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Por que el color de las aguas de algunos rios no se mezcla?


El proceso de unificación de dos ríos es relativamente simple. Un tributario muere a la orilla del caudal principal y deposita todas sus aguas, arrastradas durante centenares de kilómetros, en el río más grande. Las aguas se juntan en feliz compañía y la naturaleza sigue su curso. No suelen ser hechos destacables. Pero en ocasiones sí que lo son. Es entonces cuando un río choca frontalmente contra otro y no hay fusión visual, no se convierten en uno de forma indistinguible. Sus colores se mantienen separados y corren en paralelo durante kilómetros.



El fenómeno es relativamente ubicuo a lo largo de los continentes y es posible identificarlo incluso en algunos océanos. El más célebre, quizá, sea el del Río Negro y el Amazonas, en Brasil, cerca de la gigantesca capital del caucho que es Manaos. Allí el tributario del más caudaloso del mundo entrega sus aguas negras al lodoso acauce del Amazonas, pero lo hace sin mezclarlas, manteniéndolas apartadas y dibujando una frontera visual y física alucinante.



Aguas negras: ahora con menos minerales


Imagen: NASA.

A la izquierda, el río Negro, el río de aguas negras más largo del mundo. Sus aguas no son técnicamente negras, sino un tanto más ordinarias (marrones). Lo que le da el toque oscuro y un tanto siniestro es la altísima concentración de ácidos húmicos. El río Negro nace en los macizos al norte de la selva del Amazonas, en zonas de carácter pantanoso, selvático y pobres en nutrientes. Arrastran gran cantidad de materia orgánica, pero pocos minerales.

En resumen, son ríos pobres en diversidad, poco aptos para el desarrollo de fauna y flora dado su carácter ácido y escaso en nutrientes. Tienen un PH más bajo, también muy poca conductividad, concentraciones iónicas más altas y, por norma general, menos especies de casi todas las clases de animales que el resto de ríos. La mayor parte de las aguas negras del mundo se encuentran en la cuenca del Amazonas, pero se reparten por todo el mundo.


A la izquierda, un vaso con agua del río Negro. A la derecha, un vaso con agua del río Amazonas.

Ya sabemos que hay ríos de aguas negras y ríos de aguas claras, y que en algún momento pueden llegar a encontrarse los unos con los otros. Pero eso sigue sin explicar por qué sus distintos colores no se mezclan al modo de una paleta. A priori, la intuición nos dice que el color del nuevo Amazonas tras recibir sus aguas del río Negro debería ser una mezcla de ambas tonalidades. Sin embargo, caminan juntos, no se mezclan. ¿Por qué?



La temperatura: la clave del espectáculo

Porque no es tan sencillo como juntar amarillo y azul y obtener el verde. El motivo por el que cuando un río de aguas negras se topa con uno de aguas claras se forma una evidente frontera visual tiene más que ver con la temperatura de ambos ríos que con su carácter químico divergente.

Mientras el primero fluye plácidamente a alrededor de 28º C de temperatura, a una velocidad de dos kilómetros por hora, el segundo lo hace a 22º C y más rápido, a seis kilómetros por hora. El Amazonas nace en las altitudes andinas del Perú y arrastra una gran cantidad de sedimentos, mientras que el Negro pasa la mayor parte de su vida en la calidez tropical de la selva amazónica, a resguardo de bajas temperaturas.


Y así durante seis kilómetros.

Es un elemento clave, porque la temperatura define la gran diferencia de densidad entre unas aguas y otras. El secreto reside ahí, en realidad: al tratarse de dos masas con diferentes propiedades minerales y con un grado de densidad muy distinto, su mezcla inmediata se hace muy compleja. Por eso, el río Negro y el Solimões caminan juntos y en paralelo durante más de seis kilómetros, hasta que finalmente sí se fusionan. La cuenca del Amazonas, de proporciones y riqueza mastodónticas, ofrece estas estampas de forma común.



También pasa en (algunos) mares y océanos

No se trata de dos masas de agua chocando las unas contra los otras, sino de un fenómeno particular que se produce entre la costa del sur de Alaska y el inmenso Golfo de Alaska, en el Pacífico Norte. 

Los glaciares de Alaska se deshielan durante el verano, y a menudo liberan toda suerte de materiales. Los materiales del glaciar en descomposición son arrastrados por pequeñas corrientes circulares hacia el interior del golfo. Al tener una salinidad y densidad distinta, forman, al igual que el río Negro, la barrera de la foto.



El proceso es parecido al narrado con anterioridad. En última instancia, ambas masas de agua se terminan fundiendo en el interior del Golfo de Alaska. Las imágenes son alucinantes, por supuesto. Para vuestro deleite, aquí van otras de otros ríos:


El río Colorado y el río Verde, en Estados Unidos.



El río Bhagirathi y el Alaknanda, en la India.


Los ríos Thomson y Frasier, en la Columbia canadiense.


El Mosela desembocando en el Rin, en Coblenza, Alemania.


El Morava desembocando en el Danubio, cerca de Bratislava.


El Ródano y el Arve en Ginebra.


El encuentro del Inn, el Danubio y el Ilz, cada uno con un color distinto, en Passau, Alemania.

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