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[Nos mienten] Por qué no estamos en el año 2015



Por qué no estamos en el año 2015


Casi todo el mundo piensa que vive en el año 2015. Pero ¿es realmente así? Y al margen de ello, ¿cuál sería el mejor punto de partida para contar los años?



Dicen que la curiosidad es algo propio de los seres humanos, pero lo cierto es que no estamos predispuestos a poner en duda cualquier cosa que nos garantice una estabilidad mental de agradecer y que nos ayuda a espantar la incertidumbre de la vida, sea verdadera, falsa o poco más que una convención social establecida no se sabe cuándo. El hecho de que vivamos en un año o en otro es una de esas convenciones, una pica clavada en la inmensidad del tiempo que nos fija en un ridículo instante de la historia del cosmos y nos libra del vértigo de esa inmensidad. Pero ¿nos encontramos realmente en el año que dicen los calendarios?

La forma de medir el tiempo en Occidente

Es el poder desde donde se decretan las cosas, y en los años del dominio romano, la medida del tiempo en el Occidente conocido era, por lo general, la fecha de la fundación de Roma, en el 753 antes de Cristo, con la coletilla de “ab urbe condita” o “a. u. c.”. El calendario de Rómulo tenía 10 meses, como antes los calendarios lunares particulares, por ejemplo, de Lavinia tenían 13 o el de Alba Longa otra decena. El de Rómulo, también lunar, era de marzo a diciembre, con un tiempo muerto en el que no había trabajos de agricultura ni campañas militares y que era consagrado parcialmente a rituales de purificación antes del ciclo nuevo. Y fue Numa Pompilio, segundo rey de Roma, quien añadió los meses de enero y febrero y, para tratar de arreglar el desfase que siempre había existido en los calendarios lunares respecto al ciclo solar, otros dos meses cada cuatro años, los intercalares o mercedonios.



Este calendario juliano, llamado así en honor del propio Julio César, entró en vigor en el 46 a. C., es decir, el 707 a. u. c. Sin embargo, los pontífices romanos, o sea, los principales sacerdotes de la religión de la antigua Roma, decidieron sólo dos años más tarde fijar el bisiesto cada tres, con lo que, si bien César Augusto trató de arreglar el desfase resultante en el 8 d. C., eliminando el bisiesto durante 36 años. Y con todo este embrollo, en el 1582 d. C. se habían acumulado unos 10 días de desfase, lo cual fue corregido con el calendario gregoriano, promulgado por el papa Gregorio XIII, y el 11 de septiembre de ese año se transformó en el 21, y con él son bisiestos los años múltiplos de cuatro excepto si terminan en dos ceros.



Este calendario es el que utilizamos en la actualidad. Su uso se fue extendiendo paulatinamente, y el último país en adoptarlo fue Grecia, nada más y nada menos que en 1923. No obstante, de todos modos, el año del calendario gregoriano es 26 segundos más largo que el astronómico, por lo que hay un día de diferencia cada 3.323 años que habrá que corregir en su momento, igual que lo que influya en ello la desaceleración de la Tierra en sus movimientos de rotación y traslación debido a la influencia de la Luna sobre nuestro planeta.



Una pequeña muesca en el tiempo

Fue al gran Carl Sagan a quien se le ocurrió la brillante idea de elaborar un calendario cósmico para hacernos entender lo insignificantes que somos en la escala de tiempo universal, por no hablar del vertiginoso espacio-tiempo. Fue para su maravillosa serie documental Cosmos: A Personal Voyage (1980), y es una idea que Ann Druyan, guionista de la original, y Steven Soter recuperaron para Cosmos: A Space-Time Odyssey (2014), presentada por el astrofísico y divulgador científico Neil deGrasse Tyson. Este calendario divide los 13.800 millones de años de edad aproximada que se ha calculado que tiene el Universo entre los 365 días del calendario astronómico, con el Big Bang en el primer segundo del 1 de enero, y la actualidad, en el último del 31 de diciembre, dando como resultado que la humanidad apareció unos diez minutos antes de que acabara el último día del año, es decir, que nuestra especie lleva en la existencia un tiempo ridículo.





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