Cristiano Ronaldo es una mina


Nada más marcar, Cristiano cerró el puño y miró al banquillo del Madrid buscando a Ancelotti, la persona que más le ha defendido en esta crisis. Carlo le devolvió un guiño cómplice porque ya había avisado que marcaría. Y lo clavó.



El gol que logró ayer en Gelsenkirchen no fue uno más de los 290 que lleva en el Madrid. No es ningún secreto que esta racha de tres partidos sin marcar, unida a los dos partidos de sanción y a la resaca de su cumpleaños, le tenía especialmente afectado. No era Ronaldo, sino un espectro del jugador que recogió el Balón de Oro hace apenas un mes. Pero la Champions le resucitó.

Consciente de que todos los focos le apuntaban, Cristiano se esmeró en firmar una gran noche. Y, aunque su partido no fue memorable, recuperó sensaciones del pasado. En el rondo inicial era fácil reconocerle: era el único jugador con pantalón largo y sin rastro del rosa con el que jugó el Madrid ayer. El colorido lo dejó para el partido. Durante el calentamiento, se encargó de que Isco y Bale entendieran cómo pensaba moverse. Su charla con los dos delataba su ansiedad por marcar.

Sus ganas de ver puerta le llevaron en los primeros minutos a hacer cosas que no le corresponden. Se involucró en exceso en la creación del juego, alejándose del área más de lo que su estado físico y sus características recomiendan. Tardó 20 minutos en darse cuenta, pero cuando lo hizo, recuperó la felicidad.

Partiendo desde la posición de delantero centro, empezó a merodear el gol. Y en el minuto 26, cabeceó a la red un centro de Carvajal. Era el tanto deseado y Cristiano lo celebró corriendo hacia el córner con las manos en las orejas, reivindicando su figura tras casi media hora de abucheos.
Su sexto gol en Champions

El gol, el sexto que marca en esta Champions, dio pie a los mejores minutos de Cristiano en mucho tiempo. Persiguió rivales, corrió a cada balón, se asoció con acierto con Benzema y hasta recuperó el tono a balón parado. Una falta en el 34’ a punto estuvo de convertirse en el gol de la noche, pero el joven Timo Wellenreuther voló a la escuadra para evitar el 0-2.

La segunda parte la inició pegado a la izquierda y creó problemas al japonés Uchida cada vez que le encaró. Hasta se le vio más fresco que en partidos atrás a la hora de enfrentarse a sus marcas. De hecho, desde esa posición y de sus botas nació el 0-2 de Marcelo.

Con el que no siempre pudo fue con el césped. En el minuto 56, un mal bote le impidió disparar dentro del área, en posición franca, tras un gran pase de Benzema. Su enfado en esa acción fue monumental, aunque no echó por tierra su alegría general. Su gol 73 en la Champions (está a dos de Messi) y su gran acción en el tanto de Marcelo habían sido decisivos para dar al Madrid un triunfo clave en Europa.