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Daniel Hourcade: el niño cantor que llegó a Los Pumas

Rugby: Hourcade cuenta su infancia en Tucumán, su pasión por el fútbol y el sueño que vive hoy.

Realidad. “Sin el rugby, seguiría trabajando en un banco”, admite el Huevo.

Dos secretos bien guardados surgen de la charla íntima y relajada con Daniel Hourcade. Uno es que si bien para el mundo del rugby es “Huevo” (“Porque de chico tenía la cabeza con la forma de un huevo”, cuenta), sólo algún íntimo como José Santamarina lo llama “Demonio” (“Es un apodo de la juventud, de una buena época, ja...”, amplía mientras lanza una primera y sonora carcajada); el otro es que su niñez tucumana, el entrenador de Los Pumas fue... niño cantor de la lotería y quiniela entre los 12 y los 14 años. “Cuando falleció mi padre fui el único de mis cuatro hermanos que pudo salir a trabajar. Por eso digo que trabajé toda mi vida”, recuerda. “En aquel tiempo lo hacía entre las 7 menos cuarto y la 1 y media, después iba al colegio, entre las 6 y media y las 8 estudiaba y a las 8 y media volvía a trabajar. Era en la Caja Popular de Ahorro, el banco que maneja el juego en Tucumán. Cuando a los 14 años me cambió la voz y no pude seguir con eso de “niño cantor”, ya entré al banco como cadete, luego fui ordenanza y auxiliar y llegué a gerente. Estuve 33 años en el banco...”.

-Después de la secundarias seguiste trabajando ¿y también estudiabas?


-En la universidad hice Ciencias Económicas. Era compañero del enano Merlo, un histórico del rugby tucumano. Debo dos materias.

-¿Y?


-Ya está, ya pasó ja, ja, ja.

Está cómodo Hourcade. Se le nota. Y repasa sus inicios de entrenador en las juveniles de su club, Universitario, a mediados de la década del 80, y su paso por los seleccionados de Tucumán, el Menores de 21 de Argentina, Portugal y Rouen de Francia. Pero la charla sigue lejos del rugby.

-Cuándo llegás a tu casa y te sacás el buzo de DT, ¿cómo sos?


-Es que en todo momento estoy dando vueltas con el rugby porque esto para mí no es una obligación ni un trabajo sino una pasión y un privilegio estar donde estoy. Trato de separar los momentos. Cuando estoy con mi familia, hago una vida muy tranquila y cosas simples como juntarnos con amigos o salir a comer, por ejemplo. Pero la verdad es que sin rugby me aburro.

-Una cena con empanadas y vino o el análisis de un video.


-No tomo alcohol, así que las empanadas son con gaseosa ja, ja, ja. Las dos cosas me apasionan y en la vida hay que tener un equilibrio.

-¿Atlético o San Martín?


-¡Atlético! Tenía mi butaca en la época de oro, en la de Ricardo Julio Villa. En realidad soy muy futbolero; era 7 ó 9 y jugaba en la liga bancaria. Pero además jugué al básquet y al voley, y más tarde me volqué al squash y al padel. Todos los deportes me gustan, y más los que tienen pelota.

-Hablaste de la familia. ¿De quiénes se compone?


-Compliqueti (sic). Dejalo ahí, ja, ja... No, tengo a mi mujer y mis tres hijos que viven con su madre. Los dos varones jugaron al rugby pero dejaron, y el más grande es referí. Espero que no lo puteen mucho.

-De adolescente o ya de joven, ¿ibas a ver a Los Pumas?


-Nunca me perdí un partido en la medida que pude hacerlo. Mirá, yo cumplo años el 7 de junio y como siempre en esa fecha jugaban Los Pumas, no recuerdo un cumpleaños en casa.

-¿Qué jugadores recordás?


-Un montón. Landajo, Fabio Gómez en mi puesto. Y después, Diego Cash, “Georgie” Allen, Pablo Garretón, José Santamarina hasta llegar a Agustín Pichot. De la vieja época, Sansot, que era diferente; tengo la imagen de Arturo Rodríguez Jurado...

-Pasó el tiempo, entrenaste durante muchos años.¿Te imaginaste alguna vez ser el head coach de Los Pumas?


-Tampoco. No soñaba con Los Pumas para nada. Yo siempre pensé que no me tenían en cuenta ni aún entrenando a los Pampas. Ni lejos estaba de pensar en esto.

-¿Por qué?


-No sé. Por el perfil bajo, quizá, uno piensa que esas cosas están hechas para el otro.

-¿Alguna frase de cabecera?


-No desistir jamás. Es de un preparador físico portugués, Tomaz Morais, que siempre me pegó mucho. Es que yo no tuve una vida fácil y a mí los desafíos me encantan. Con Portugal jugamos un Mundial con un país con 3 mil jugadores nada más. En el SIC tenés 1.500...

-¿Qué sería de tu vida si no hubieras conocido el rugby?


-Seguiría en el banco, posiblemente. Gracias a Dios estoy acá.
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