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Dante: "Todavía duele mucho"


Su presencia no pasa desapercibida en el campo. Su figura atlética, su voluminoso pelo y su instinto para neutralizar el peligro en la zona caliente le han convertido en un referente en la zaga del Bayern de Múnich. En los últimos años, el brasileño de 31 años ha saboreado las mieles del éxito con el club, pero también ha vivido las horas más amargas con su selección, inflingidas, paradójicamente, por algunos de sus compañeros de diario…

Sin miedo, Dante analiza para FIFA.com qué les falló a los anfitriones en la Copa Mundial de la FIFA 2014™, y desvela algunas de las claves del juego que les propone Josep Guardiola en el campeón alemán.

Tras una temporada entera a las órdenes de Josep Guardiola en el Bayern de Múnich, ¿son ya palpables las diferencias entre el equipo actual y el de Jupp Heynckes?

Creo que la diferencia más clara es la que ya se esperaba: está en el hecho de que con Heynckes teníamos un estilo más directo, mientras que ahora trabajamos para tener más paciencia y mantener la posesión del balón durante más tiempo.

¿Qué implica ese estilo de juego para quienes se desempeñan como defensas?
Lo que ocurre es que, para jugar así, el equipo tiene que estar siempre concentrado. Si nos posicionamos en las zonas correctas entre las líneas del equipo contrario, si acertamos en los pases, el inicio de las acciones ofensivas depende más de nosotros, los defensores. En un momento en el que estemos desconcentrados, por otra parte, eso provocará ocasiones de contragolpe: cuanto más nos proyectamos y avanzamos nuestras líneas, más dependemos de nuestra precisión, porque corremos más riesgos. Sin embargo, para un central, tener la posesión del balón siempre es algo positivo: si tenemos el balón, significa que no nos van a atacar.

Y tener detrás a un portero como Manuel Neuer ayuda mucho, ¿no?
Sin duda alguna. Para poder adelantar las líneas hay que tener un arquero que no tenga miedo a salir del área y que siempre esté disponible para recibir el balón cuando sea necesario. Por no hablar de que es buenísimo parando, claro. Tiene una confianza en sí mismo increíble, y eso transmite tranquilidad a todo el equipo.



Es habitual ver a futbolistas que trabajan con Guardiola hablar así, de forma muy clara, sobre aspectos tácticos. ¿Es un entrenador que se esfuerza por transmitirlos de forma detallada?
Siempre. Esa es otra característica muy destacada suya: insiste mucho en aclararles a los jugadores todas las opciones. Y en un plantel a menudo hay que repetirlo varias veces, hasta que el concepto se asimile. Y es más: no sólo expone un plan, sino que prevé dos y a veces hasta tres alternativas para el caso de que algo no esté funcionando: “Vamos a hacer esto, pero en caso de que suceda tal cosa, lo cambiaremos y haremos esto otro”. Es algo de verdad impresionante.

A mucha gente le ha sorprendido la rápida adaptación de Guardiola a Alemania, y usted sabe muy bien lo que significa eso: hace ya cinco años salió de Salvador de Bahía y no tardó en sentirse cómodo en la Bundesliga...
Sí, me lo comentan mucho: hacer frente al frío, a la barrera del idioma... Pero yo siempre pensé en todo eso, sinceramente, como barreras fáciles. Si tanta gente aprende el alemán, ¿por qué no voy a hacerlo yo? Estaba preparado para superar este tipo de obstáculos y poder llegar adonde he llegado.

¿Cuál fue la barrera difícil?
Lo más difícil, para mí, es tener la preparación —en todos los aspectos— para mantener un alto nivel durante años, semana tras semana, jugando bien cada tres días. Alcanzar un nivel alto no es tan difícil: el gran desafío consiste en superar todo lo necesario para mantenerse. Comparado con eso, el frío no es nada.


Esa presión, en el caso del Bayern, parece ser todavía más específica: después de ganarlo todo en 2012-13 y de convertirse en uno de los equipos más elogiados del mundo, se diría que mucha gente considera las victorias del club como algo normal, ¿no?
Sí, es verdad. No entiendo la mentalidad de quien considera normales nuestros títulos, como si no hubiese adversarios enfrente. Eso genera una energía negativa, y tenemos que mentalizarnos para no dejar que nos contagie. El fútbol es mucho más complicado de lo que algunas personas piensan: no importa cuántos talentos se tengan, hay que trabajar mucho durante toda la semana para poder plantearse siquiera ganar un título.

En el plano personal, usted se ha mantenido en un alto nivel con tanta regularidad que la asociación de futbolistas acaba de elegirlo mejor central de la Bundesliga por tercera temporada consecutiva. Que haya partido de sus propios colegas, ¿hace que el premio sea más especial?
Es muy, muy especial. Respeto mucho a la crítica deportiva, pero es estupendo recibir el reconocimiento de quien está ahí dentro, viendo el día a día. Tener el aval de estas personas confirma que estoy haciendo un buen trabajo, y me hace sentir muy orgulloso. Pero, insisto: ahora lo difícil es seguir manteniendo este nivel.

A estas alturas, casi resulta inevitable sacar este tema: la semifinal de la Copa Mundial de la FIFA™ contra Alemania. ¿Ha vuelto a ver el partido? ¿Cómo lo analiza ahora, transcurridos unos meses?
He visto algunas jugadas, sí. En mi opinión, lo que ocurrió fue que, psicológicamente, no nos preparamos de forma adecuada para el Mundial. Teníamos que ponernos en la posición de favoritos e interiorizar la necesidad de ganar, pero respetando el deporte y lo que tiene de imprevisible. Cuando vimos que recibíamos el segundo y el tercer gol, simplemente no lo aceptamos. No razonamos. No pensamos que hacía falta encarar la situación y ser más inteligentes. En vez de eso, nuestra reacción fue de: “Esto no es posible. No puede suceder. Tenemos la obligación de ganar el Mundial. Vámonos arriba”. Entonces, eso se convirtió en una conmoción, que provocó el 7-1. Y eso cuando todos sabemos que al atravesar una mala fase dentro de un partido es normal cerrarse, parar un poco. Y muchas veces acaba consiguiéndose un gol en una falta, o en un saque de esquina. ¿Cuántas veces no lo hemos visto en nuestros clubes?


El marcador no refleja la diferencia de calidad entre los dos equipos, pero sí la forma en que, psicológicamente, nos situamos en ese Mundial. Por culpa de la presión, no estábamos preparados para adversidades. Desde la Copa Confederaciones, en todos los partidos —excepto el primero del Mundial, contra Croacia, que fue dificilísimo—, empezamos adelantándonos, y casi siempre pronto. Estábamos preparados para ser campeones, pero no para hacer frente a adversidades. Y ese ambiente de “tenemos que ganar” incluso puede ser positivo para el trabajo en algunos momentos, pero, psicológicamente, hay que tener más visión que eso.

No tengo problema en hablar de ello. No me dan miedo las críticas. No voy a olvidarlo, y todavía duele mucho. La vida no ayudará a que pase este dolor hasta que ganemos nuevos títulos, pero hablo con tranquilidad.

Hay quien dice que nunca un equipo jugó sometido a tanta presión como Brasil en este Mundial. ¿Está de acuerdo?
Es bastante posible. La selección brasileña es algo único, y el Mundial es un torneo incomparable. Disputar un Mundial dentro del propio Brasil no es para cualquiera. Yo viví intensamente cada minuto, al margen del resultado final, y tuve una gran experiencia, tanto positiva como negativa. Aprendí mucho.

¿Qué aprendió?
Aprendí que el fútbol también puede darte decepciones, dentro y fuera de la cancha. Aprendí que, sin control psicológico, llega un momento en el que “amor”, “garra” o “emoción” no bastan. Hay que mantener la capacidad de pensar.



Desde entonces, ¿ha hablado con miembros del equipo de lo que ocurrió aquel día?
Sí. En los días siguientes hablamos mucho, y un tiempo después hablé con gente de fuera, como Roque Júnior, por ejemplo, que es una persona experimentada y muy inteligente. Uno habla y aprende. No soy de los que no quieren hablar del tema o fingir que no sucedió. Duele, pero si hay una razón por la que he llegado hasta aquí en mi carrera es la capacidad de encarar las cosas y de tener perseverancia para superarlas.



¿Tiene miedo de quedar marcado por haber formado parte de aquel equipo?
Miedo, no. Yo tengo fe en Dios: si me puso en aquella situación es porque sabe que soy capaz de aguantarla. Quedaré marcado para algunas personas, pero yo sé muy bien cuál ha sido mi camino hasta llegar aquí. Lo he ganado todo en el fútbol, excepto el Mundial. En 2013, fui el futbolista que más grandes trofeos ganó en el mundo, y no por eso me hicieron una estatua, ni nada parecido. ¿Por qué voy a creer que hay que hacer hincapié en todo lo negativo? No tiene lógica. Únicamente me entristece que le duela a mi familia, a mis hijos. Pero, aun así, si les duele, su padre les mostrará cuántos trofeos ha ganado en su carrera y se les pasará. Si quieren dejarme marcado, que lo hagan. Pero he pasado por muchas batallas en una trayectoria de años como para resumirlas ya no en 90 minutos, sino en 20 minutos como aquellos.

Además, usted es uno de los que mejor saben la calidad que tienen los futbolistas alemanes. ¿Ya imaginaba que fuesen a llegar a la Copa Mundial de la FIFA con semejante nivel?
Claro que sí. Antes del Mundial yo ya había dicho que, en mi opinión, eran los favoritos, junto con Brasil, Argentina y España, de la que yo todavía esperaba mucho. Al fin y al cabo, había siete futbolistas del Bayern en aquella selección, y cada vez que volvían al club después de jugar con su país yo veía lo mucho que hablaban entre ellos sobre lo que había funcionado y lo que no había funcionado. Detrás de su éxito hay mucho trabajo y mucha autocrítica. Todos son muy flexibles, y están dispuestos a mejorar: Neuer, Schweinsteiger, Lahm, es gente que tiene un peso importante en el equipo, y siempre están dispuestos a esforzarse para que el grupo mejore.



Al referirse a la selección brasileña ahora, ¿habla como algo del pasado? ¿Sigue teniendo una ambición al respecto?
Bueno, yo trabajo en primer lugar para el Bayern. Tiene que ser así. Entiendo perfectamente que después de un Mundial, con la llegada de un seleccionador nuevo, vaya a haber oportunidades para los más jóvenes. Es natural. Pero, por supuesto, si en algún momento se produce una nueva convocatoria, yo iré encantado. Por todo lo que siempre me ha dado la selección, por el orgullo que ha generado en mí y en mi familia, no tengo ningún derecho a decir que no a la selección brasileña.
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