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¿Por qué duele tanto una patada en los testículos?






Las mujeres no nos entienden a los hombres, un simple amago y ya nos cubrimos. Con ver que patean a otro, ya nos afecta. Si bien para la mayoría puede llegar a ser muy divertido ver a un hombre revolcándose en el suelo por una simple patada a la entrepierna, por algo son tan populares esos videos en youtube. Ahora, ¿qué tiene que ver esto con la evolución? Nuestros testículos, como sucede en gran parte de los mamíferos, cuelgan fuera del cuerpo dentro de una bolsita llamada escroto, no están dentro del cuerpo, como en otros animales. Lo que resulta realmente molesto, si lo pensamos, porque están expuestos a ser golpeados, y duele mucho si esto sucede, pero claro, que duela y que cuelguen, tiene una explicación.

Para una mujer sería impensable preguntarse por qué los ovarios no descienden y emergen del cuerpo femenino en un saco de piel delgado y desprotegido. Sin embargo es la situación de los testículos masculinos, y no están allí colgando como para llamar la atención, como el caso de las plumas de un pavo real, sino por una razón fisiológica más importante, ya que dada la desventaja de tener el potencial genético reproductivo en una bolsita desprotegida colgando fuera del cuerpo no sería muy adaptativo que sólo se tratase de un adorno.



cubriéndose los testículos La explicación más aceptada por los científicos es que los testículos, los productores y almacenadores de espermas, necesitan de una temperatura inferior a la que tendrían dentro del cuerpo, es decir requieren la brisita refrescante que reciben al estar ahí colgando, al menos cuando andamos desnudos, ya que desde que el ser humano inventó la ropa, suele cubrirlos, al grado de que los slips están generando problemas de fertilidad en los hombre actuales.

La piel del escroto es delgada para promover la disipación del calor, e incluso las arterias que llevan sangre a la bolsita de piel están posicionadas de forma adyacente a las venas que se llevan la sangre, lo que también sirve como un mecanismo de enfriado o calentado, dependiendo de la necesidad. Por ello, la temperatura típica del escroto es entre 2 y 3 grados menor que la del resto del cuerpo, ya que la formación del esperma es más eficiente a unos 34 grados centígrados. El esperma es extremadamente sensible al menos cambio de temperatura. Así que, la alta temperatura suele significar la muerte para los espermatozoides, excepto durante el sexo, cuando resulta adaptativo que el esperma tenga una alta temperatura para fomentar su movilidad, por lo que suelen tener una tolerancia de entre 1 y 4 horas a una temperatura alta.

Pero claro, tampoco necesitan mucho frío, razón por la cual se meten dentro del cuerpo cuando la temperatura ambiente es muy baja. También suelen mandarse para adentro durante la excitación sexual, para prepararse, así ya empiezan a movilizarse y salen bien vivarachos cuando sube por el tracto femenino en busca de un óvulo que fertilizar. Esto, aparte del hecho de que deben protegerse contra un posible golpe contra el cuerpo femenino.

Ahora, ¿y qué pasa con lo doloroso de una patada allí abajo? Un golpe en los testículos no sólo es doloroso, es un dolor inusualmente agudo. Todos los hombres tenemos alguna historia sobre un golpe, tal vez de pequeños, que nos ha enseñado a proteger a toda costa esa zona. El que seamos tan vigilantes de la seguridad de esa zona, tiene una explicación evolutiva. Con sólo mencionar una anécdota en que alguien recibió un golpe, alcanza para que cualquier hombre sufra un poco. Esto refleja la vulnerabilidad de los testículos, una vulnerabilidad que resulta beneficiosa por lo que contamos antes, por lo que la evolución ha favorecido adaptaciones que nos vuelven super protectores de esa parte de nuestra anatomía tan expuesta e importante. Es que si no fuese así, quedaríamos fuera del pool genético de nuestro grupo.

Nosotros los humanos somos los últimos sobrevivientes del grupo de primates que comenzaron a caminar erectos hace unos seis millones de años, por lo que tenemos la bolsita del dolor más expuesta que cualquier otro mamífero, así que la evolución fue favoreciendo mutaciones que volviesen más sensible al dolor esa zona, e incluso en nuestra conducta instintiva nos ha vuelto sobreprotectores de nuestros testículos.
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