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Clarin titula: ''Messi al Elche no... contra Alemania el gol

Messi, contra el Elche no... ¡contra Alemania!








Opinión: Horacio Convertini





Me cae bien Messi. Por su talento y por esa condición de héroe que nace a destiempo y debe vivir bajo el riesgo de eclipse perpetuo que supone un antecesor glorioso y carismático como Maradona. Me gusta su opacidad fuera de la cancha, la contracara perfecta de su brillo extraordinario con la pelota en los pies. Que no sea bardero como Diego, incluso que sea gris, lo agiganta: demuestra que alguien común y corriente puede alcanzar la cima sin que el éxito le dinamite el cerebro. No me canso de ver sus goles, de reírme con la torpeza forzada de los defensores que fracasan al marcarlo, de asombrarme con la patética inutilidad de los arqueros que a veces ni se tiran. Pero desde anoche me pregunto si esta admiración no está herida de muerte. Si la imagen desteñida de Messi en los últimos partidos de Brasil 2014 no ha roto el encantamiento para siempre.

El episodio es este: vuelvo de un viaje largo en avión, prendo el televisor, zapping, Lanata, el Show del Fútbol, el Muñeco Gallardo hablando de su River goleador, Messi figura del Barcelona y autor de dos goles en el primer partido de la Liga Española. Me detengo: los periodistas de ESPN derraman baldazos de miel cuando Lio toma una pelota dentro del área algo volcado a la derecha, se mueve paralelo al arco hacia la izquierda entre cuatro defensores y define suave de zurda (el pase a la red de Valdano), lejos de un arquero que se queda duro como una estaca. Es el segundo gol de Messi, tercero del Barsa, el que lo deja a un pasito de quebrar un nuevo récord, no escucho muy bien cuál y tampoco me importa. Miro hacia el ángulo de la pantalla donde está el marcador y veo tres letras en mayúsculas que identifican al rival: ELC. Es decir, el Elche. Me baja una ficha inesperada. Los defensores que parecían de un solteros contra casados eran del Elche. El arquero humillado era del Elche. El Elche, que el año pasado fue décimo séptimo en la Liga a 47 puntos del "fracasado" Barcelona de Martino. El Elche, que entre sus 22 refuerzos para esta temporada sumó a un ex Boca, Fragapane. Y cuando veo el festejo en el Camp Nou, una montonera de camisetas azulgranas sobre el crack que apenas grita, en lugar de aplauso me pinta la decepción. Contra Alemania, pienso. Tendrías que haber hecho este gol contra Alemania. Y sé que soy injusto, que en el fútbol las cuentas se pagan a la romana, que después de todo Messi no tiene la culpa de que Higuaín y Palacio hayan definido como chambones sus chances ante Neuer, pero no puedo dejar de verlo boyando por el Maracaná, como si le hubiesen destrozado de un puntinazo el GPS de la magia, y esa imagen es tan fuerte, tan brutal, que nubla el sentido común.

Messi, estoy seguro, hará muchos goles en la temporada europea que acaba de empezar. Dejará en ridículo a zagueros, guardametas y equipos enteros que son cien veces más que el Elche, que superan incluso en calidad a varias de las selecciones que jugaron la Copa del Mundo, pero siento que de ahora en más todas las hazañas de Lio se producirán en una dimensión demasiado lejana que no compromete nuestros sentimientos. El Mundial, aún con el valioso segundo puesto, tal vez haya sido un punto de inflexión. No en el talento de Messi, sino en la relación de los argentinos con sus prodigios, que empiezan a lastimar con el filo del despecho. Sus goles en el Barcelona ya no son la promesa de los que hará con la Selección. Son, por el contrario, el recuerdo de los goles que esperábamos y no llegaron. Messi no es un héroe que fracasó. Es el héroe que no nos regaló la hazaña descomunal que le exigíamos. Y no hay ser menos misericordioso que un hincha de fútbol.
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