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¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando corremos?



Correr es uno de los ejercicios físicos más exigentes para nuestro cuerpo. Ya sea por entrenar para una maratón, para bajar de peso o simplemente por placer, correr es de los ejercicios más habituales entre los deportistas. Esto es, en parte, porque se puede realizar en casi cualquier lado y no requiere un equipamiento sofisticado, como otros deportes.

Ahora bien, ¿alguna vez te has preguntado qué pasa realmente dentro de tu cuerpo cuando corres? Vamos a averiguarlo…

Cuando comienza el ejercicio

Al inicio del ejercicio, nuestro cuerpo comienza a necesitar energía extra. Para conseguirla, las células liberan el adenosín trifosfato -ATP por sus siglas en inglés- que es la molécula de soporte de energía. Al liberar energía, rápidamente pierde un fosfato y se convierte en adenosín difosfato o ADP, que es otra molécula, también fundamental para alcanzar y mantener los niveles de energía necesarios.

Durante los primeros dos a tres minutos

Los primeros minutos de ejercicio pueden parecer los más relajados, pero para nuestras células es uno de los momentos de mayor actividad.

El organismo necesita más energía para distribuir el oxígeno más rápido. Para producir más ATP, las células comienzan a descomponer el glucógeno, que es el principal responsable de almacenar glucosa, y a utilizar la que está presente en la sangre.

Además el ADP producido no es suficiente y comienza el proceso inverso: transformar el ADP en ATP nuevamente. Este proceso provoca la liberación de ácido láctico. El ácido láctico es el responsable de la sensación de calor y ardor en nuestros músculos.

Luego de algunos minutos

Nuestros músculos comienzan a necesitar más y más oxígeno, es por ello que comenzamos a respirar cada vez más rápido. La temperatura corporal comienza a elevarse y las glándulas sudorípadas nos hacen transpirar para evitar el sobrecalientamiento. El sistema circulatorio envía más sangre hacia nuestra piel para mantenernos frescos y comenzamos a ponernos rojos.

Es en éste momento del entrenamiento que comenzamos a quemar calorías. Al correr, se estima qie quemamos alrededor de 100 calorías cada 1,6 km.

¡Felicitaciones! Si pasas los 10 minutos y logras mantenerte en pie, es porque tu corazón y tus piernas son relativamente fuertes. En este caso, podrás seguir corriendo varios minutos más.

Si no tienes un buen estado físico, luego de los 10 minutos (si es que llegas) comenzarás a sentirte pesado y débil. La producción de ácido láctico se elevará demasiado, sentirás tanto calor y estarás tan agotado que dejarás de correr. Y seguramente sea la decisión correcta, ya que si tus músculos no responden adecuadamente por falta de oxígeno y puedes tener un grave accidente.

¿Cuándo debes parar?

Debes parar de correr gradualmente, nunca de golpe. De lo contrario, tu flujo de sangre no se estabilizará normalmente y puedes dañar tu corazón. Es importante no llegar al agotamiento total para evitar lesiones en los músculos y las articulaciones.

Lo ideal es que el entrenamiento esté dirigido por un profesional que te indique la sesión apropiada para ti. De no ser así, lo mejor es que lleves un control regular de cuánto corres cada vez que lo haces.

Así podrás determinar cuánto más debes correr la próxima vez, sólo algunos minutos más que la anterior. Esto es importante para mejorar tu entrenamiento y tu estado físico, sin poner en peligro a tu cuerpo.

Cuando terminas de correr

Cuando termines de correr te sentirás de buen humor y con mucha energía. Difícil de creer, ¿no? Esto sucede gracias a que nuestro cerebro libera dos sustancias para contrarrestar el estrés al que nos sometemos cuando hacemos ejercicio.

Por un lado libera una proteína llamada Factor neurotrófico derivado del cerebro, conocida como BDNF por sus siglas en inglés. Este elemento protege y repara nuestras neuronas de la memoria. Es por esto que más allá del cansancio físico, luego de ejercitarnos un rato nos sentimos alerta y despiertos. Por otro lado, también hay una liberación de endorfinas: neurotransmisores que utiliza nuestro cerebro para neutralizar y calmar el estrés y el dolor físico generado por el ejercicio.

Estas dos sustancias no se liberan sólo durante el ejercicio físico, otras actividades cotidianas como ingerir alimentos demasiado picantes o mantener relaciones sexuales. Lo interesante es que son sustancias adictivas, tan adictivas como algunas drogas. Por lo tanto, con algunas actividades podemos activar nuestro propio -y gratuito- narcótico.

Además de necesario, gracias a éstas sustancias , realizar ejercicio es placentero.

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