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Fragmento, propio.

(...) Fragmento
Por Nicolas Pedrucci



Sentí aquella sensación cuando bajamos una escalera y hay uno escalón menos del que creemos, aquella sacudida en la cabeza me despertó, me había quedado dormido en el sillón, con el diario en la cara, que comenzaba a mojarse ligeramente de saliva, el olor a tinta me hacia doler la garganta, a unos metros me llegaban las voces de mi mujer y una de sus amigas, arpías o “arpigas” como me gusta llamarlas, hablaban de mi, de cómo me podía quedar dormido ahí, de por qué no me despertaba e iba a la cama, déjalo así decía mi mujer, es lo mismo dormido que despierto y así por lo menos no molesta, rieron, sus voces era decorativas, conscientemente vacías, voces que se enrollaban sobre sus cuellos como una bufanda de palabras sin sentido.
Intente imaginar los rasgos de la amiga por su voz, no era difícil, pelo rubio seguramente, cejas negras, ojos oscuros e insomnes o podía ser claros e hinchados por dormir demasiado o por los medicamentos, fumaria aquellos largos cigarros de manera teatral, sus manos estarían seguramente secas, sobre todo sus dedos, la piel desquebrajada, inacariciable, se llamaría Juana o María, pero sobre seguro se hace llamar Juanita o Mary, con Auto propio, regalado por su marido, un buen auto pero no tan bueno como el de su esposo, un auto rojo o violeta, que hacen juego con sus uñas y su bolso
Reían, como solo pueden hacerlo las mujeres, una risa insoportable, que corta el aire, que se quedan prendidas en el techo y luego bajan vertical hasta tu cabeza
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