Popular channels

Algo más que un DT

Mohamed echó raíces en Santa Fe y Colón lo considera vital en el proyecto. Los resultados siempre condicionan en el fútbol, pero éste es un caso que provoca sorpresa en la prensa nacional.

Por Enrique Cruz (h)

Se conocen las circunstancias en las que llegó Mohamed a Colón. Se sabe cómo estaba el club y cuáles eran sus expectativas. Venía de ascender a Huracán, el club de sus amores, y todavía soportaba —soporta— en carne viva la temprana partida de su hijo. No estaba en el país y no tenía planes ciertos de dirigir en el corto plazo. Colón estaba mal, muy mal. No tenía ni la solidez deportiva ni mucho menos la firmeza institucional de hoy. La anterior comisión había pasado por una crisis y el equipo se estaba yendo al descenso. Ni Falcioni ni Astrada le habían encontrado la vuelta a una situación de decaimiento deportivo preocupante. No era una parada fácil. Más bien, una encrucijada a la que muchos técnicos buscan escaparle si no tienen algunas certezas.

Muchas veces, el Turco reveló que cuando recibió el llamado de Lerche dijo que sí, que aceptaba la propuesta, sin pensarlo muy seriamente. Fue una “patriada”. Y después de un tibio empate con Gimnasia, en Santa Fe, llegó una actuación sorprendente ante Independiente, casualmente en la cancha de Racing, donde el viernes gritó victoria después de 148 días.

Este preámbulo no es más que poner en escena una situación muy especial que pocos entienden fuera del “mundo Colón”. Antonio Mohamed no será “eternamente” entrenador de Colón, pero como pocos —o nadie— en el fútbol argentino, goza de una vigencia y de una estabilidad impropia para los tiempos endemoniados en que se vive.

El viernes a la siesta, estando en Buenos Aires y después de haber conversado en plena peatonal Florida con Lerche y Eusebio, los dirigentes de Colón, observaba una entrevista que le hacían, primero, al presidente rojinegro, y luego al Turco Mohamed por Estudio Fútbol. Los colegas apuntaban a la continuidad del técnico. Estando Lerche al aire, girando alrededor de los casi cinco meses y 10 partidos sin ganar. Y cuando le tocó el turno al Turco, preguntándole por qué se quedaba y hasta dándole a entender que se había “equivocado” por no irse al final del torneo anterior.

¿Por qué no entender el proceso de Colón y de Mohamed?, ¿por qué no aceptar que un club, de una buena vez, decidió apostar en serio a un proceso a largo plazo?

Pues esto que no se entiende muy bien o que no se acepta porque pareciera ser que basta una racha negativa para liquidar cualquier “proyecto” (muchas veces posible por la fragilidad de los dirigentes, permeables a cualquier tipo de presión), Colón lo hace por convicción.

Es lógico que a la convicción la respaldaron los resultados. El Turco estaba en descenso directo cuando llegó, lo salvó, lo llevó al club a estar entre los primeros 6 ó 7 promedios y lo clasificó para la Copa Libertadores. Se hicieron dos ventas que superaron a la de Carignano (Prediger y Bertoglio), más una decena larga de chicos que debutaron en primera y que profundizan el proyecto de inferiores en el que todos se embarcan en Colón (desde el presidente hasta el último de los vocales y el propio entrenador de primera).

Pero además de todo esto, el Turco se sumó a la familia de Colón. No viví aquella época de cerca, pero me cuentan mis mayores de la identificación que alguna vez alcanzó el Gitano Juárez con el club, por ejemplo. Y pienso en que Mohamed tiene algo de aquella mística del hombre que —muchos lo reconocen— le “enseñó” el camino al Flaco Menotti (esto es una broma, por supuesto).

No iba a ser una decisión fácil para los dirigentes y por eso el presidente fue claro con Mohamed hace una semana, cuando Lerche lo convocó a su oficina y se suscitó este diálogo:

Mohamed: —Presidente, decime si yo soy el problema, y me voy...
Lerche: —¿Vos querés saber qué pensamos los dirigentes?
Mohamed: —¡Por favor!
Lerche: —Que tenés que seguir trabajando tranquilo porque no te vamos a echar.

Mohamed se arraigó a esta tierra. Santa Fe y Colón significan mucho para él. Va a ver los partidos de inferiores, habla con los técnicos de las inferiores, se muestra permeable a dialogar, a aceptar críticas o sugerencias y a involucrarse en el proyecto deportivo. Le hizo regalos a los chicos de las inferiores, fue a dar charlas en distintos ámbitos y sabe que, detrás de su responsabilidad de entrenador del plantel profesional, hay todo un proceso de crecimiento que lo ha llevado, a Mohamed, a decirle a la prensa nacional que “Colón es un club modelo”.

Mohamed es algo más que un técnico y su trabajo va un poco más allá del ocasional resultado del fin de semana. La exigencia no es ni nuestra ni de la gente, es la que él mismo se impuso. Por eso, se había “autoemplazado” la semana pasada, cuando dijo que “si me voy, será de local” (quería hacerlo de frente a la gente). Los jugadores captaron el mensaje y se “mataron” por él.

Ante la prensa porteña, Mohamed volvió a decirle a toda la Argentina que “Colón va a salir campeón” y reiteró una vieja frase suya: “Me daría mucha lástima si esto se da sin que yo lo pueda disfrutar desde adentro del club”. Por eso, decidió quedarse y apostar a dos años más de trabajo. No es un caso común en el fútbol argentino, el de su permanencia. Por eso, Mohamed es algo más que un técnico para Colón.
0
0
0
0No comments yet