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Chile: "Y ahora que venga argentina"

Y ahora, que venga Argentina

Chile derrota a Colombia por 0-2 y se instala en la final de la Copa América Centenario, donde esperan Messi y sus compañeros.




Interrumpido, lluvioso, con rayos, truenos y goles chilenos. Un partido extraño, de los más raros que le ha tocado a la Roja, y no por eso menos emotivo. Porque la Selección ya está en la final de la Copa América Centenario, a un paso del título que esta generación llegó a buscar a EEUU, tras derrotar por 0-2 a Colombia, en Chicago. Y así se reedita la definición de 2015 entre el Equipo de Todos y el coloso albiceleste.

El desafío estaba planteado mucho antes. Y no sólo por el rival. Es que no es fácil imaginar a esta escuadra sin Marcelo Díaz ni Arturo Vidal. Son jugadores demasiado importantes. Pizzi tuvo que rearmar todo: estructura, nombres e ideas. Inteligente al comienzo, le cambió el naipe a Pékerman. Dejó de lado la posesión, el ir y venir en medioterreno, y apostó por un juego directo, el pase largo a los espacios colombianos. Sorpresiva la apuesta, pero muy exitosa, porque a los 11 minutos el combinado nacional ya sacaba una luz de dos goles.

Aránguiz abrió la cuenta a los 7’ y Fuenzalida, con el arco descubierto, decretó el segundo a los 11’. Los cafeteros no lo podían creer, las recriminaciones se multiplicaban y la Selección ya hacía recordar la aplastante goleada sobre México, pero claro, los intérpretes no eran los mismos y la temprana salida por lesión de Pablo Hernández alteró todo.

Con la ventaja, Pizzi optó por hacer un cambio conservador. Mandó a la cancha a Erick Pulgar, debutante en el torneo, para que ayudara en la refriega a Francisco Silva. Si bien Aránguiz se liberó un poco más, el resultado se notó de inmediato. La Roja perdió la pelota, Alexis y Eduardo Vargas quedaron aislados (especialmente el goleador) y Colombia tomó el control.

Empezó a notarse la presencia de James Rodríguez y de Juan Guillermo Cuadrado. Roger Martínez (quien jugó por el resentido Carlos Bacca) recibió más balones cerca del área. El trabajo se redobló para Gonzalo Jara y Gary Medel, mientras que Jean Beausejour debió preocuparse más por el trajín de Cuadrado por su banda.

Defensivamente, para ser justos, la Selección no se vio sobrepasada, pero cuando la línea defensiva falló, Claudio Bravo apareció. El arquero y capitán necesitaba minutos como los que exhibió en Chicago. Con tres tapadas claves, a Martínez, Arias y Sánchez.

La Roja consiguió su principal objetivo del primer tiempo: irse con el arco en cero, traspasando toda la presión a Colombia. Y con mucho tiempo para pensar, después de la larga interrupción provocada por la tormenta eléctrica.

Había que manejar el partido. Chile lo entendió, después de casi dos horas y media de entretiempo. Colombia se jugó por un segundo delantero, Marlon Moreno, en lugar de Cardona. La Roja no se asustó. Es más, se ajustó mejor al juego y empezó a rondar el arco de Ospina. La tarea se facilitó más con la expulsión de Carlos Sánchez en los cafeteros.

Pulgar, de irregular nivel, casi canta el tercero con un cabezazo. En el equipo de Pékerman, obviamente, creció la desesperación. Ya está dicho, había que aguantar, todo estaba a favor. A la fuerza Colombia se instalaba en terreno contrario, pero sin generar un ambiente de temor. El final, de hecho, fue mucho más favortable para los nacionales.

Esta semifinal la ganaba el más inteligente. Y esos fueron los de rojo, que mataron de entrada, que supieron leer un compromiso muy accidentado. Chile ya está en la final. Antes, en Copa América, ya sumó tres: las de 1979, 1987 y la inolvidable de 2015. Se repiten los rivales de la última. El choque de los mejores equipos del continente. Que vengan Messi y Argentina. La ilusión está a tope.

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