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Sudamérica tiembla ante una devaluacion argentina

Por A.M. Freyed

Frente a los problemas en el comercio exterior que vienen sucediendo desde noviembre de 2011 en Argentina, a los países de Sudamerica les viene el recuerdo de los sucesos del 2001.

A partir de 1998, y en forma cada vez más acentuada hasta el estallido de la convertibilidad, los sectores dominantes se movían con un desfavorable contexto internacional y una fuerte caída en la tasa de ganancia que afectará al conjunto de las fracciones dominantes internas (ello, por múltiples razones: la declinación o el estancamiento de sus ventas por efecto de la crisis económica, las crecientes dificultades para continuar con la “bicicleta financiera” y para exportar, etc.). En ese marco, se abrió nuevamente un escenario de disputas dentro de los sectores dominantes, el cual pivoteó fundamentalmente alrededor de las características que tendría que asumir un “cambio en el modelo económico”. Fue cuando Duhalde, nombrado nuevo presidente de la Argentina, culpó a las politicas del libre mercado en la década de los 90s como las causantes del caos social. En ese contexto, el viernes 4 de enero de 2002, Duhalde solicitaba al Congreso la aprobación de un proyecto, para reformar el mercado de divisas y el sistema bancario, regular los precios de bienes y servicios, "proteger" el valor de los depósitos bancarios de los ahorristas (NP: ocurrió lo contrario), y garantizar a los deudores un salvataje para que no fueran a la quiebra.

Mientras el Congreso se preparaba para actuar ante las directivas del Poder Ejecutivo, muchos argentinos se acurrucaron bajo una lluvia torrencial fuera de los bancos, preguntándose se alguna vez recuperarían los depósitos. Las farmacias se quedaron sin medicamentos como la insulina, y los comercios empezaron a aumentar los precios para protegerse contra una devaluación que signficaría una reducción en el ingreso efectivo para millones de personas (Reuters - 2002).

No han llegado todavía a los medios de comunicación occidentales, sin embargo muchos elementos del pasado vuelven a repetirse, y es entonces cuando el fantasma de la devaluación argentina vuelve a tomar fuerza. Es una posibilidad real, como si nunca hubiese ocurrido antes.

La última devaluación tuvo lugar hace más de 10 años. No fue bueno en aquel entonces. Tampoco lo será ahora. Podría causar un daño político significativo, ademas de una crisis monetaria.

Y sin embargo puede llevarse a cabo. La confiscación de Repsol YPF fue mucho más que una acción populista prevista por politicos astutos. Era una acción calculada desde el punto de vista económico. Y la devaluación tambien lo sería.

Pero esta manera de lidiar con la mala gestión monetaria, usando el mecanismo de la devaluación, una moneda vale menos, y por ende todos pierden dinero. En las devaluaciones, todo el mundo se ve afectado.

Por lo tanto, si tienen pesos argentinos, tengan cuidado. Argentina no es un país pequeño, y de hecho, una vez constituyó uno de los más ricos de la región. Pero eso fue hace mucho tiempo. Ahora, luego de una década nuevamente está tambaleándose ante una crisis política y económica.

Primero viene la inflación - que Argentina arrastra desde hace 5 años - y luego viene la devaluación, que sería de un efecto terrible para la Argentina y los países vecinos. Este problema no esta siendo mencionado en el extranjero. Hasta el momento es sólo para los diarios, revistas y analistas locales.

Según el INDEC, Argentina tiene una inflación entre el cinco por ciento y el doce por ciento. Sin embargo, estas estadísticas son discutibles, ese fue el motivo por el cual la revista The Economist ha dejado de usar los números argentinos, calificándolos de engañosos.

Ya existe una inflación de precios signficativa, y ante esta perspectiva muchos argentinos cambiarían los pesos por dólares, si pudieran.

El inconveniente es que hay pocos dólares en Argentina. Por decisión de CFK se nacionalizó la compañía petrolera más grande de la Argentina. Y según se informó, esta movida no tenía nada que ver con una necesidad desesperada de dólares.

Argentina no tiene mucho oro, tampoco. Eso ya fue saqueado por gobiernos anteriores. Entonces, si bien la Argentina no tiene dólares, tiene petróleo y con eso podría conseguir los dólares necesarios. Pero esto no resulta suficiente. La politica clientelista, obliga al gobierno a aumentar la emisión monetaria. También aumentó la presión impositiva para obtener recursos.

Los que están en Argentina y en los países vecinos, ya han visto este escenario antes. Tarde o temprano, la Argentina deberá devaluar. La última vez que sucedió, los argentinos perdieron sus ahorros, y el daño siguió creciendo a partir de allí.

También hubo tensión con el FMI (en el 2002). Y ahora otra vez vuelve a suceder. Recientemente el FMI cerró sus oficinas en Argentina, ya sea como una protesta o también como signo de preocupación, ante la crisis económica, que tarde o temprano se producirá. Recordemos que tanto Argentina, como Brasil cancelaron su deuda con el FMI en el 2005.

Argentina no era exactamente una historia de éxito en la primera década del siglo XXI, pero había regresado de una de sus peores catástrofes monetarias. Lo triste del caso, es que las lecciones no fueron aprendidas.

El populismo que comenzó con el peronismo sigue siendo evidente. Esto proporcionó el esquema cultural para el saqueo de cajas gubernamentales, y la historia vuelve a repetirse cíclicamente.


¿La devaluación argentina sacudirá al mundo?

Tan pronto como la devaluación fue considerada como posible, una fuga de capitales se llevó a cabo en la Argentina. Durante más de un año y medio, se consumieron las dos terceras partes de las reservas de divisas del país. No tenía grandes consecuencias redistributivas ... Muchos contratos de argentinos habían sido pactados en pesos, ya que el régimen de convertibilidad no eliminó la moneda local ... Esto condujo a un sinfín de violaciones de contratos que dejaron una mancha perdurable en el ambiente de inversión (The Economist).

Es lógico que la escena final de la devaluación argentina, podría sacudir al mundo. Esto no es algo que está siendo ampliamente difundido en la prensa occidental, pero lo será, sin duda, si una devaluación empieza a parecer inminente.

Argentina devaluó su moneda por última vez hace una década y en el proceso crecieron las economías de la mayor parte de América Latina, incluyendo al gigante Brasil. Hoy en día, está de moda decir que la Argentina es un país mucho menos poderoso y que las consecuencias serán menos onerosos que hace una década. Brasil afirma que está desvinculándose de la economía argentina y que Chile tiene una gran cantidad de socios comerciales occidentales.

Pero esto no puede ser así. Por un lado, los argentinos han depositado su dinero en los bancos uruguayos durante la última década, que prefieren evitar los que están en su país de origen. Ellos también tienen sus dólares en el exterior en lugar del peso argentino poco fiable.

La última vez que Argentina devaluó, el primer impacto lo sufrieon las cuentas de ahorro de los argentinos promedio. La clase media se vio muy afectada, primero por la congelación de dichas cuentas y luego por una conversión forzada a pesos (si los depósitos estaban en dólares). Una vez que la conversión fue implementada, el peso se devaluó a la mitad (NP: en realidad la devaluación fue de un 200 %).

Para colmo de males, se implementó un corralito a las cuentas bancarias. Esto significaba que la gente sólo podía sacar cantidades relativamente insignificantes de dinero por vez. Los que mantienen importantes sumas de dinero para la jubilación, básicamente, descubrieron que sus ahorros eran prácticamente inútiles.

Y así, con el tiempo, el dinero emigró a los bancos uruguayos. Si hay una devaluación, Argentina tratará de repatriar a sus dólares y esto seguramente haría temblar el sistema bancario uruguayo. A su vez, esto tendría un efecto sobre otros depositantes de todo América del Sur que también se han colocado importantes sumas de dinero en Uruguay, sobre todo brasileños y mexicanos.

Chile no se vería directamente afectados, pues siempre hay tensión entre Chile y Argentina sobre temas diversos (fronterizos entre otros). Con la tensión económica viene a menudo la tensión militar, y estas tensiones rara vez son buenos para los inversores o las economías.

La inflación de precios es alta, tanto en Uruguay como Brasil (NP: consideran como alta una inflación mayor al 5 %, o sea que 25 % de Argentina.....). Una devaluación en la Argentina probablemente tendría el efecto de pinchar la burbuja inmobiliaria que ambos países promueven. En Uruguay los precios de las tierras han explotado de manera positiva. Una vez que la burbuja se pincha, las economías caen.

Uruguay es un país pequeño y de por sí un desplome de su economía impactaría muy poco. Sin embargo, Brasil es un país BRIC top y cercano a la economía China y uno de sus más grandes socios comerciales.

Si la corriente de bonanza económica de Brasil se derrumba, las consecuencias para China podrían ser graves. Después de haber perdido Europa y América como destinos de consumo, gran parte de la infraestructura industrial de China se ha mantenido a flote en parte por el comercio con los BRIC y con América del Sur en general, donde las economías crecían.

Sin embargo, la propia China está experimentando conflictos políticos debido a las tensiones económicas y el efecto Brasil no haría sino aumentar las dificultades que tiene para continuar obteniendo ganancias económicas. Es muy probable, que la economía china sea alcanzada por la misma reacción en cadena que afectaría a la propia América del Sur.

China ha sido resistente a la corriente económica descendente que sacude al mundo. Pero si tambalea China, junto con América del Sur, el barrido de las economías más grandes del mundo será completo. China, Europa y los EE.UU. fueron las tres patas del pilar en el que la economía mundial se asentó. Un default argentino puede eliminar el tramo final de ese pilar.

Este escenario sería sin duda un desastre para la mayoría, pero no para las élites superiores que probablemente traten de crear un gobierno mundial más amplio. Los poderes de turno que buscan una mayor centralización, puede recibir el tipo de material de catástrofe económica, está empezando a tomar forma. De hecho, la connivencia de élite puede haber ayudado a causarlo.

Ciertamente, en las economías centrales del mundo, los bancos son propicios a este tipo de auge y caída. Y con cada caída, el poder y las riquezas mundiales se hacen cada vez más concentradas. El mundo en general, ahora está en una curva descendente, luego del auge sostenido durante el siglo XX. El quiebre tiene todavía un largo camino por recorrer. Una devaluación argentina podría ser el siguiente paso en este escenario de desapalancamiento de la economía mundial.


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