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Colombia pierde la final de la Copa América '75





La mejor campaña del fútbol colombiano, hasta antes de ahora, se vio en blanco y negro. Eran los tiempos de la presidencia de Alfonso López Michelsen, del inicio de los secuestros en Medellín y del final de la televisión en blanco y negro.

La Copa América era otra. Se jugaba bien distinto, porque el continente se dividía en tres zonas geográficas con partidos de ida y vuelta, en grupos de a tres.

Eran los momentos gloriosos de Willington Ortiz, Ernesto Díaz y Víctor Campaz, tripleta que hacía goles en todos los estadios del país, pero de una Selección que no tenía ninguna identidad, pero que un hombre rico en experiencia fue capaz de llevar al subtítulo con tres meses y medio de preparación.

Y fue el Caimán Efraín Caimán Sánchez Casimiro, el legendario Caimán de Boedo, el encargado de orientar a un combinado nacional que tenía en sus filas a dos nacionalizados: Nelson Silva Pacheco y Hugo Horacio Lóndero.

“Desde el primer trimestre de 1975 nos concentramos en Bogotá a pesar de que era un momento desorganizado del fútbol nacional. El profesor Sánchez montó una Selección que era poderosa, porque todos estábamos en estupendo nivel. Al Caimán lo acompañó en la parte física el profesor Araya”.

Ponciano Castro, baluarte del combinado y uno de los dos antioqueños convocados -el otro fue Carlos “Pachamé” Rendón-, cuenta orgulloso sobre la forma que tomó el elenco que con los partidos se fue haciendo sólida, al punto de llegar hasta la final.






Triunfos sucesivos sobre Paraguay, Ecuador y Uruguay, con una sola derrota ante este último, el onceno vestido de camiseta zapote avanzó hasta llegar a la final contra Perú, que por sorteo dejó atrás a Brasil.

Habían pasado ya ocho años de la última edición de la Copa América en Montevideo, pero el nuevo sistema que buscaba abaratar costos fracasó por la dispersión de los partidos, las informaciones de prensa y el clima que debe acompañar a toda clase de torneos como éste, tal cual lo relatan las memorias de la Conmebol.

Eran dos chicos para esa época -dada la tradición de Uruguay, Argentina y Brasil-, que estaban frente a frente, tras el 1-0 a favor de los colombianos y el 2-0 para los dirigidos por Marcos Calderón (q.e.p.d.), pero que tendrían que dirimir en un tercer cotejo en plaza neutral el codiciado título.

“Viajamos a Caracas por decisión de la Conmebol. El equipo era muy bueno. Los de la banda cruzada en el pecho se reforzaron para este partido con Hugo Sotil que era la estrella del Barcelona de España. Mucha gente nos acompañó antes del juego, porque la colonia era de más de 300 mil compatriotas”, recuerda Ponciano, quien hoy labora como ingeniero en el Metro.

Y se llegó la noche del 16 de octubre de 1975, con pocas prácticas en una cancha en la que se entrenaba más béisbol que fútbol, con numerosos baches y porterías con palos cuadrados, pero con el fervor de los hinchas.

El juego fue bravo, cerrado, de numerosas opciones de gol. Un tanto del “Cholo” Sotil a los 24 minutos fue suficiente para darle el título a los peruanos, segundo en su historial, aunque Pedro Antonio Zape evitó el 2-0 al taparle penalti a Teófilo Cubillas, pero con un Colombia que puso a pedir tiempo a Perú. Una dicha que no tuvo la fortuna de la televisión en color en los tiempos del blanco y negro.





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