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¿Podría el universo ser una simulación?





Simulación muy simplificada de un universo en miniatura, realizada en 2006, que muestra las zonas con mayor concentración de materia oscura, más propensas a formar galaxias.


Aclaración: nadie ha demostrado (o siquiera aportado pruebas sólidas de) que vivimos en una simulación, simplemente el planteamiento usado para evaluar una idea. .


¿Para qué querría alguien simular un universo? ¿Qué ganaría con ello?


Supongamos que una civilización llega al punto en su historia en el que su tecnología es tan avanzada que es capaz de simular un universo entero, a nivel de átomos, desde galaxias enteras hasta y las entidades conscientes que lo habitan. Esta civilización podría, por poner algunos ejemplos:

– Evaluar qué consecuencias tendrían las decisiones que afecten al futuro de toda la sociedad y así decidir cuál es la mejor política a seguir.

– Estudiar con detalle los efectos podría tener un virus a largo plazo en la población y qué medidas tomar.

– Conocer la influencia de una tecnología en el entorno (el medio ambiente, el espacio o donde sea que vivan) y prevenir posibles catástrofes o incluso su propia “autoextinción”.

Además, las simulaciones no sólo servirían para mejorar su futuro, sino que también podrían usar la tecnología para simular el pasado de su universo  y así estudiar su propia historia con gran detalle.

¿Y cómo podemos saber si formamos parte de una de estas simulaciones?

No tenemos manera de saber si nuestro universo es o no una simulación, pero podemos plantear varias hipótesis para analizar la cuestión.
Partiendo de la base que a una hipotética civilización avanzada le beneficiaría esta tecnología y hará lo posible por desarrollarla, podemos dividir su futuro en tres situaciones básicas:

1) La civilización nunca llega a desarrollar una tecnología suficientemente avanzada como para simular universos alternativos.

2) La civilización llega a desarrollar esa tecnología, pero opta por no simular nuevas realidades, ya sea por motivos morales (la crueldad de tener confinados a un montón de entes conscientes en una realidad artificial y cerrada) o simplemente por falta de interés.

3) La civilización llega a desarrollar esta tecnología y la usa sin remordimientos.


El primer caso ocurriría si la simulación de universos enteros require una tecnología tan avanzada que cualquier civilización se extingue antes de llegar a alcanzarla. A lo mejor, incluso, esta tecnología es imposible. En este supuesto, tendríamos la certeza de que no somos residuos perdidos en algún rincón de un universo simulado por el ordenador de una civilización extremadamente avanzada.

En el segundo caso, la tecnología resulta moralmente tan sobrecogedora que ninguna civilización la utiliza o, llegados a ese punto de su evolución tecnológica, la civilización cuenta con otras herramientas más poderosas para obtener la información que quieren y simular un universo no les resulta una idea atractiva. En este contexto tampoco viviríamos en una simulación.
Pero si las dos primeras opciones no son aplicables a civilizaciones avanzadas, la tecnología es posible y al menos una de ellas la desarrolla (y no tiene reparos en utilizarla), ésta civilización podría simular tantas realidades alternativas como quisiera. Teniendo en cuenta los usos que se le pueden dar a esta tecnología, seguramente crearían un número muy grande de universos en los que poder estudiar los efectos de sus decisiones o su propio pasado.

Entonces, si la tercera opción es correcta, existirían tantas realidades simuladas que sería mucho más probable que vivamos en una de ellas que en el único universo “físico”.

¿Hay alguna prueba que respalde esto?


El planteamiento expuesto se llama el argumento de simulación (que no la hipótesis de simulación, que aparece sólo en el caso de que la tercera opción sea la cierta) e intenta ser mucho más un ejercicio mental que de una prueba de nada.

Volviendo al tema en sí, aunque viviéramos de verdad en una simulación nos sería imposible distinguir nuestro universo virtual de uno real.


El creador del argumento de simulación, el filósofo Nick Bostrom, explica en esta entrevista que hay gente que le manda e-mails diciendo que ha encontrado fallos en la realidad que concuerdan con la hipótesis de que vivimos en un universo simulado. Por ejemplo, cita a un tipo que decía haber visto su espejo dividido en píxeles. El propio Bostrom no se toma en serio estas historias ya que, una vez te obsesionas con una idea, la mente te puede jugar malas pasadas.
Además, como él dice, cabe esperar que una civilización que quisiera simular un universo procuraría hacer lo posible para que los habitantes de esa realidad artificial no se dieran cuenta de que no son entes “reales”, ya que eso afectaría negativamente a los resultados de la simulación. La simulación tendría la menor cantidad de fallos posible y, si aún así se produjera algún error de vez en cuando, posiblemente contendría algún código capaz de detectarlo y borrarlo de la memoria de los testigos.

Si queremos saber si nuestro universo es o no una simulación, lo único que podemos hacer intentar desarrollar tecnología necesaria para simular un universo. De nuestro éxito (o fracaso) dependería cuál de los 3 enunciados expuestos por Bostrom es correcto, aunque nunca podríamos comprobar definitivamente su veracidad de todas maneras.

Con esto quiero decir que si, por ejemplo, nuestra tecnología siguiera avanzando (y la humanidad no se extinguiera) y llegáramos a desarrollar ordenadores capaces de simular universos enteros, entonces significaría que la tecnología es posible y nada impediría que otra civilización la hubiera descubierto “antes” que nosotros y, de hecho, ya formáramos parte de su simulación. Pero, claro, aún así no podríamos comprobarlo.



¿Cómo de cerca estamos de simular universos habitados por seres pensantes?

Hace casi cuatro meses, un equipo de investigadores anunciaba que había conseguido la simulación del universo más precisa hasta la fecha.
Según los expertos, esta simulación ha mostrado la evolución de un universo metido en un cubo 350 millones de años luz de lado durante 13.000 millones de años (desde 12 millones de años después del Big Bang, pasando por los procesos de fusión nuclear que dan lugar a elementos más pesados, hasta la formación de galaxias) y el resultado final es algo muy parecido a lo que observamos hoy en día a nuestro alrededor.


Zoom-in de la simulación, centrado en el cúmulo de materia oscura más denso obtenido.


Aunque resulte un hito impresionante para la computación actual, está aún muy lejos de la capacidad necesaria para simular un universo completo y habitado.
El universo observable tiene  un diámetro de 46.000 millones de años luz y está formado por “trocitos” de espacio de 1,6*10^-35 metros (o, lo que es lo mismo, 0,000000000000000000000000000000000016 metros).
En cambio, esta simulación contiene un total de 12.000 millones de píxeles, lo que significa que sus componentes más pequeños son cubos de poco más de un año luz de diámetro. O sea, que los ladrillos que componen esta simulación son 50 órdenes de magnitud más grandes que los nuestros.
Aún nos queda muchísimo camino por recorrer (si es que el camino existe) hasta simular universos con sistemas solares, planetas, lunas, asteroides, bacterias y seres conscientes. Mientras tanto, atentos por si en sus espejos aparece esto:







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