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A 40 años de la pelea del siglo

Se cumplieron 40 años de el triunfo de Muhammad Ali sobre George Foreman en Kinshasa



"Pensé que sería un KO más para mi colección hasta que, en el séptimo asalto, le propiné un tremendo puñetazo en la mandíbula. Acto seguido me agarró la nuca y me susurró al oído: ‘¿esto es todo lo que tienes, George?’. En aquel momento supe que el combate no acabaría como yo había planeado". Estas palabras de George Foreman son el mejor resumen que jamás se haya hecho de uno de los momentos álgidos de la historia del deporte, el combate por el título de los pesos pesados que le enfrentó con Muhammad Ali el 30 de octubre de 1974 en Kinshasa, Zaire, del que hace días se cumplieron 40 años.
Se le denominó ‘Rumble in the Jungle’ (retumba la jungla). El nombre hizo fama y fortuna, aunque no refleja lo que significó realmente esa pelea. El escenario, el Zaire del dictador Mobutu Sese Seko, en el corazón del África ecuatorial, era distinto a todo lo que se había visto hasta entonces, un decorado que se eligió no por su exotismo sino porque corrió con los desorbitados gastos del evento. Sin embargo, si se convirtió en algo especial, que trascendió al boxeo y al propio deporte para escribir parte de la historia del siglo XX, fue sobre todo gracias a sus protagonistas y a su inesperado desenlace.
Fue un enfrentamiento épico entre un viejo proscrito cuyos mejores días habían pasado –Ali– y un joven Hércules con el beneplácito del ‘establishment’ que hasta entonces se creía invencible. Fue el pulso entre dos estilos contrapuestos: la astucia contra la fuerza bruta, un showman deslenguado que dominaba todos los registros dramáticos frente a un guerrero silencioso que no sabía cómo lidiar contra ese vendaval de palabrería. Eran tan distintos y tan singulares en su especie como Aquiles y Héctor, dos titanes escribiendo una moderna batalla de Troya entre las doce cuerdas.
Para comprender todo eso hay que escarbar en el pasado de Muhammad Ali, el hombre que nació como Cassius Clay y que se convirtió en uno de los grandes sacudidores de conciencias de su época y en la primera y verdadera estrella mediática del deporte: no sólo era un campeón, sino que tenía opinión propia, una mente perspicaz y un verbo afilado. En 1967, siendo detentor del título mundial, se negó a ir a la guerra de Vietnam. Fue desposeído de su cinturón y se le suspendió la licencia para boxear durante tres años y medio. En una época donde la segregación racial era aún obvia, su decisión de abrazar el Islam acabó por convertirle en una incómoda piedra en el zapato de la América más reaccionaria. Cuando regresó a la lona, cumplida su sanción, su archirrival Joe Frazier se había ceñido una corona que Ali consideraba suya. Intentó arrebatársela en 1971 pero fracasó, perdiendo a los puntos.
Mientras, había emergido la imponente figura de George Foreman, campeón olímpico en México’68, una montaña de músculo con la pegada de un martillo pilón. Frazier, entonces invicto, puso su cetro en juego en 1973 en Kingston (Jamaica) convencido de que Foreman no era rival para él. ‘Big George’ le trituró literalmente: lo mandó a la lona seis veces y venció por KO en dos asaltos. Su primera defensa del título, ante Ken Norton, la saldó con un triunfo igual de contundente.
Así llegaron ambos a Zaire: el aspirante Ali con 32 años, 44 victorias y dos derrotas; el campeón Foreman con 25 años, 40 triunfos (37 por KO) e invicto, y favorito abrumador en las apuestas.
Los tejemanejes de Don King
El tramoyista de aquel combate en la jungla fue el promotor Don King, entonces un recién llegado al mundo del cuadrilátero con 43 años, el mismo cabello hirsuto que siempre le caracterizó y el más listo y osado del nutrido grupo de mánagers que aspiraba a organizar la gran pelea. King se las apañó para formalizar contratos separados con Ali y Foreman, garantizándoles a cada uno de ellos una bolsa récord de cinco millones de dólares... que no tenía. Convenció a varias empresas de diversa procedencia para establecer un consorcio de promotores y cubrir los gastos de la pelea, pero seguía faltándole mucho para llegar a la cifra prometida. Y, como en EE.UU. no había nadie dispuesto a pagar tanto, buscó pastos más verdes en el extranjero.
El dictador zaireño Mobutu Sese Seko pensó que albergar ese combate sería un golpe de efecto enorme para su país, y llegó a un acuerdo con Don King para cubrir el presupuesto restante. Mobutu no escatimó en fastos y el evento se vistió con ropajes de gran gala, como un macroconcierto en el que participaron James Brown, BB King, Celia Cruz, Miriam Makeba o Manu Dibango.
Se fijó la fecha para el 25 de septiembre, pero finalmente se pospuso hasta el 30 de octubre porque Foreman sufrió un corte en el ojo durante una sesión de entrenamiento previa. Tanto él como Ali pasaron todo el verano en Kinshasa, aclimatándose al calor y humedad tropical y adaptándose al peculiar horario de la pelea, que comenzó a las cuatro de la madrugada para así coincidir con el ‘prime time’ televisivo en la costa este de los Estados Unidos.
La gente del lugar recibió a Ali con los brazos abiertos, considerándole un luchador por los derechos de la raza negra. Él alimentó ese cariño saliendo a entrenar por las calles de la capital y acercándose a la gente, mientras Foreman permanecía recluido en el gimnasio de su hotel. Muhammad además predispuso al público contra su rival, tildándole de "Tío Tom vendido al dinero de los blancos".





"Pica como una abeja"
Algunas de las frases más memorables de la historia del deporte tuvieron como germen ese combate, y todas salieron de los labios del histriónico Ali: "Volar como una mariposa y picar como una abeja", "Sus manos no pueden pegar lo que sus ojos no pueden ver", "Soy tan rápido que la pasada noche, cuando apagué la lámpara de mi habitación, ya estaba en la cama antes de que la luz desapareciera del todo"…
Como advertía, el día de la pelea Ali soltó menos golpes que su rival, cediéndole la iniciativa, pero más certeros. Tras aguantar tremendos mandobles al cuerpo, refugiarse en las cuerdas, provocarle verbalmente, forzar constantes interrupciones agarrando a Foreman en ‘clinch’ y aguijonear su rostro cada vez más tumefacto con rápidas combinaciones, especialmente al final de cada asalto, Muhammad dejó que George madurara su cansancio antes de ejecutarle al final del octavo asalto con un rotundo uno-dos mientras las 50.000 gargantas presentes en el Estadio 20 de Mayo gritaban "¡Ali bomayé!" (Ali, mátalo).
El campeón cayó a plomo y se levantó ‘groggy’ cumplida ya la cuenta de protección. Ali volvía a ser 'El Más Grande' cuando nadie lo esperaba.
Al año siguiente se vengaba de Joe Frazier en otra memorable pelea en Manila, pero ese fue el réquiem de sus días de gloria. Tantos golpes encajados acabaron por pasarle una factura cruel a ese cerebro inquieto y eléctrico. La estrella de Foreman se apagaría pronto: siguió en activo dos años antes de retirarse, pero en 1987, con muchos kilos de más, regresó al cuadrilátero y en 1994, con 45 años, recuperó el título que había perdido en Kinsasha.
"Peleamos en 1974. En 1981 nos hicimos amigos. En 1984 ya nos adorábamos el uno al otro. Y ahora puedo decir que jamás en toda mi vida me he sentido tan cercano a nadie como a Muhammad Ali". Bonito epílogo, George.


Finalmente, el video:


link: https://www.youtube.com/watch?v=YJphXRp0sRI
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