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Hegel para incautos

(lo acabo de postear..lo pongo aca tambien por si me lo cierran)

Hegel para incautos: la Presidente Cristina Fernández y su dialéctica, definida bajo los parámetros de Problema-Reacción-Solución

De cómo el Gobierno Nacional fogonea violencia e inflación para consolidar su eslogan de campaña "Nosotros o el caos".
El inocultable cinismo que reclama "poner fin al enfrentamiento entre argentinos". Un paradigma que solo hace honor a la administración del miedo y la amenaza.

En un discurso brindado hace poco más de dos años, la Presidente de la Nación se autodefinía como "hegeliana".




Sin necesidad de inmiscuírnos en cuestiones abundantemente complejas que hacen a la teoría, baste recordar que el filósofo nacido en la ciudad alemana de Stuttgart pasó a la historia merced a su propia interpretación de la dialéctica, fundamentada en los parámetros tesis, antítesis y síntesis.
Los personeros de la Señora solo consiguieron transformarlo todo en tinieblas: dejaron traslucir que ella prefería renegar de las prerrogativas "exclusivistas" o "elitistas" de la filosofía de Martin Heidegger, para aferrarse a la "inclusión" que supo proponer el pensador germano Georg Wilhelm Friedrich Hegel.


(Básicamente, el término Tesis se refiere a una situación inicial, la cual da origen a una reacción, la Antítesis. La tensión entre las dos queda resuelta mediante la Síntesis, que combina elementos de tanto la Tesis como la Antítesis)



La dialéctica de Hegel transita desde la abstracción "tesis-antítesis-síntesis" hacia el formato "problema-reacción-solución", entendido -con ejemplos de aplicación válida para nuestra realidad social- de la siguiente manera:



* Problema: inseguridad (actuación de "barras bravas", crecimiento de la delincuencia común e incremento de las actividades del crimen organizado)




*Reacción: reclamo ciudadano (manifestaciones, creación de ONGs, etc.)







* Solución: gerenciamiento y regulación programada de la violencia mediante el "goteo" de la misma, pero evitando atacar la esencia del problema (utilización y aprovechamiento de bandas armadas para tal o cual escenario geográfico y/o político, confiscación previamente planificada de cargamentos de drogas ilegales, captura de delincuentes comunes para sindicarlos falsamente como responsables de grandes operatorias, saturación de calles y avenidas con agentes de policía o provenientes de otras fuerzas)



























A tal efecto, vaya una importante aclaración: la variable problema -en el esquema hegeliano- conlleva la construcción, alimentación y fogoneo de la misma. De tal suerte que es la propia dinámica del poder quien la manufactura y administra.


Ilustremos, pues, otro ejemplo, igualmente acorde con la realidad argentina actual:


* Problema: inflación





* Reacción: reclamo ciudadano








* Solución: monitoreo estatal de la producción y distribución de productos esenciales, implementación de políticas de "precios máximos", otorgamiento desprolijo de subsidios, aumento de cargas impositivas o penalidades pecuniarias en perjuicio de empresas e industrias -justificadas a partir de supuestos "desabastecimientos" programados por el management-













Esta concepción teórico-práctica del poder se complementa -como claramente se observa hoy- con mecanismos de propaganda que sinergizan con los objetivos de la agenda del gobierno.
Propaganda sobre la que se imprimen fuertes rasgos de corte ideológico que, en virtud de su poderoso componente apelativo y emocional, opera eficientemente a la hora de señalar o "escrachar" al enemigo del "modelo" o sistema.








A posteriori se comprueba, una contradicción evidente entre discurso oficial y modus operandi "puertas adentro": en tanto la nomenclatura (élite o "mesa chica" del poder) se moviliza bajo una prerrogativa hegeliana y concentra el esfuerzo para obtener beneficios económicoso de cualquier otra índole, el mensaje hacia afuera coincide primariamente con otro de corte puramente marxista, en donde se propone que el "proletariado" ["trabajadores" y "luchadores sociales"] debe apropiarse de los medios de producción por la fuerza (toma de fábricas, abuso del paro y, más tarde, construcción de cooperativas y su respectivo gerenciamiento).
















Más allá del poco disimulado intento por conjuntar hegelianismo y marxismo, asoma un subproducto -derivado del primero-: la necesidad de control. Discurso, propaganda y medios de comunicación afines echan mano de los peores temores de la sociedad, con el propósito, en este caso, de obtener una victoria electoral que sirva para consolidar y solidificar el programa de marras.




























El mensaje definitivo cobra vigor, muy a pesar de la declamación de la Presidente de la Nación en el sentido de que se impone "terminar con el enfrentamiento entre argentinos". En su óptica, ella no lo alimenta; antes bien, esa meta coincide con los objetivos de opositores políticos "golpistas", indomables industriales y ruralistas, Fuerzas Armadas y de Seguridad, el conglomerado mediático privado de corte corporativo y una porción de la ciudadanía que se atreve a expresar su descontento. En virtud de las misteriosas "coincidencias" de estos jugadores sociales a la hora de manifestarse, alza la voz el aparato de propaganda oficial, que explota aquel supuesto timing para uniformar un criterio acusatorio: son "destituyentes" y operan organizadamente.






Para cualesquiera de estos escenarios, la postulación del "Nosotros o el caos" remite -ya ni siquiera soterradamente- a un corolario: "Nosotros debemos ganar las elecciones porque, de lo contrario, cualquier otro aspirante logrará que todo estalle. Y la consecuencia será varias veces peor que con nuestra gente en el poder". La amenaza descubierta llegará, por último, al ciudadano promedio que se apresta a emitir su voto. Pero ya ha derribado las puertas de los opositores políticos que lograron imponerse en elecciones locales frente a aspirantes del propio gobierno: estas personas, aparentemente victoriosas en sus comicios, son notificados -de la peor manera- respecto de la conveniencia de apoyar al oficialismo. La pena será de ejecución inmediata: la asfixia financiera del distrito y la subsecuente desintegración del tejido societario en esa geografía.


El mecanismo de ahorcamiento de la casi totalidad de las provincias del denominado "interior" del país ha sido el objetivo primigenio de Néstor Carlos Kirchner en vida. Una arista fundamental para garantizar la construcción del poder político a futuro. Cristina Fernández cosecha hoy esos beneficios, al tiempo que el "modelo" ha trabajado con idéntica y envidiable eficiencia para cooptar de manera clandestina a encumbrados rivales de la oposición.








Precisamente, la dialéctica hegeliana conlleva el control absoluto de todos los participantes del escenario, de tal suerte que -aún cuando lo disimulen- su labor se fusione con los objetivos del poder central. El Estado opera con los modos de un maquiavélico titiritero y, de tanto en tanto, se preocupa por refrendar la falsa ilusión de competencia.



















Cuando una persona se percibe atosigada por una serie inacabable de amenazas, abandona todo raciocinio y su capacidad de análisis se ve neutralizada: reacciona como lo haría un animal. O termina basándose, sencillamente, en su instinto de conservación.




Aniquilar al individuo para subvertirlo psicológicamente y reducirlo a un insignificante engranaje dentro de una gigantesca maquinaria es la meta definitiva del promocionado "Cristina ya ganó". La primera mandataria -cabeza visible del cristinismo- exige y demanda reducir a las personas a autómatas que reaccionen solo como respuesta a mecanismos pavlovianos.

















Por Matías E. Ruiz, Editor.
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