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Bostero infiltrado en la popular de River se pasa de tribun





14 de diciembre de 1969, estadio Monumental. Boca visita a River por la última fecha, empata 2 a 2 y se consagra campeón del Nacional 69 desatando un verdadero carnaval en Núñez. Sin dudas, de las siete vueltas olímpicas dadas en cancha de River, ésta es la que más disfrutamos dar. La madre de todas las vueltas olímpicas.

Porque el rival enfrente fue River, porque el título se dirimió en ese partido y porque verlos sentaditos mirando la vuelta olímpica y la fiesta de la tribuna boquense no se paga con nada.
De todas maneras, en esta oportunidad queremos tratar de mostrar lo que significó aquel partido para el hincha de Boca. Mientras hubo venta de entradas, coparle la cancha a River fue una costumbre a lo largo de la historia. Y si coparle la cancha era una costumbre, ni imaginar lo que fue aquella tarde.
Y vaya como muestra este hincha xeneize infiltrado en la tribuna local, quien seguramente desbordado de emoción tomó una decisión de riesgo. Pasar del frío al calor de la tribuna de River a la de Boca. Incluso arriesgando su vida al hacer equilibrio a través de un cable sobre el vacío.
Una decisión extrema, temeraria, de esas que nos gustan. Seguramente con el deseo de gritar y festejar aquel campeonato único, maravilloso. Sin pelotas naranjas ni pedacitos de vueltas olímpicas. Vueltas enteras, bajo la lluvia de los grifos. Dos vueltas dadas por Marzolini y el saludo de los pañuelos blancos de la gente de Boca.
¿Cuántos hinchas de Boca habrá habido esa tarde en las tribunas de River? Imposible saberlo. Muchos, obvio. Pero queremos homenajear a este kamikaze azul y oro que, aparte de poner en evidencia la amargura de River falta de controles, se jugó tremenda patriada para poder festejar bien a lo Boca











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