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Messi y la hormona de crecimiento



Si el tambo farmacéutico, que permite obtener la hormona de crecimiento humano a través de la leche de vaca, ya hubiese estado en marcha, probablemente la trayectoria de Lionel Messi hubiese sido otra.



La pulga partió al Barcelona a los 13 años desde su Rosario natal y en parte, según se afirma, porque no podía afrontar un tratamiento de US$ 1.300 al mes con inyecciones que debía colocarse a diario en su brazo o en su pierna. Desde entonces, su carrera ha sido imparable. Messi no solo es el mejor del mundo. También se cumplió su ambición de ser, al menos, más alto que Maradona.

Por cierto, gracias al tambo farmacéutico que funciona en el país con vacas clonadas, la hormona de crecimiento humano se abarató. Y Argentina se posicionó como uno de los líderes globales en biotecnología, una reputación que viene desde lejos por los premios Nobel, Bernardo Houssay, Federico Leloir y César Milstein. "Tenemos una enorme acumulación de conocimiento", dice Santiago García Belmonte, CEO de Biosidus, responsable del tambo farmacéutico.

En la sede del barrio de Boedo, García Belmonte, 44 años, aparece como esos tipos incapaces de permanecer mucho rato sentado en una silla y va disparando los proyectos en marcha. Se entiende. Biosidus es una empresa en ebullición que, desde que se separó de Sidus -ahora en manos de otra rama de la familia-, duplicó su tamaño en tres años, factura US$ 60 millones al año y el 75% es por sus exportaciones a 35 países.

De momento, están en proceso de registro de sus remedios en otros 28 países con una estrategia que consiste en unirse a socios locales. Y se encuentran en pleno desarrollo de lo que se ha dado en llamar la biotecnología de segunda generación, con medicamentos que curan enfermedades que hasta ahora no tenían remedio.

La otra novedad es la terapia génica para el corazón, una idea que arrancó con René Favaloro en cuanto se descubrió el gen que fabrica las arterias en el organismo. Favaloro murió pero ellos siguieron y lo han patentado en los principales países. Ahora les faltan muchas pruebas y varios millones para que se haga realidad.

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