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Con la fuerza del querer, pegó el salto

El goleador uruguayo llegó a Primera haciendo “pucheros” y calentándose.


Suárez hizo un gol y lo grita. Vanzini, Pallas y “Lucho” Romero lo corren

En 2005, cuando Luis Suárez estaba en Tercera División, la directiva habló con Daniel Enríquez, que era el Coordinador de Juveniles, para que sumara alguna función más a su trabajo.

Hoy, el ex funcionario tricolor recuerda que encontró una respuesta muy rápido: "Bueno, agarro la Tercera", porque aquel equipo estaba "descolgado" de los demás de la divisional y, como en ese cuadro estaban Juan Albín, Alberto Silva, Martín Cauteruccio, Bruno Fornaroli, Mathías Cardacio y Luis Suárez, pensó: "Dirigirla es fácil".

El entonces entrenador no se equivocó: Nacional fue campeón en Tercera y Suárez, que a esa altura ya hacía goles en todos los partidos, fue el goleador del campeonato, por lo que Enríquez "sufrió" y también se divirtió con la personalidad del atacante: "Con 18 años, sin ser agresivo, era muy calentón. Si estaba en el banco, él miraba para ver cuándo lo ibas a poner; si lo ponías y lo sacabas, salía con cara de traste, no le gustaba salir ni faltando 10. Vos lo sacabas para que lo aplaudieran y él salía enojado; aunque no mal…era un niño, salía como haciendo pucheros, no con cara de vine a pelearte. Eso es, al fin, lo que uno debe aprender de Luis: las ganas de jugar. A veces hay un chico que está en el banco, lo llamás y viene despacito, caminando; él no, él venía sacándose el equipo deportivo, quería entrar rápido, y cuando entraba se mataba. Ahí ya estaba haciendo una diferencia importante".

Esa diferencia fue la que en 2005 captó el técnico del equipo principal de Nacional: Martín Lasarte, que primero ascendió a Suárez, luego lo fue "mechando", y a lo largo de 33 partidos oficiales lo terminó respaldando "a muerte", pese a que muchas veces el salteño era silbado por su propia hinchada.

En ese aspecto, acaso, se producía un doble choque: adentro y afuera de la cancha. Según Enríquez, lo que ocurrió es que "Luis tenía potencia, aunque no la de ahora, que la adquirió mucho después, y eso sí: iba a todas, pero tenía descontrol para jugar y chocaba. Fue lo que le pasó cuando debutó en el Primero: en la definición, hoy emboca 90 o 95 de 100, en aquella época 50 erraba y 50 embocaba. ¿Por qué? Y… porque de tres cuartos de cancha para adelante se les iba a los defensas, pero la terminaba mal. Encaraba y pateaba: ¡pin, afuera! Encaraba de nuevo y pateaba: ¡pin!, le pegaba en el pecho o en la pierna al arquero y rebotaba. Así, erraba un par de goles por partido; erraba uno, erraba dos, erraba tres…pero embocaba el cuarto porque, igual que ahora, a Luis nunca le importó nada, por más que todo el estadio lo silbara: él seguía, seguía, y seguía, y después se ganaba el aplauso. Siempre arrancó para adelante, nunca le tuvo temor a nada".

Es que por esa confianza inquebrantable en sus posibilidades, también se había impuesto antes, cuando estaba en Tercera y su forma de jugar aún tenía algunos rasgos por los que todavía no era candidato a la promoción por parte de Lasarte.

Al respecto, Enríquez hoy reflexiona a la distancia: "Si habrá crecido Luis, futbolísticamente, que en la Tercera había un tiro al borde del área, él se ponía para patear, pero como al lado tenía a Albín y a Alberto Silva, yo le gritaba: "¡Luis, salí de ahí y andá al área! ¡Hacé lo que vos sabés hacer!"; y se iba caliente al área, pero era gol de él, porque había rebote y él la empujaba. Yo le decía siempre: "¿Ahora querés patear tiros libres? ¡Si no sabés! ¡Juan y Alberto son los que saben! Albín y Silva eran especialistas en tiros libres; Luis tenía la inquietud de patearlos, ¡pero no le pegaba bien! Tenía potencia, pero no la de ahora; la adquirió mucho después, en Europa. En Liverpool pateaba los tiros libres y eran goles; y eso lo adquirió por él, porque siempre tuvo esa ambición, ese deseo. Afuera de la cancha había que empujarlo para que no comiera hamburguesas y bizcochos, y tomara agua mineral y no refrescos, pero él tenía ganas de jugar a la pelota siempre: llegaba a los entrenamientos, pedía una pelota y se iba a patear, y había que gritarle: "¡Luis, pará… tenés que calentar primero!", porque se podía desgarrar; y la primera vez que volvió de Holanda, nos dijo que en Groningen lo seguía haciendo, porque no había profe, el calentamiento lo guiaba el capitán, ¡y nadie lo controlaba".

Con ese pasaporte, pues, en junio de 2006 el salteño se fue a jugar al Groningen, y a vivir en Groninga, una ciudad de 200.000 habitantes en la que hay —como mínimo— 203 días grises al año. Sin embargo, fue donde el sol empezó a iluminar más intensamente el futuro de Suárez.

Treinta y tres partidos
Después de haber sido ascendido al equipo principal de Nacional, Luis Suárez jugó 33 partidos oficiales con los tricolores: uno por la Libertadores 2005, tres por la Copa de 2006 y 27 por el Campeonato Uruguayo. Hizo 12 goles.

De Nacional se fue como un campeón
Luis Suárez jugó las dos finales del Uruguayo 2005/06 ante Rocha. Hizo un gol en la primera, el 22.06 y metió otro en la segunda, el 25.06. Fue su último partido en Nacional y luego se marchó a Holanda como un campeón.

El debut y un gol en un clásico
Suárez debutó el 03.05.2005 contra Junior en Barranquilla por la Libertadores: entró a los 75’ por Rodrigo Sebastián Vázquez; Nacional perdió 3 a 1. El 22.05.05 hizo un gol en el clásico del Torneo Clausura que terminó 2 a 2.

El pase, al final, salió después que hubiera algunas trancadas fuertes
En junio de 2006, Nacional transfirió a Luis Suárez al Groningen de Holanda, aunque no sin que surgieran algunos cuestionamientos y cierta polémica en el ámbito de la interna tricolor alrededor del monto por el cual se concretó el pase.

Es que los goles, y sobre todo los potenciales atributos que dejaban entrever la insinuantes actuaciones del atacante, despertaron el interés de varios clubes extranjeros por contratarlo.

Por ejemplo, el Flamengo de Río de Janeiro ofertó 1.100.000 dólares por el 50% de su ficha, mientras que el Anderlecht de Bélgica ofreció US$ 2.000.000 por el pase; pero en ambos casos el salteño manifestó que solamente aceptaba ser transferido si la operación la realizaba Daniel Fonseca, que por entonces era su representante.

En ese escenario, y en un momento en el que atravesaba serias dificultades económico financieras, Nacional se vio obligado a aceptar la propuesta que le presentó el empresario: 900.000 dólares por el pase al Groningen, un club chico del fútbol de Holanda.

Sin embargo, aunque la negociación generó malestar en algunos directivos de Nacional, como el caso de Ricardo Alarcón, que estuvo encargado de llevarla adelante, los tricolores estamparon en la documentación con la cual se cerró la transferencia de Suárez una cláusula que un año más tarde cobraría su verdadera importancia: les correspondería el 10% de un segundo pase.

Tras una temporada jugando en Groningen, el delantero fue transferido al Ajax de Ámsterdam por US$ 8.000.000, por lo cual Nacional cobró US$ 800.000 más; casi tanto como recibió cuando vendió la ficha del jugador un año antes. El negocio, al fin, no había sido malo como se pensó en primera instancia.

"Te aseguro que no te va a fallar" (POR MARTÍN LASARTE - ENTRENADOR)
A mí el dato sobre Suárez me lo pasa Ricardo Perdomo. Fui a ver un partido al Palermo entre Central y Liverpool que había quedado colgado del campeonato anterior, no sé por qué, y en Liverpool jugaba Sebastián Vázquez, que después lo traje a Nacional ese año (2005).

Ahí le dije a Ricardo: “Dame más o menos qué gente hay, no tengo muy claro todo”; porque en Primera ya tenía a Pablo Caballero, Albín, al “Chori”… entonces Perdomo me dice con mucha seguridad: “Subí a Suárez”. Yo le pregunto: “¿Suárez? ¿Es delantero?”; porque no lo conocía. Me contestó: “Sí, subilo; te puedo asegurar que no te va a fallar”. Y…bueno, tenía razón.

Esto debe haber sido una semana antes de empezar la temporada y él (Suárez) estaba en España, en lo de la novia, en Cataluña. Así que el lunes que empezamos a entrenar apareció con nosotros. La idea era tenerlo un semestre evaluándolo y Luis cumplió con las expectativas de una charla linda que tuvimos con Abreu un mediodía, después que terminó el entrenamiento, y como era marzo o abril y el tiempo estaba bárbaro, nos quedamos sentados, hablando.

Esa vez Sebastián me dijo: “El día que pongas a éste, los demás nos tenemos que buscar trabajo”. Ya pintaba, tenía cualidades; y esa necesidad imperiosa de mejorar, de hacer más goles. Nunca se quedaba contento, cuando erraba un gol se enojaba mucho consigo mismo”.

A mí me sorprendió lo que generaba, se encargaba de hacer todo; yo lo tenía claro, pero fue doloroso. A él le dolió que la gente le gritara por los goles que erraba; pero él se encargó de dar vuelta eso.
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