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[Nos mienten] Los transgénicos no son una creación humana







En contra de lo que se creía hasta ahora, los cultivos transgénicos no son una creación humana. Según los resultados de un trabajo publicado este año 2015 en la revista Proceeding of the National Academy of Science of the United States of America (PNAS), la variedad Huachano de la batata contiene, de forma natural, material genético procedente de la bacteria Agrobacterium, usada biotecnológicamente para insertar nuevos genes en plantas y desarrollar variedades transgénicas.

Si bien, las aplicaciones Biotecnológicas en Agricultura se basan en el uso de procesos que tienen lugar en la naturaleza para obtener una mejora tecnológica, el uso de cultivos transgénicos ha sido un intenso y polémico debate entre sus partidarios y sus detractores.

Fue en el 1994 cuando los transgénicos saltaron por primera vez al mercado, al aprobarse en EEUU la comercialización de una variedad transgénica de tomate que tenía una maduración retardada, el FlavrSavr™ (de la multinacional Monsanto).

La producción de plantas transgénicas se realiza utilizando la capacidad de las bacterias fitopatógenas del género Agrobacterium de transferir fragmentos de su ADN, conocidos como “transfer DNA” (T-DNA), al genoma de la planta para producir la infección. Actualmente, estos genes de las Agrobacterias, responsables de producir la enfermedad en la planta, son sustituidos en el laboratorio por otros genes de interés agronómico. Seguidamente, las Agrobacterias modificadas se emplean para infectar a la planta que comenzará a expresar, junto con sus propios genes, el gen con el que ha sido transformada.

Según los datos publicados por los investigadores responsables de este estudio, en el que participaron instituciones de Perú, Estados Unidos, China y Bélgica, la secuenciación del genoma de la variedad de batata Huachano ha revelado varias secuencias de T-DNA procedente Agrobacterias. Los autores de este trabajo, dirigido por el investigador del Centro Internacional de la Papa de Perú, Jan F. Kreuze, comprobaron que las secuencias de T-DNA no están presentes en las variedades de batata cultivadas evolutivamente más próximas a las variedades silvestres de las que proceden originalmente. De acuerdo a estos resultados, los investigadores del estudio indican que el T-DNA aportado por la bacteria confirió determinados rasgos a la batata, que fueron seleccionados por el ser humano a lo largo del tiempo de domesticación de esta planta.

Tras el hallazgo de esta variedad de batata transgénica producida de forma espontánea en la naturaleza, el conflicto entre los grupos a favor y los grupos opositores de los transgénicos se reabre, al cuestionar si es correcta la calificación de “antinaturales” con la que se estos cultivos son etiquetados.


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