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¿Seríamos capaces de terraformar Marte?



Los ímprobos problemas para terraformar Marte


Un Marte azul.

Estoy seguro de que ya habrás visto algún que otro documental o trabajo en el que se muestran los pasos a seguir para terraformar Marte, una idea que, dejando de lado las consideraciones éticas y su potencial para las obras de ciencia ficción, es de por sí muy complicada.

Primero deberíamos entender la expresión “terraformación” en todo su contexto. Para empezar, estamos hablando de lo que se ha venido a llamar geo-ingeniería o ingeniería a niveles globales, y si de por sí una carrera de ingeniería es complicada, elevar el trabajo hasta una escala global parece algo casi irrealizable.

La terraformación pasa por modificar el entorno de un planeta para que sea parecido al que disfrutamos en el nuestro, hablo de presión atmosférica, de temperatura, de gravedad y de magnetismo. Y está claro que dos de estos cuatro puntos jamás podremos cambiarlos en el planeta rojo. La gravedad es la que hay y el núcleo del planeta que proporcionaba ese campo magnético global se enfrió hace ya demasiado tiempo. De esta forma, tan sólo podríamos intentar cambiar la densidad y la composición de su atmósfera para adecuarla a nuestras necesidades.


Este proceso se me antoja demasiado duro.

En la atmosfera terrestre, además de encontrar el oxigeno que necesitamos para respirar, también hallamos uno de los mejores escudos contra la radiación, tanto solar como cósmica, así que si hablamos de terraformar la atmósfera del planeta rojo, estaríamos hablando de que esta alcance unas características similares a la terrestre.

Para ello deberíamos dar el primer paso y aumentar la densidad de su atmosfera, la presión atmosférica marciana ronda en la actualidad el uno por ciento de la atmósfera terrestre. Aun así, si miramos a nuestro alrededor, parece lógico pensar que podríamos hacerlo si pensamos en nuestros actuales “logros”, hemos logrado cambiar nuestro entorno y provocar que los gases liberados por nuestra actividad industrial aumenten la temperatura media del planeta, pero ¿a qué precio?


¿Esto queremos hacer en Marte?

En múltiples ocasiones se han mostrado en películas de ciencia ficción una especie de “generadores de atmósfera” capaces de liberar decenas de miles de toneladas de gases de efecto invernadero, estos estarían destinados al aumento de la densidad de dicha atmósfera. Pero además también tienen la capacidad de retener el calor del Sol, lo que permitiría aumentar la temperatura media del planeta. Este aumento de temperaturas podría ahorrarnos mucho trabajo, gracias sobre todo a que Marte alberga grandes cantidades de CO2 encerrado en sus casquetes polares, el aumento de unos pocos grados provocaría que estos se liberasen a la atmósfera, aumentando tanto la densidad atmosférica como la temperatura.


Ahí tenemos las fábricas de gases invernadero.

Pero hay serios problemas con esta idea, el primero que encontraríamos es que ese aire no sería respirable, aunque bueno, podríamos pensar que al introducir en el entorno algas y plantas que nos solucionen ese problema. Pero esta es una solución a muy largo plazo, es posible que la atmosfera marciana no alcanzase unos niveles respirables hasta dentro de varios siglos de comenzar a trabajar en este arduo proyecto, quizás incluso milenios.

Pero ¿Por qué tanto interés en aumentar la densidad de la atmosfera marciana? Bueno, no es porque su atmósfera sea irrespirable, sino porque la vida necesita la presencia de agua líquida. A menor presión, menor temperatura necesitamos para que hierva el agua, por ejemplo, en la cima del Everest apenas necesitamos alcanzar los 50ºC para que hierva el agua. Pero la cima del pico más alto del mundo apenas está por encima de los 8.000 metros, y la presión atmosférica marciana es como si alcanzásemos una altitud de unos 80 kilómetros. En Marte, cuando llega el verano, el hielo de agua se sublima, convirtiéndose en gas sin pasar por el estado líquido. Y esto mismo le pasaría al agua de nuestros cuerpos, herviría y se evaporaría de forma inmediata ¿no parece ser una imagen agradable verdad?


No, esa atmósfera es demasiado delgada.

Aunque quizás el mayor de los inconvenientes lo encontremos precisamente en los dos puntos que no podemos cambiar, la gravedad del planeta y su campo magnético global.

La densidad de la atmósfera de un planeta, sea el planeta que sea, depende principalmente de la gravedad. A mayor gravedad, mayor cantidad de gases será capaz de retener y mayor será la densidad de su atmosfera. Pero la gravedad marciana es de apenas una sexta parte la gravedad terrestre, es decir, podríamos aumentar de forma artificial la densidad de esa atmósfera marciana, pero el planeta jamás tendrá la capacidad para retenerla, todos nuestros esfuerzos se perderían de forma continuada en el espacio.


Algo así pasaría con la atmósfera marciana, diluyéndose en el espacio por la escasa gravedad.

Pero el campo magnético también juega su papel, este evita que los intensos vientos solares que azotan el Sistema Solar arranquen está cubierta gaseosa, pero Marte carece de él, quizás algún día muy lejano seamos capaces de volver a reactivar la actividad del núcleo marciano como ocurre en la película “El Núcleo”, pero la verdad es que fundir el núcleo de hierro de todo un planeta parece algo casi irrealizable.


Lamentablemente, lo que consiguió esta valiente tripulación no me lo creo.


Ahí está, el campo magnético que ayuda a nuestra atmósfera a quedarse y no salir disparada al espacio, y el núcleo que crea ese campo.

Pero dejando de lado la tarea de la ingeniería global, también entran en juego otras cuestiones. La primera de ella es lógicamente nuestra moralidad: ¿tenemos derecho a transformar un planeta por el mero hecho de querer hacerlo? Bueno, el problema es que también entra en juego la supervivencia de la humanidad a largo plazo, y aunque Marte fuese una vez un mundo con un alto potencial para la vida, en la actualidad no es más que un planeta muerto. Vale que quizás podríamos encontrar bajo su helada superficie, microorganismos cuyos descendientes estén destinados a conquistar la galaxia, pero estamos hablando de la conquista del cosmos por parte de la humanidad, no de microorganismos. Y si hablamos de evolución biológica, de la supervivencia del más fuerte.


¿Tenemos derecho a hacer esto?

Aun así, hay otro serio problema con el que ya estamos acostumbrados, la falta de fondos y el escaso interés político. Como he señalado, lograr transformar la atmósfera marciana, aparte de un trabajo poco menos que inútil, sería una labor de varios siglos, dudo mucho que un país o un organismo internacional se plantease emprender esta tarea a sabiendas de que ningún ser humano que comenzase el trabajo lo vería concluido. Sería más fácil construir naves para viajar a otras estrellas que plantear la idea de terraformar Marte.


Estos se demoran mucho en escoger el color de las casas que van a construir en Marte, mejor me largo.

Por otro lado, hay sectores que piensan que en lugar de terraformar por completo un planeta, deberíamos ver nuestro objetivo como dos metas separadas: alterar el entorno de ese mundo por un lado, y utilizar ingeniería genética en nuestros descendientes para que se adapten mejor al nuevo medio ambiente. Pero en este caso tendríamos que enfrentarnos a otra pregunta mucho más compleja: Cuando abandonemos la Tierra, ¿dejaremos de ser humanos?


Tal vez lo que plantea Frederic Pohl en su magnífica "Homo Plus" sea lo más factible.


Para finalizar, dejo este chiste como reflexión:



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