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Boca Juniors quiere dar la vuelta.

Con dos goles de Paredes, el más joven, y otro de Schiavi, el mayor, Boca le ganó el clásico a San Lorenzo por 3-1 y cortó la racha de cinco partidos sin triunfos. El equipo de Falcioni quiere dar pelea hasta el final. El Ciclón sigue amenazado con el promedio.



Boca tuvo una tarde redonda: derrotó a San Lorenzo por 3 a 1, volvió a la victoria después de cinco partidos y redondeó su mejor actuación del último tiempo. Quedó a cuatro de Newell’s (aunque con un partido mas). El Ciclón, por su parte, llegó a los siete sin festejos (cuatro derrotas, tres empates) y su situación con el descenso es cada día más delicada.

El local arrancó encendido. Como si hubiera mantenido la inercia del empate ante River. Más dinámico que en los partidos anteriores, con un mediocampo activo dominado por Erviti y un Paredes inspiradísimo, que en apenas tres minutos rompió el 0 a 0 con un disparo de afuera, esquinado, que sorprendió a Migliore. La ventaja, no obstante, no le duró nada. Falcioni no lo podía creer. A los siete, Mirabaje, metió una tremenda volea luego de un centro de Stracqualursi y mano a mano como en el inicio. El equipo de Pizzi se relajó con el rápido empate. Insistió desmedidamente con atacar por el lado de Clemente (estrategia que al principio funcionó y más tarde se tornó previsible) y se diluyó en su propia parsimonia.

Paredes entonces se erigió como referencia ofensiva, bien respaldado por Fernández y Erbes y el Xeneize se adueñó del choque. El gol del nuevo joven maravilla, a los 34, sólo le puso justicia al partido.

Tras el descanso, Boca mostró su mejor cara en mucho tiempo. Aprovechó los espacios de un rival expuesto y lo lastimó con el insistente Acosta. Tuvo llegadas y solidez defensiva también. El tercero llegó por decantación: bombazo de Silva a los 23’, rebote del dubitativo Migliore, y rebote con gol de Schiavi. Fiesta en la Bombonera. Lo que quedó fue para que la gente cantara y Acosta se luciera con su esfuerzo


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