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MINERÍA - Sustentabilidad y Desarrollo

Una utopía más de la civilización?

Irrealizable es para muchos la extracción y producción de gemas en completo equilibrio con el medio ambiente y el desarrollo social y económico de las regiones o comunidades donde se localiza tanto yacimientos como centros de lapidación y comercialización de piedras preciosas. Si bien, nos podemos valer de las esmeraldas colombianas que promovieron más la violencia que un bienestar común al igual que los llamados “diamantes de sangre” africanos para sustentar esta tesis, pero la realidad es que éstos se pueden considerar como las ovejas negras de un rebaño muy variado que llega a tener numerosos y grandes ejemplos de explotación de un recurso natural de manera rentable y sustentable.

Es precisamente una de las características de las gemas la que ayuda a una producción limpia y en un marco de respeto con la naturaleza: su rareza; ya que se encuentran en pocas cantidades y en lugares muy específicos, no requiere de una minería intensiva o de intervención de grandes áreas de terreno. Sin embargo, el caso del diamante es muy particular hasta en este aspecto respecto a las demás gemas; éste puede considerarse la sustancia gemológica que más promueve la transformación programada y organizada de grandes zonas para su obtención, igualmente y sobre todo por estar en países con bajo desarrollo ayudado con explotaciones con poco o nulo soporte técnico y tecnológico, promueve al igual que otra gemas de gran valor comercial como los zafiros, rubíes y otros, no sólo una explotación desorganizada e informal, sino sobre todo, no sustentable y no rentable.

Debido a la necesidad de obtener materiales gemológicos óptimos para la lapidación (cristales enteros, lo más grandes posibles) la explotación se realiza con la mínima intervención de maquinaria pesada o explosivos, lo que lleva a la utilización de mucha mano de obra; y en esto nos recuerdan al llamado “oro verde”, por lo que no estaría de más llamar a las piedras preciosas obtenidas de esta forma: “gemas verdes”; más allá de querer forzadamente limpiar nuestra conciencia (por ser un amantes de la gemas), hay que reconocer y ser plenamente consciente que toda extracción de un recurso natural conlleva una intervención y en ocasiones una transformación tanto del lugar de la explotación hasta unos cuantos cientos de kilómetros a la redonda del yacimiento gemológico.

La obtención de gemas de manera sustentable y rentable es posible; la utopía es hacer primar el bien y bienestar común sobre los intereses económicos de grandes empresas, multinacionales, de los grupos o sectores sociales principales productoras de piedras preciosas no solo a nivel industrial, sino también de formas y métodos poco éticos para estos tiempos en nuestra Civilización desarrollada sobre el planeta Tierra, al que acertadamente llamamos Nuestro Hogar. Irracional (y muchos otros calificativos) podemos considerar la conducta humana que destruye la salud de la Pacha Mama y con ello el bienestar propio, sólo para obtener objetos de carácter suntuario con valor económico en ocasiones apreciable, pero aún así, completamente innecesarios para nuestra supervivencia.

En esta disyuntiva de carácter ético se encuentra nuestra Especie desde el momento mismo que empezamos a desarrollar herramientas y otros utensilios en la Prehistoria, pues para tal fin, es necesario la extracción de recursos de la Naturaleza: rocas (obsidianas, pedernales: puntas de flechas y cuchillos), minerales (hierro, cobre, plata, oro), arcillas, barros, entre otros, necesarios o requeridos culturalmente.

La cuestión no es si se extrae o no recursos de la naturaleza, sino el modo y el para qué lo realizamos; por ello nos vemos gratamente sorprendidos cuando nos enteramos de hechos actuales como la paralización de la explotación de una mina de diamantes en Angola por encontrarse en ella un patrimonio paleontológico (huellas de dinosaurios) que debe ser estudiado, registrado y conservado. Por el estilo son las intervenciones gubernamentales o no para evitar el trabajo infantil y la destrucción del Medio Ambiente, llevando no sólo un desarrollo y bienestar común, sino también a la obtención de piedras preciosas “amigables con la Naturaleza” y éticamente aceptables para nuestros tiempos.

Caso aparte de toda esta problemática socio-económica planteada en los párrafos anteriores, nos ofrecen algunas gemas como el llamado “marfil vegetal” o tagua, cuya producción ha llevado a comunidades ecuatorianas ha obtener recursos económicos al tiempo que cuidan el medio ambiente conservando y sembrando las palmeras que las producen; considerándose prácticamente como una gema producida totalmente de manera sustentable y rentable.
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