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con la pólvora mojada: cómo fue el partido de Osvaldo y Teo

El 9 de Boca estrelló el balón contra el palo y dijo tras el partido: "Lástima que no se me dio el gol"; en River, ni el colombiano ni Cavenaghi crearon peligro; el jueves, todos tendrán revancha



Daniel Osvaldo jugó su superclásico 341, aunque fue el primero en cancha. "Ya lo jugué en mi cabeza como 340 veces", había comentado en la antesala del duelo ante River en la Bombonera. Y aunque no gritó, el 2-0 en casa fue el mejor regalo que podía tener para su estreno contra el rival de toda la vida. Enfrente, tampoco hubo gritos de Teo Gutiérrez y Fernando Cavenaghi , que se repartieron minutos en cancha, pero no contaron con chances de marcar. Fueron goleadores sin gol, aunque podrán tomarse revancha en las próximas dos semanas, cuando River y Boca se vuelvan a cruzar por los octavos de final de la Copa Libertadores.

El que avisó primero fue Osvaldo. A los 9 minutos, reventó el palo derecho de Barovero y puso a River contra las cuerdas. Fueron momentos de actividad intensa contra el arco visitante, con él como abanderado. Activo, siempre descargando hacia las bandas, sólo se empezó a molestar cuando Boca cedió el protagonismo. A los 29, un desborde de Carrizo por la derecha terminó en un centro al punto del penal que Osvaldo leyó a la perfección. Dejó pasar la pelota y Chávez contó con la chance más clara, pero el ex Banfield prefirió elegir el ángulo cuando la jugada pedía un zapatazo al corazón del arco. Del otro lado, poco de Teo en la primera etapa. Sirvió como descarga e intentó conectarse con Mora, pero no estuvo fino. El uruguayo, de mejor rendimiento en 2015, terminó resultando más peligroso y hasta contó con un par de oportunidades para marcar.

Ya en la segunda mitad, llegaron las imprecisiones de ambos lados, aunque Boca fue quien terminó festejando con tantos de Cristian Pavón , uno de los tapados del clásico, y Pablo Pérez. Los gritos llegaron desde el banco xeneize, que mostró mejor recambio que el visitante. Lejos de su mejor versión, Teo fue reemplazado a los 24 minutos por Cavenaghi. Pero Cave sólo tocó un par de balones y recibió la mayor silbatina de la noche. Desde su ingreso, River, contrario a lo que esperaba, dejó de buscar el arco rival y le cedió la iniciativa a Boca. Desde allí se explica cómo el local pudo llevarse un superclásico que parecía cerrado, que daba signos de un empate sin goles y que no encontraba claridad. Con un final arrollador, Boca celebró el 2-0 y sacó una cabeza de ventaja para lo que vendrá. Todos tendrán revancha..

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