Brasil no aprende,obras atrasadas de JJOO 2016



Los Juegos Olímpicos tendrán lugar dentro de dos años en Rio de Janeiro, el 5 de agosto de 2016 se enciende la llama, y el Comité Olímpico Internacional (COI) tiene las mismas o más dudas con respecto a si la ciudad estará preparada que las que preocupaban a la FIFA con respecto al Mundial. El éxito final de organización, no obstante, del torneo de fútbol celebrado entre los pasados meses de junio y julio, es el principal aval para Rio 2016 y el comité ya ha rebajado el tono agresivo que utilizó hace unos meses -cuando se pronosticaba el caos para el Mundial- para presionar a la ciudad y el país sede.

Las obras deportivas y de infraestructuras están muy atrasadas, pero lo que parece tener peor solución a día de hoy es la limpieza de las aguas de la Bahía de Guanabara, donde se deben disputar cuatro categorías de vela. Según informó recientemente la Agencia France Presse, el primer test olímpico se llevó a cabo en aguas tan contaminadas que un perro muerto, una silla flotando y botellas de plástico hicieron compañía a los atletas en unas aguas en las que se arrojan diariamente entre 80 y 100 millones de toneladas de basura. La opción de desplazar las actividades a otra ciudad podría tomar forma si la situación no mejora en los próximos meses.

El resto de recintos deportivos está casi todo por terminar o incluso por comenzar. No obstante, el Ayuntamiento emitió recientemente un resumen de la situación con voluntad de calmar a los alarmistas. La mayoría de las obras se entregarán a finales de 2015 o incluso en 2016. El Parque Olímpico, que comprenderá cuatro edificios y albergará 16 disciplinas olímpicas (baloncesto, judo, tenis, balonmano...) y 10 paralímpicas, se construye a todo trapo incluso de madrugada y su finalización está prevista para inicios de 2016, aunque la mayoría de los recintos que comprende el complejo deberían estar terminados a finales de 2015. Se trata de una de las joyas de la corona que se construirá en el renovado barrio de Barra da Tijuca, donde también está el centro de comunicaciones que ya se usó durante el Mundial.

El complejo de Deodoro, donde tendrán lugar deportes como BMX, slalom de canoas o rugby, es otra de las obras más atrasadas y sólo estará completa a inicios de 2016. Tras los Juegos, se espera que el proyecto se convierta en el segundo parque más grande de la ciudad. El resto de instalaciones deportivas están ya construidas pero aún no han sido adaptadas a los padrones olímpicos. Sucede así con el estadio olímpico Engenhão, hasta hace poco utilizado como estadio del Vasco de Gama.

El problema es que las previsiones de fechas difícilmente son cumplidas por las constructoras e instituciones brasileñas, como se demostró en un Mundial en el que todos los estadios se entregaron sobre la bocina. La parte positiva es que, al menos, los coliseos llegaron a tiempo y funcionaron a la perfección.
Infraestructuras y seguridad

No sucedió lo mismo con las infraestructuras, especialmente las de movilidad. La ampliación del metro y otras conexiones de carretera y transporte público actualmente deficientes en la ciudad (que cuenta con atascos kilométricos cada día) no llegaron ni de lejos a lo anunciado de cara al Mundial. En unos Juegos con muchos más barrios y recintos implicados, totalmente concentrados en una ciudad, se antoja imprescindible que la comunicación mejore en la 'Ciudad Maravillosa'.

Pero si hay un desafío eterno en la ciudad cada vez que se avecina un evento de cualquier índole es la seguridad. Hasta el momento, la fórmula de blindar las calles ha dado resultado en el mayor país de América Latina para evitar grandes problemas. Las áreas donde tienen lugar los eventos y donde se concentran la mayor parte de turistas consiguen aislarse (salvo algunos episodios de robos o peleas como las que tuvieron lugar durante el Mundial) de los problemas endémicos de la ciudad. Las autoridades siguen sin encontrar la solución a la violencia y el narcotráfico en las periferias y favelas de la ciudad. El proyecto de pacificación de las comunidades, como se conoce la ocupación policial de barriadas dominadas por traficantes, vive en total decadencia. No sólo se han vuelto a vivir en 2014 episodios de violencia protagonizados por los traficantes (reducidos hasta el momento), sino que también se suceden casos de abusos, violencia y ejecuciones a manos de la policía. La última denuncia vergonzante, la de una violación colectiva en Jacarezinho, favela pacificada en octubre de 2012.