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Anécdotas del Superclásico: Ubaldo Fillol




Anécdotas del Superclásico

Hoy: Ubaldo Matildo Fillol






RIVER 1973/1983. Jugó 361 partidos.



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Minibiografía



Fue uno de los grandes arqueros de la historia, considerado el mejor del mundo en el Mundial del ’78. Paradigma de un estilo totalmente opuesto al de Hugo Gatti, hasta en sus declaraciones. “Yo trabajo para ser el mejor, que es muy distinto a decir que lo soy. Y si alguna vez lo siento, ni loco lo voy a hacer público”.
Trabajador infatigable desde chico, siempre enrolado en el sacrificio; de reflejos extraordinarios, físico cuidado y preparado para la alta competencia, existía en él un grado superior de vergüenza profesional. Es un permanente ejemplo, por su dedicación, orgullo y amor propio. Nacido el 21 de julio de 1950 en San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires, inició su campaña profesional en Quilmes y cuando debutó, el 1 de mayo de 1969, ya demostraba formidables condiciones.
Continuó su carrera en Racing, con Ángel Labruna de técnico. Jugó un magnífico campeonato, metiéndose en el cariño de su hinchada; en esa temporada atajó seis penales. Con esa fama fue adquirido por River Plate. Todavía mantiene el récord de penales atajados en torneos oficiales argentinos, veintiocho en total.
“Cuando firmé en River mi viejo estaba chocho, era hincha fanático de esos colores. De chico me había comprado una alcancía, con un tipo millonario que tenía un habano en la boca…”.
Sus comienzos riverplatenses no fueron fáciles, ya que debió compartir la titularidad con Perico Pérez, un serio competidor hasta en el tema de atajar penales. “El técnico de River era Delem y cuando llegué me dijo: ‘Mirá, River te compró porque me consultó a mí y dije que eras un arquero de mucho futuro, pero acá tenemos a Perico de titular. Lo único que puedo hacer es ponerlos cinco partidos a cada uno. De lo contrario seguirá atajando él’. Me encontré con un panorama complicado y me la jugué: le contesté a Delem que si no era titular no jugaba. Con bronca me respondió: ‘Acá el titular es Perico Pérez’. Entonces, quedé de suplente y me comí todo el Nacional del ’73 en el banco. En el ’74 arranqué jugando yo y me convocaron para jugar el Mundial de Alemania como tercer arquero. Un año muy jodido en River, las cosas se complicaban porque arrastraban dieciséis años sin salir campeones y había un ambiente de mierda. Anduve bien y me fui con la Selección a la gira por Europa previa al Mundial, y mientras tanto, Perico otra vez era titular en River. Cuando regresé arranqué yo de vuelta y sufrí una conmoción cerebral en un partido en Jujuy.
En el ’75 lo contrataron a Angelito Labruna, que me conocía de Racing. Me acuerdo que como no quería irme de Racing, un día en la práctica Ángel me preguntó por qué no quería ir a River, y yo le decía que leía que había camarilla, problemas en el plantel, que estaba bien en Racing. ‘Pibe, si usted no se va a River lo echo de acá a patadas en el culo, usted no sabe lo que es River. Hágame caso, no sea boludo…’, me dijo. Así que me fui a River por el apriete de Labruna.
Cuando vino Ángel se la jugó por mí: ‘Me quedo con Fillol’ les dijo a todos. Tuvo serios enfrentamientos con los dirigentes, que se negaban, preferían a Perico porque les convenía políticamente, era el ídolo de la hinchada…
‘Yo quiero a Fillol’, les volvió a repetir Labruna, que nunca se hizo problema por nada y ganó la pulseada. Me quedé yo y a partir de ahí nació mi historia”.
Con el equipo millonario ganó siete campeonatos, fueron famosas sus cíclicas peleas con los dirigentes del club donde transcurrieron sus mejores años futbolísticos. Tanto fue así, que al final lo echó el nefasto presidente riverplatense de aquel entonces, Rafael Aragón Cabrera.
“Lloré mucho cuando me fui, por tristeza y por impotencia. Se cometió conmigo una terrible injusticia. Aragón, como autoritario que era, pretendió suspenderme de por vida. Por eso nunca voy a olvidar el gesto de Julio Grondona, que abrió el libro de pases por cuarenta y ocho horas, para que yo pudiese arreglar mi situación; sino quedaba colgado. Angelito Labruna estaba en Argentinos Juniors y me recibió con los brazos abiertos, como siempre”.
En el ’84 fichó para el Flamengo de Brasil, donde conquistó la Copa Guanabara. Después estuvo en el ’85 y ’86 en el Atlético de Madrid, España, y regresó nuevamente a La Academia, para adjudicarse la Supercopa del ’88.
Con la Selección participó de tres campeonatos mundiales y fue figura descollante en las Eliminatorias de México ’86. “Bilardo no me quiso llevar, injustamente me borró”.
Concluyó su notable campaña en Vélez Sársfield, en 1990. Esa noche fue invulnerable, el broche de oro de una trayectoria estupenda; y para que los hinchas de River no lo olvidasen nunca les arruinó el campeonato del ’90, hasta le atajó un tiro penal al Polillita Da Silva. Se retiró con todas las luces, como un ganador…



Anécdotas



Ángel me levantó el pulgar
Jugué veintiséis Superclásicos y todos tienen algo inolvidable. Hay algunos que recuerdo más que otros por la importancia que tuvo el triunfo. Como el de aquella noche en cancha de Boca, que ganamos 2 a 1, el primero del ’75. Morete y Alonso hicieron los goles y descontó Trobbiani de penal. Estábamos 2 a 1 y le dieron otro penal. “¡Este lo voy a atajar carajo!” me dije con los dientes apretados. Perfumo me alentó y Labruna, desde el banco, levantó el pulgar. La seña de Ángel me inyectó una energía tremenda, con esa presión lo atajé y ganamos. Con esa victoria teníamos medio campeonato adentro y mantuvimos los tres puntos de diferencia con el segundo.
Después nos clasificaríamos campeones del Metropolitano del ’75, y pasamos a ser leyenda riverplatense.

El sapo de la suerte
En el ’74 concentrábamos en la quinta de Salvatori para jugar contra Boca. Después de cenar salíamos a caminar y había sapos que parecían tortugas. Una vez agarramos uno y se lo metimos en la cama de Morete. Se acostó y casi se desmaya, pegó un grito desgarrador y salió corriendo hasta la calle, pobrecito. Después nos arrepentimos cuando lo vimos tan mal. Son jodas inocentes que a veces causan problemas serios. Al otro día salimos en micro hasta el Monumental. Ganamos 3 a 1 y el Puma Morete hizo los tres goles. Nos estábamos bañando y le dije:
–En el próximo clásico te ponemos dos sapos en vez de uno, parece que esa es la fórmula…
–No, déjense de joder que todavía lo pienso y me cago todo…

Sufría de claustrofobia
En una oportunidad, en la concentración nueva, después del mundial, Talamonti empezó a hinchar las pelotas y con el Negro J.J. lo encerramos con llave en la habitación en la que dormía con Labruna. El Negro le tapó todas las hendijas con diario. Lo que no sabíamos era que sufría de claustrofobia. Empezó a gritar:
–Abrí, abrí que me hace mal…
Nosotros no le dábamos bola. Pasó como una hora, cuando abrí la puerta lo encontré tirado en la cama empapado de transpiración, jadeando, medio muerto. Nos pegamos un julepe bárbaro, lo llamamos enseguida al médico.
Desde ese día, cuando se ponía a joder, todo el plantel lo cargaba: seguí jodiendo que te encerramos en la pieza, inmediatamente cambiaba de cara.

Hablaban claro
En las charlas técnicas, tanto Labruna como el Flaco Menotti trabajaban sobre lo que querían dentro de la cancha. Hablaban sobre la táctica que deseaban emplear, no decían cosas misteriosas, eran sencillos. Por ejemplo, Labruna nos decía: “La pelota la manejan solamente J.J. y Alonso, los demás acompañan”. Había cosas establecidas. En el entretiempo ordenaba: “Ahora salimos y atacamos todos”. Yo me las veía en figurillas, tenía que atajar con casco, por los contragolpes que me morfaba. Eran siete u ocho mano a mano por partido. Con esa audacia, quedamos en la historia de River y ganamos siete títulos.

No se callaba nunca
El otro partido inolvidable con Boca fue el 5 a 2 en la Bombonera, en el arco estaba el Loco Gatti. Recuerdo que en la charla técnica, Ángel le dijo a Carrasco que lo iba a cambiar en el segundo tiempo. Y el uruguayo le respondió:
–¿Si hago dos goles también?
–No. Si hace dos goles, juega todo el partido.
Terminó el primer tiempo y no había marcado ninguno. Fuimos al vestuario y Carrasco le dijo a Labruna:
–Mire que ahora en el segundo, hago los goles…
–Si no convierte antes de los quince, lo saco.
Al minuto hizo el primero y después marcó el otro. Al final Ángel lo felicitó. Juan tenía mala relación con casi todo el grupo, era un tipo frontal y las cosas las decía en la cara, no se callaba nunca. Yo lo respetaba mucho. Con esa clase de hombres me siento cómodo. Era muy guapo y un jugador de puta madre, al final se ganó la admiración de todos.

Puso toda la carne al asador
Todos recuerdan el partido del 3 a 0, que perdimos en la cancha de Boca, dos de Brindisi y uno de Diego. El partido se nos complicó después de que echasen a Mostaza, que estaba cumpliendo una función importante. Pero se olvidan del 3 a 2, también en la Bombonera, que ganamos en el mismo año. Ese día Labruna puso toda la carne al asador: Alonso, Ramón Díaz y Kempes y del otro lado estaba Maradona, Gareca y Brindisi. ¡Un partidazo!
El primero me lo hizo Maradona, el delantero más jodido que tuve. Empató “El Matador” Kempes, luego convirtió Passarella de penal y Jorge García marcó un golazo. En ese partido salimos abrazados con Ángel Labruna de la cancha, cuando le ganaba a Boca se enloquecía.

La pasé jodida
Rafael Aragón Cabrera fue el responsable de que yo me fuera de River, esa actitud me volvió loco. Me dolió tanto porque nunca quise irme… Un día, para que firmase el contrato llegaron a presionarme hasta con un alto jefe militar. Me llevaron hasta el cuartel y me dijo barbaridades. Lo dejé hablar y cuando terminó, le pregunté qué cargo ocupaba en River. “Soy sólo un socio distinguido”, me respondió. “Si usted no es dirigente, no puede obligarme a firmar un carajo” y me fui. Sinceramente, desconocía los riesgos que corría. Luché con todo el aparato en una época terrible. Desde el poder manejaban todo, inclusive le enviaban a los diarios informaciones equivocadas, crearon en la opinión pública una imagen de mí desastrosa. Ni mi esposa me creía, llegaba a casa y me decía:
–¿Cómo pediste esa plata?
–¿Qué plata?
–La que salió en el diario.
–¡Es mentira yo no pedí nada!
Me enfrenté con todos los militares. Por suerte llegó al país la democracia, porque sino mi vida corría serio peligro. A pesar de todo demostré que no soy rencoroso, fui el único ex jugador de esa época que fue al velatorio de Aragón Cabrera. Los familiares, cuando me vieron llegar, no lo podían creer y algunos me agradecieron. ¡Yo no odio a nadie!



Apostillas



• El jugador tiene que ser hincha de la camiseta que juega. Tengo un romance eterno con Quilmes y después con River, pero cuando me puse las otras camisetas las defendí a muerte. Ni hablar con la de la Selección.
• La cábala que tenía era tirarme alcohol en el pecho y entrar a la cancha con el pie derecho.
• El problema que tuve con Carlos Enrique lo arreglamos como hombres. Nos cagamos a trompadas en la AFA. A los seis meses nos volvimos a encontrar y nos saludamos, desde ahí mantenemos una buena relación. Hasta jugamos juntos para la televisión.
• Hace poco tiempo, Bilardo hizo declaraciones humillantes de los integrantes de la Selección del ’78. Lo que dijo no se lo perdonaré mientras viva. Lo encontré hace unos meses en una reunión y le dije que quería hablarle, pero solos. Me contestó que no, solos no. Y ahí demostró que es un cagón. Por atacar a Menotti, no se dio cuenta que ofendió a toda una generación de jugadores y a una parte de la historia del fútbol argentino. A mí me borró del plantel del ’86, porque le dije que no compartía las barbaridades que decía y hacía. Después de clasificar en las eliminatorias, me borró.
• Los dos campeonatos del ’75 y la Copa del Mundo del ’78, fueron los títulos que más festejé, disfruté y gocé.
• Lo de la rodilla de Gatti en la Selección para el Mundial ’78, fue una excusa. Menotti habló conmigo en noviembre del ’77. Me dijo que me iba a incorporar al plantel y cuando el Loco se enteró declaró: “Yo no puedo por la rodilla” y se fue. Tenía ese problema en la rodilla pero sin embargo, siguió jugando en Boca. No se bancaba disputar el puesto conmigo, esa es la verdad. ¡Fue un pretexto!
• Uno de los grandes misterios que no supo clarificar el fútbol, fue el Mundial del ’82. Teníamos un gran equipo, el mejor técnico del mundo, los mejores jugadores y no funcionábamos. Es uno de los grandes misterios que se guardó el fútbol y creo que me moriré sin saberlo.
• El River- Boca es lo máximo, pero el colorido y convocatoria que tiene un Flamengo-Fluminense, con doscientas mil personas en el Maracaná, es el súmmum de un jugador de fútbol. ¡Hay que jugarlo para darse cuenta!
• Los Superclásicos de mis tiempos se vivían de otra manera, éramos incapaces de sacarnos una foto con el rival y de intercambiar camisetas. Se jugaban a muerte y con mucho nerviosismo. Me tocó perder y tener vergüenza de salir a la calle, sentía a la camiseta con ese orgullo.















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