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A 19 años de la patada voladora de Eric Cantona

El 25 de enero de 1995, Éric Cantona pasaba a la historia por algo más que su enorme talento: una patada voladora a un hincha de Crystal Palace que lo había insultado.




El fútbol a veces es injusto. Un hecho conflictivo pasa a la historia con mayor facilidad que los años de goles y talento. Y cuando alguien piensa en Éric Cantona, rápidamente aparece en la memoria aquella mítica patada en el estadio de Crystal Palace dirigida a un hincha que lo insultó, de la que se cumplen 19 años.

El 25 de enero, Manchester United visitaba Selhust Park. Llegaba segundo en la Premier League a dos puntos de Blackburn Rovers, líder hasta el momento y finalmente campeón en una definición para el infarto. Pero el hecho más importante de la temporada pasaría esa noche.

Tampoco importaría que el partido termine 1 a 1, con goles de Southgate para el local y de David May para los Red Devils. En el minuto 61, el astro francés comenzó un forcejeo con Richard Shaw, con quien ya se había cruzado en la primera mitad y tras un golpe, el árbitro le mostró la roja. Cantona se retiraba hacia el banco de suplentes, donde lo esperaba Sir Alex Ferguson, pero un grito recurrente lo hizo cambiar de opinión.

"Fuck off, you motherfucking French bastard", escuchó. Matthew Simmons, un joven de 20 años, bajó por la tribuna y comenzó a insultar al número 7 del United, que modificó su camino y tras no poder ser contenido por un compañero, saltó por encima de los carteles de publicidad con una patada que impactó en el hincha de las Águilas.




Aquel acto de violencia le costó muy caro a The King: cuatro meses de suspesión del club que finalmente se transformaron en ocho por disposición de la FA, dos semanas de prisión que fueron intercambiadas por 120 horas de servicio comunitario y, como consecuencia más grave, el comienzo del fin de su carrera cuando aún tenía 28 años.

Cantona nunca fue el mismo. Si bien no había tenido una destacada actuación en la Selección de Francia, al punto de haber sido desafectado de la Euro 88 por insultar al técnico Henri Michel, sumado a no clasificarse al Mundial 94 cuando compartía delantera con Jean-Pierre Papin, fue excluido de los planes para la Euro 96 y, para no "romper la armonía del grupo", Aimé Jacquet lo descartó para el Mundial 98, que finalmente ganarían Les Bleus en su propio país.

Para Simmons, el hincha agredido pero a la vez acusado de racista, la vida no fue fácil. Recibió permanentes amenazas, perdió su trabajo, parte de su familia dejó de hablarle, le cancelaron su abono al estadio, fue acusado de un robo y, como si fuera poco y aunque parezca irrisorio, fue condenado a la cárcel por golpear al técnico del equipo de su hijo.

Y quizás lo más triste de la historia, como se dijo al principio, es que la historia del fútbol lo recuerda por este ataque al hincha y no por haber sido un delantero fantástico, ídolo total de Manchester United y símbolo de la década del 90 con el cuello de su camiseta 7 levantada. De todas formas, con dos frases sentenció todo lo que ocurrió ese 25 de enero de 1995:

"Las gaviotas siguen al barco porque saben que acabarán cayendo sardinas al mar" (haciendo referencia a su persecución).

"Pido perdón a Manchester United, a mis compañeros de equipo, a los hinchas, a la Federación... y quiero disculparme también con la prostituta con la que estuve anoche" (cuando la FA le pidió que se arrepienta públicamente).
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