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Balón de Oro: el premiado es el propio premio



En las ceremonias de entrega del FIFA Balón de Oro (desde su creación en 2010), encontré en mi mismo una sensación de disconformidad. La sentía antes de que se diera a conocer el ganador; como así también después. Y lo sentí en la misma medida cada año, más allá de quien haya sido el ganador. Me parece anecdótico el reconocimiento circunstancial que entrenadores y capitanes del mundo puedan hacerle al jugador que es comparado con El Mejor del Planeta; o al Jugador que es comparado con los mejores de la historia (abismal diferencia). Una incómoda sensación que va más allá de ese resultado.

La sensación de que existe un Jugador en actividad que dejará la vara tan pero tan alta que premios como este quedarán evidentemente faltos de significado. Porque incluso hoy no tienen significado. Condición evidente (principalmente) en 2013 y 2014.

Quien será el Ganador del Balón de Oro 2015 (puedo ser suficientemente obvio y al mismo tiempo evitar discusiones) es quien, por primera vez en la historia del fútbol, honra al premio en sí. No es Él quien debe sentirse honrado, sino el propio premio. Un premio que, desde el retiro de Él (me preocupa más la llegada de ese día que de mi último día) quedará en evidencia como el objeto material y terrenal que es: una esfera metálica que le será entregada a los Neymar, a los James Rodriguez, a los Mario Götze, y por el cual corresponderá que ellos expongan (simulada o no) una mueca de vergüenza, por estar recibiendo exactamente el mismo premio que El Único Artista.

Pero El Artista ya lo sabe. Su concurrencia a la entrega de ese premio (sea quien fuese el ganador) no es un acto de vanidad, sino su mayor acto de humildad.

Y él lo sabe, pero lo seguirá haciendo. Seguirá asistiendo, seguirá ganándolo, seguirá perdiéndolo, seguirá agradeciendo, seguirá guardando silencio, seguirá aplaudiendo desde su asiento y con una sonrisa el desesperado festejo del circunstancial ganador.

Pero sueño con que, por una vez, tan solo por esta vez, decida poner en evidencia la abrumadora diferencia que hay entre ser premiado y ser El Mejor. Sueño con que lo haga en la ceremonia de entrega. Con que me sorprenda.

Y sueño despierto con algunas posibilidades, tras el momento en que el presentador (tras intentar inútil y ridículamente una atmósfera de suspenso) anuncia al Ganador...


  • Llega desde el fondo, esta vez no vestido de traje, sino con una musculosa blanca, calzoncillos holgados, medias y ojotas. Sube al escenario y pronuncia el mismo discurso del cual ya no existen las variantes.

  • Llega desde el fondo, vestido con un look de entrecasa de clase media, cargando dos bolsas de Disco en cada mano, y pronuncia su habitual discurso con la modestia y agradecimiento de siempre. Al momento de bajar del escenario con su premio, mira alternadamente sus bolsas y el Balón de Oro, con expresión de "qué picardía tener que dejar acá este Mantecol...", y se retira abandonando dos de sus bolsas en el escenario, con el premio bajo el brazo.

  • "Recibe el premio: Gerardo, vecino" (Gerardo sube al escenario siendo respetuosamente aplaudido).

  • Ingresa desde el costado del escenario empujando una carretilla cargada con cuatro pesados balones de oro. Acomoda el nuevo premio entre medio de los previos (con cuidado para que no se caiga). Tras su disurso se retira cargando la carretilla.

  • Sube al escenario, toma su premio, saluda a todos levantando su mano y se retira sin pronunciar palabra.

  • Desde el escenario, el premio se resbala de sus manos y va a parar a los pies de quien (una vez más) quedó en segundo lugar. Le pide (desde arriba del escenario) que por favor se lo alcance. Escándalo de fotógrafos al costado del escenario.




Probablemente esté pidiendo demasiado.
Tal vez deba conformarme con la entrega (en esta oportunidad, por reiteración) de un Balón de Oro diferente a los previos, que de alguna manera pueda representar (al menos estéticamente) algo especial.

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