Nanopartículas para saber cómo combatir el cáncer




Aunque el avance de los tratamientos frente al cáncer es indudable, todavía en muchos casos se trabaja siguiendo el esquema de prueba y error. Esto podría cambiar radicalmente en menos de diez años, según ha adelantado el investigador del MIT y padre de la nanotecnología Robert Langer, que acaba de participar en un encuentro sobre terapias innovadoras en oncología organizado por la Fundación Ramón Areces en Madrid. El hallazgo, en fase de desarrollo, consiste en una nanopartícula de apenas ocho micras que está compuesta por entre 30 y 50 pocillos en los que se disponen cantidades mínimas de los medicamentos que los oncólogos sospechan que podrían funcionar en un determinado tipo de tumor.

"No sé si es lo que llegará antes a la práctica clínica, pero si es lo más nuevo en lo que estamos trabajando", explica a EL MUNDO Langer. El proyecto tiene, además, un componente español, ya que se va a probar en pacientes del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, bajo la supervisión del oncólogo José Baselga, que ha definido la idea de "revolucionaria".

La nanopartícula se insertaría bajo la piel, en un procedimiento tan sencillo como una biopsia y viajaría hasta el tumor, para volver después al lugar de la inserción, donde volvería a ser extraída e insertada en una máquina que "leería" la respuesta del tumor a los distintos fármacos. "Es como hacer un antibiograma del tumor", explica entusiasmado Baselga, también participante en el encuentro.

Ensayos clínicos en marcha

La ventaja de este procedimiento que, según Langer, podría estar en la práctica clínica en "entre cinco y diez años" sería que se evitaría probar los fármacos con sus dosis completas y su consecuente toxicidad. El dispositivo, además, serviría para todo tipo de tratamientos oncológicos, desde los biológicos hasta la quimioterapia.

Además de adelantar este futurible, Langer comentó que otros avances nanotecnológicos están a punto de poder ser utilizados por los pacientes de cáncer. En concreto, mencionó los de dos empresas biotecnológicas: la compañía Bind Therapeutics, que tiene ensayos en fase II de una nanoparticula, acurina, que destina un fármaco ya conocido, el docetaxel, a un antígeno específico del cáncer de próstata, para casos avanzados de la enfermedad. La otra empresa, Alnylam, está probando en fase III unas nanopartículas con una carga muy especial: fármacos que se dirigen a las señales del ARN. Aunque no se están ensayando en cáncer, sino en enfermedades más raras como la amiloidosis, el potencial de esta aproximación se prevé muy amplio.

El investigador estadounidense también habló de la repercusión práctica del desarrollo de estos nanofármacos, algunos de los cuáles ya están en la práctica clínica -por ejemplo, para el tratamiento del glioma, un tumor cerebral de mal pronóstico-. Así, Langer señaló que una de las principales ventajas, además de poder controlar la dosis y el lugar de liberación, es reducir la toxicidad y efectos secundarios asociados tradicionalmente a este tipo de tratamientos