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Dale, campeón


A pesar de la derrota, los hinchas despidieron al equipo con una ovación bien motivadora. Tras el 0-1 ante Estudiantes, les recordaron que son el mejor plantel del fútbol argentino y les pidieron: "pongan huevo, que acá no pasó nada". ¡A levantar contra Olimpo!

Algún día iba a pasar. Por más que había olvidado el sin sabor de la derrota, era probable que el conjunto dirigido por Marcelo Gallardo trastabillara antes de que terminara el semestre. Ni una máquina hubiera podido mantener el andar victorioso que sostuvo este equipo exponiendo liderazgo, continuidad en las copas e invicto cada tres días.

Además, para este duelo con Estudiantes, en el Monumental, se habían acumulado una serie de factores determinantes para que este traspié ocurriera. Por un lado, las convocatorias de las selecciones nacionales motivaron un cambio de esquema que claramente no rindió y generaron ausencias irremplazables para el funcionamiento del equipo, como la de Carlos Sánchez.

Es que Teo Gutiérrez, bien o mal, tiene recambio en las explosiones -aunque muy esporádicas- de los pibes, como ocurrió en Asunción, cuando también debió viajar con la Tricolor. Pero el uruguayo no, como tampoco lo tuvo Carlos Carbonero durante el semestre pasado. Y River lo sintió y mucho, porque Solari no logra asentarse y menos aún cuando la exigencia del partido o de los hinchas apremia.

Mientras que por otro lado, el desgaste y la trilogía de encuentros con Estudiantes también incidieron en esta caída. El cansancio, está claro, mermó notoriamente el nivel de juego. En los últimos dos o tres partidos, el Millonario casi no tuvo el fútbol al que se había acostumbrado en la etapa inicial de la temporada y este rival, que tuvo la posibilidad de estudiar al River de Gallardo de pies a cabeza, supo sacarle provecho.

Lo hizo durante 45 minutos en La Plata, durante buena parte de la revancha en el Monumental y anoche, al convertirse en una muralla infranqueable capaz de asegurarle la victoria que no había podido sostener en los dos duelos previos. De esta misma manera lo entendió la gente, que -a pesar de la bronca por no haber aprovechado la caída de Lanús- despidió al equipo a pura motivación.

"Dale, campeón", tronó por todo Núñez a modo de apoyo, mientras los jugadores se retiraban cabizbajos del campo de juego. Es que la esperanza todavía está intacta. La del hincha y la del Muñeco, que una vez consumada la derrota declaró: "No pasa nada, de las derrotas se aprende".





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