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Un Cacho de Cultura: Ozymandias Y El Poder Absoluto.

"El poder Corrompe y El poder Absoluto Corrompe Absolutamente."

Hoy les traigo una pequeña reflexión para empezar la semana y porque no, para empezar el año. El poder absoluto y la forma en que destruye a quienes intentan alcanzarlo a sido una vertiente floreciente de la literatura desde siempre. La ruina y tragedia de los poderosos siempre a sido del agrado que aquellos que padecieron la tiranía.

La leyenda de Icaro intentando alcanzar el Sol, símbolo absoluto del Conocimiento y del Poder, a sido rescatada del olvido recientemente por una mandataria cuyo nombre no mencionare y simboliza el riesgo que significa intentar adquirir el poder absoluto.




Pero existe una tragedia aun mayor, y es la caída del tirano una vez que posee dicho poder. Quienes algunas tuvieron en sus manos el poder absoluto, descubren con espanto que dicho poder no es eterno y entran en una seria crisis cuando este poder se dirige hacia su inevitable final.

Piensen en todos esos lideres políticos, lideres religiosos, lideres militares, que de una u otra forma lograron imponer su voluntad absoluta e incuestionable a sus oprimidos pueblos. Piensen en quienes, escudándose en el poder que dio la democracia en una caprichosa elección salpicada por el miedo, el populismo y el fraude. O quienes mediante las armas o aludiendo a la furia divina se arrogaron para si el derecho de dirigir las vidas de los hombres.

Piensen ahora en su inevitable caída.





Ozymandias era un alias de Ramsés el Grande, faraón de la decimonovena dinastía del antiguo Egipto. El apodo viene de una transliteración griega de Ramsés hecha durante su reinado (User-maat-re Setep-en-re). El soneto parafrasea la inscripción en la base de una estatua, dado por Diodoro Sículo en su Bibliotheca historica, como "Rey de reyes soy yo, Osymandias. Si alguien quiere saber cuán grande soy y donde yazco, que supere alguna de mis obras"

El tema central del poema de "Ozymandias" que pueden leer a continuación es la inevitable decadencia de todos los líderes y de los imperios que estos construyen sin importar cuan poderosos fueron en su tiempo.



















Conocí a un viajero de una tierra antigua

que dijo: «dos enormes piernas pétreas, sin su tronco

se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,

semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño

y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,

cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones

las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,

a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.

Y en el pedestal se leen estas palabras:

"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:

¡Contemplad mis obras, poderosos, y perded la esperanza!"

Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia

de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas

se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas»








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