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A Independiente le van ganando todos los grandes.






Apenas se consumó el triunfo -dramático, trabajado y sufrido- ante Quilmes, el director técnico Jorge Almirón puso todos los cañones y la artillería en el Monumental: “A River nadie lo atacó como lo haremos nosotros”. Luego, fue tapa de diarios por decir que el Millonario lideraba el campeonato porque “Se enfrentó a muchos equipos en formación”. Ahora, consumada la clara y contundente derrota ante los de Marcelo Gallardo, es hora de mirar para adelante y aprender de los errores, adentro y afuera la cancha.

La caída en Núñez no fue sólo un golpe de resultado, sino una realidad de que el campeón defensor, puntero e invicto es evidentemente mejor que Independiente en lo futbolístico. En todas las líneas, más allá de los errores propios de Diego Rodríguez, Cristian Tula y compañía, los de Almirón están escalones abajo. Eso no tiene porque ser motivo de bronca o vergüenza: debe ser un espejo. River también recorrió el camino que el Rojo hizo en la B Nacional -con mucho más éxito y menos drama- y desde que volvió a Primera siempre fue protagonista y ganó el pasado torneo. Por el otro lado, está un club que tuvo que pelear hasta el último momento -la final con Huracán- para ascender. Y ahora, con cambios dirigenciales y recambio en el plantel, está en formación y en la búsqueda de consolidarse.

Lo que más termina resonando, entonces, fueron las desafortunadas declaraciones del entrenador y dirigidos en la previa. Daniel Montenegro, de bajo nivel en este campeonato y todo el año en general, había minimizado al líder: “Todos hablan de cómo ataca River, pero no de cómo defiende. Lo han agrandado mucho. Le pongo todas las fichas a Independiente”. Matías Pisano, que se había ganado la titularidad en el clásico por su gran partido ante Quilmes, chicaneó: “Yo no voy a correr a Vangioni; el me va a tener que correr a mí”. Cosa que así fue, ya que el lateral rival le ganó siempre el duelo al Enano, de pésima noche. Todo esto fue una bajada de línea e intención de calentar un duelo desde afuera, algo que luego no se respaldó desde adentro.

Distinto fue lo de Federico Mancuello, goleador y mejor del Rojo por escándalo y el que generalmente declara de manera más medida y lo hace tanto en las victorias como en las derrotas: “Lo de ellos es para imitar. No vamos a descubrir nada si decimos que River es un gran equipo. Es complicado aceptar que el otro es superior por cuestiones del ego, pero fue así.Tuvieron la desgracia de irse a la B, ascendieron, pelean siempre y hasta salieron campeones. Nosotros tenemos que seguir trabajando porque estamos en formación”. Clarito.

Pero lejos de polemizar y tirar por la borda lo hecho hasta ahora, Mancu también dijo: “Si le ganamos a Central, seguiremos en los lugares de arriba. No tenemos que salir de la idea de ser protagonistas, mirar para adelante y seguir creciendo”. Y eso es lo que hay que hacer: trabajar desde lo bueno para mejorar y arreglar lo malo, los errores que se vienen repitiendo fecha a fecha dentro de la cancha. Aprovechar los resultados conseguidos hasta ahora para mejorar en el juego, y lograr convencer y lograr consenso no desde el resultado sino desde lo futbolísto. Todo eso, léjos de las cámaras y dentro de la cancha.



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