT exhibe más fracasos que logros. Sus abultadas pérdidas no han servido siquiera para alcanzar objetivos sociales ni de alta tecnología.

Desde 2010 ARSAT llenó el país de transmisores terrestres de la Televisión Digital Abierta (TDA) y repartió más de un millón y medio de decodificadores para que los aparatos de TV más antiguos pudiesen captar la señal. Este despliegue costó hasta fines de 2014 unos 7.000 millones de pesos y se hizo para transmitir señales oficialistas y “amigas” del gobierno, al margen de la Ley de Medios y en violación de ella en varios aspectos: convierte en canales abiertos de alcance nacional a varias señales privadas que no deberían llegar a más del 35% de la población. Tanto empeño e inversión sólo han generado una audiencia regular mínima.

Por otra parte, ARSAT creó a un costo considerable una Red Federal de Fibra Óptica de unos 25 mil kilómetros de extensión y que recorre todas las provincias argentinas. Esa Red, que hasta ahora costó unos 10.000 millones de pesos, permanece desde hace dos años “apagada”(salvo un pequeño tramo en el estrecho de Magallanes y otro en la provincia de Buenos Aires) porque no se sabe qué hacer con ella ni qué política de precios e interconexiones se debe establecer.

Y ahí no termina la lista de fracasos...


Conclusiones

¿Qué quiere decir todo esto? ¿Estuvo bien ensamblar el satélite por medio de INVAP? ¿Fue acertado lanzarlo? ¿Es conveniente que lo opere ARSAT? ¿Puede generarse un sector satelital sustentable que le permita a Argentina disfrutar mejor de esta tecnología y exportar en forma sistemática? ¿Las críticas contra el satélite son objeciones de peso? ¿O vienen de sectores mezquinos que no quieren que el país sobresalga tecnológicamente y que no pueden reconocer éxitos del gobierno?

Aquí hay una gran ensalada de cosas diferentes, servida intencionalmente por el gobierno, que es necesario separar cuidadosamente para poder evaluar cada ingrediente en forma separada: una cosa es el INVAP, otra cosa la “fabricación” del satélite, otra cosa es la necesidad y conveniencia de ARSAT y otra cosa es que Argentina opere un satélite y bajo qué condiciones.

No cabe duda que el país debe contar con un sector de ciencia y tecnología fuertemente apoyado por el Estado, sin que esto signifique coartar desarrollos privados. Y nadie puede mandar a ningún científico e investigador a “lavar los platos” como hizo un exministro de Economía. Ese sector debe estar no sólo regido por políticas de Estado, sino también tener un plan de prioridades.

Sobre el satélite en sí mismo, quizás no estuvo mal el proyecto de ensamble para demostrar las posibilidades del país. (Un satélite típico de comunicaciones cuesta alrededor de 280 millones de dólares, más unos 30 millones de esa moneda en concepto de lanzamiento;  son aproximadamente los costos efectivos del ARSAT-1.)  Lo que estuvo mal es la utilización política de este hecho, rodeada de una retórica tan triunfalista como basada en falsedades.




Saludos.

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