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De Cartonero a Compañero de Román




De Cartonero A Compañero De Roman






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Cristian pochi chavez














"CUANDO LLEGUE a jugar en Primera, mirá que no te voy a dar nada”. Aquella frase le salió desde las entrañas. La bronca del mal trago lo llevó a pegar ese grito amenazante. Cristian Chávez no recuerda en qué fecha lo dijo, pero sabe que un día ocurrió. Su madre, Rosa, quien no lo dejaba ir a patear al potrero, ligó el palazo. Ella pretendía que su hijo estudiara, que no se expusiera a lidiar entre físicos robustos y desarrollados, y que no se embarrara detrás de una pelota. Rubén, su padre, continuaba la línea. Tampoco quería que el nene se entremezclara con los adultos. Primero, por un tema lógico de edad. Segundo, porque se armaba algún revuelo en el barrio San Atilio, en José C. Paz, y agarrate. “Tenían razón, pero me escapaba. No me podían encontrar y aparecía a las seis o siete de la tarde por casa. Me iba a jugar con los más grandes. Me encantaba el fútbol”, asegura el crack xeneize.





Si bien empezó a dar los primeros pasos a los seis años en Primavera del Plata, club de su barrio, en cancha de siete, creció de golpe a los 12. Ahí comenzó a transitar los campeonatos barriales, por un gusto personal y también porque había que colaborar en su casa. “Era una época difícil. Quería ganar mi plata y ayudar a mi viejo. A pesar de ser chiquito, veían que jugaba bien. Los muchachos me iban a buscar y me llevaban para todos lados en bicicleta. El torneo se terminaba en el día. Pagabas una inscripción de 150 pesos y se quedaba con la mayor parte del pozo el equipo que lo ganaba. Nosotros jugábamos el primer partido a las 9 y, si ganábamos, teníamos que esperar hasta las 12 o 12.30 para volver a entrar. Entonces, comprábamos una faldita y la hacíamos a la parrilla. No podíamos gastar en asado porque era caro. Qué linda época. Lo volvería a hacer. Para mí eso era como es estar hoy en Boca”, apunta.




Las anécdotas surgen. Se abre aún más el cofre de los recuerdos, que brilla en los ojos del volante. “Los torneos los ganábamos casi siempre y volvía con plata a casa, contento. Me traía 50 o 60 pesos que para mí eran un millón. Antes con 10 mangos comprabas bastante; hoy con 100 no hacés nada –se lamenta-. Una vuelta salimos campeones y le compré a un tipo de ahí mis primeros botines. Ya era bostero desde aquel momento, al igual que mi viejo. No podíamos ir a la Bombonera y viajábamos a Derqui para mirar los partidos por cable. Fuimos solo dos o tres veces a la cancha a ver al equipo en la Copa Libertadores”.









































Graciass Por Entrar......






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