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Nietzsche y los arios.¿Nietzsche nordicista? Posiblemente no



En numerosas obras y ocasiones se refiere Nietzsche a los arios, a la colectividad de los arios. Así en el contexto de una investigación etimológica sobre los conceptos de bueno y de malo dice:  


«Con el latín malus [malo] (a su lado yo pongo μέλας ) acaso se caracterizaba al hombre vulgar en cuanto hombre de piel oscura, y sobre todo en cuanto hombre de cabellos negros (hic niger est [este es negro]-), en cuanto habitante preario del suelo italiano, el cual por el color era por lo que más claramente se distinguía de la raza rubia, es decir, de la raza aria de los conquistadores, que se habían convertido en los dueños».

Genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, pág. 42.


     


Pero, ¿a qué se refería Nietzsche al decir ario? ¿Manejaba un significado depurado y mantenido del concepto? En esta cita identifica con claridad ario con algún grupo racial, cuyo color de cabello rubio parece ser lo más evidente. Y las evocaciones aquí a la expansión indoeuropea son claras. Pero, por lo demás, la sentencia hic niger est pertenece a Horacio (Sátiras, Libro I, sátira cuarta, verso 85) y a un momento de la historia romana en el que la presencia de negros en la ciudad de Roma o en Italia no era en absoluto inusual. Hic niger est significa éste es negro, no éste tiene los cabellos negros. En la sátira en cuestión sirve para calificar la actitud de alguien poco leal en la amistad.




Desde luego la identificación sugerida a continuación entre ario y noble no debe ser pasada por alto. En un celebérrimo pasaje de la obra arriba citada “reconoce” aparentemente la identidad entre la nobleza y las razas rubias (y es ésta la primera ocasión en que la expresión bestia rubia aparece en la obra nietzscheana):

     


«Resulta imposible no reconocer, a la base de todas estas razas nobles, el animal de rapiña, la magnífica bestia rubia, que vagabundea codiciosa de botín y de victoria»

Genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, pág. 55.


     
Y a continuación:


     
«Se puede tener todo derecho a no librarse del temor a la bestia rubia que habita en el fondo de todas las razas nobles y a mantenerse en guardia».


Genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, pág. 57.


     
Puede pensarse que o bien bestia rubia se refiere a pueblos rubios o bien es un vocablo que utiliza Nietzsche para describir una actitud depredadora y conquistadora (eso sí, evocando los desplazamientos históricos de pueblos germánicos). Esta segunda interpretación queda reforzada a la luz del siguiente fragmento, en la misma obra pero bastantes páginas más adelante:

     


«He utilizado la palabra “Estado”: ya se entiende a quién me refiero – una horda cualquiera de rubios animales de presa, una raza de conquistadores y de señores, que organizados para la guerra, y dotados de la fuerza de organizar, coloca sin escrúpulo alguno sus terribles zarpas sobre una población tal vez tremendamente superior en número, pero todavía informe, todavía errabunda».

Genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, pág. 111.





     


En una parte de Crepúsculo de los ídolos, dedicado a analizar y criticar el “mejoramiento” de los hombres emprendido por el cristianismo, entendido por Nietzsche como doma, aparece nuevamente la construcción bestia rubia, esta vez entrecomillada:

     


«En la Alta Edad Media, cuando de hecho la Iglesia era ante todo una casa de fieras, se daba caza en todas partes a los más bellos ejemplares de la “bestia rubia”, -se mejoró, por ejemplo, a los aristócratas germanos».

Crepúsculo de los ídolos. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2004, pág.78.


     


Vemos aquí como en la primera parte de la proposición la identificación entre bestia rubia y alguna raza en particular se debilita; Bestia rubiadescribe aquí una aptitud indómita, de afirmación de la vida y de la voluntad de poder. Pero en la segunda parte de la frase, en el ejemplo, la identificación se fortalece. No obstante, las comillas nos disuaden de una lectura literal.

     
En una obra muy anterior, El nacimiento de la tragedia, analizando elPrometeo de Esquilo dice Nietzsche:

     
«La leyenda de Prometeo es posesión originaria de la comunidad entera de los pueblos arios y documento de su aptitud para lo trágico y profundo, más aún, no sería inverosímil que ese mito tuviese para el ser ario el mismo significado característico que el mito del pecado original tiene para el ser semítico, y que entre ambos mitos existiese un grado de parentesco igual al que existe entre hermano y hermana».


El nacimiento de la tragedia. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, pág.96.


    


En este fragmento está presente la idea de ario como definitoria de una amplia comunidad de pueblos. Pueblos que tienen una visión, una Weltanschauung, una concepción general del mundo, característica; se llega a hablar de una visión aria, de una concepción aria:

     
«es éste un pensamiento áspero, que, por la dignidad que confiere al sacrilegio, contrasta extrañamente con el mito semítico del pecado original, en el cual se considera como origen del mal la curiosidad, el engaño mentiroso, la facilidad para dejarse seducir (…) Lo que distingue a la visión aria es la idea sublime del pecado activo como virtud genuinamente prometeica (…) Y así los arios conciben el sacrilegio como un varón, y los semitas el pecado como una mujer, de igual manera que es el varón el que comete el primer sacrilegio y la mujer la que comete el primer pecado».


El nacimiento de la tragedia. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, pág.96-97.


     
De estos pasajes se desprende una caracterización de lo ario como conformante de una comunidad y, tendencialmente, de una comunidad amplia compuesta por distintos pueblos. También se la opone a la comunidad de pueblos semitas, los cuales vendrían caracterizados por una cosmovisión muy distinta.

     
Nuevamente en Crepúsculo de los ídolos hace unas interesantes consideraciones en este sentido. Tratando del significado del Código de Manú y oponiéndolo a los Evangelios dice:


     
«Estas disposiciones son bastantes instructivas: en ellas tenemos, por un lado, la humanidad aria, totalmente pura, totalmente originaria, - aprendemos que el concepto “sangre pura” es la antítesis de un concepto banal. Por otra parte, se hace claro cuál es el pueblo en el que el odio, el odio de los chandalas contra esa “humanidad”, se ha perpetuado, dónde se ha convertido en religión, dónde se ha convertido en genio… Desde este punto de vista los Evangelios son un documento de primer rango; y más lo es el libro de Henoch. - El cristianismo, brotado de la raíz judía y sólo comprensible como planta propia de ese terreno, representa el movimiento opuesto a toda moral de la cría, de la raza, del privilegio: - es la religión antiaria par excellence: el cristianismo, transvaloración de todos los valores arios, victoria de los valores chandalas».


Crepúsculo de los ídolos. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2004, págs. 80-81.


     


Nueva descripción de lo ario como una comunidad, y como una comunidad dotada de valores característicos, de los que el Código de Manú podría ser un exponente y de los que el cristianismo, nacido del judaísmo (y aparece aquí otra vez la oposición antes señalada en lo ario y lo semita) representaría una antítesis. Es evidente también que la idea de comunidad aria como amplio grupo racial y no circunscrito a los “rubios” cobra fuerza en este pasaje.



     
El hecho es que si alguien pretendiera tomar a Nietzsche en sentido literal, dar valor al discurso nietzscheano sobre el asunto para dar valor al propio discurso de ese alguien mediante una cita de Nietzsche y, a la vez, defender alguna suerte de programa nordicista, se encontraría con problemas casi irresolubles:


     
«La profunda, glacial desconfianza que el alemán continúa inspirando también ahora tan pronto como llega al poder – representa aún un rebrote de aquel terror inextinguible con el que durante siglos contempló Europa el furor de la rubia bestia germánica (aunque entre los antiguos germanos y nosotros los alemanes apenas subsista ya afinidad conceptual alguna y menos aún un parentesco de sangre)».


Genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2005, pág. 55-56.


     




Para que nadie desespere, decir que es posible que este fragmento se entienda sólo teniendo en cuenta la particularísima y compleja relación de Nietzsche con lo alemán. Esta relación queda muy clara en un capítulo deCrepúsculo de los ídolos, “Lo que los alemanes están perdiendo”, (Crepúsculo de los ídolos. Friedrich Nietzsche. Alianza, Madrid, 2004, págs. 83-90) y, más aún, en Ecce Homo.

     
Tampoco la interpretación es libre y cualquier hipótesis interpretativa o hermenéutica que se lance debe estar fundamentada o no valdrá nada. Pero, igualmente, no es de recibo aplicar la hermenéutica a unas citas porque nos interesa hacerlo así para nuestro propósito y no aplicarla a otras porque tal y como están nos vienen muy bien. O, lo que es más habitual, sólo citar aquello que, sin necesidad de interpretación, nos interesa y ocultar el resto.




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