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de pedir monedas para el colectivo a romper el mercado euro

James Rodríguez, de pedir monedas para el colectivo en Luis Guillón a romper el mercado europeo
Una infancia dura, problemas de tartamudez, varias mudanzas y el karma de la mala pronunciación de su nombre. La historia del crack colombiano que creció en las inferiores de Banfield y revolucionó el mercado europeo.







No hablaba. Pero había una sola cosa que transformaba su cara de niño ejemplar: cuando pronunciaban mal su nombre y lo llamaban "Yeims".

James, con jota, así, como se escribe, decía el pibe que creció en Luis Guillón y que hoy revoluciona el mercado de pases en Europa.

Todo se dio de forma prematura en la vida de James. Nació en Cúcuta pero a los 3 años ya tuvo que mudarse cuando su madre, Pilar Rubio Gómez, se separó de su padre, Wilson James Rodríguez (ex jugador profesional) y decidió comenzar una nueva vida en Ibagué, una ciudad del centro de Colombia. Fue su padrastro, Juan Carlos Restrepo, quien lo llevó a la Academia Tolimense, donde empezó a jugar a la pelota, con apenas cinco años. James tenía bien en claro quién era su ídolo en el fútbol: Oliver Atom, la gran figura de los "Supercampeones", la mítica serie japonesa de fútbol.

Después de salir campeón y goleador en la Academia Tolimense, a los 14 ya debutó como profesional en el Envigado F.C. Entró a los 18 minutos del segundo tiempo y un minuto después tiró un caño. Por ese entonces, mientras empezaba a soltar la zurda concurría a un logopeda para tratar un problema de tartamudez que potenciaba su timidez. Ascendió con el Envigado, fue convocado al mundial sub-17 de Corea del Sur y recibió una seductora propuesta: ir a probarse a un club de Argentina.

Así llegó a Banfield. Otra mudanza. La tercera en su corta vida. El día de su cumpleaños número 17 pensó en pegar la vuelta a Colombia y dejar de lado su sueño porque estaba cansado de que un entrenador de inferiores le dijera "colombiano" en lugar de llamarlo por su nombre. La llegada de su compatriota Jairo Patiño al Taladro mejoró la estadía de James en el predio que el club del sur del GBA tiene en Luis Guillón.






Jorge Burruchaga lo tiró a la cancha en la primera fecha del Clausura 2009 contra Godoy Cruz y se convirtió en el extranjero más joven en debutar en la Primera División del fútbol argentino. Recién en ese momento pudo llegar a comprar un Volkswagen Golf -que estacionaba lejos de las camionetas grandotas de las figuras del equipo- para ir y volver de los entrenamientos. Ya no tenía que pedir monedas prestadas a los empleados del club para tomarse el colectivo. Pero es el día de hoy que sigue en contacto con aquellos que le daban los centavos que le hacían falta.

Con Julio Falcioni en el banco, James se ganó un lugar indiscutido entre los once y fue una de las figuras del equipo que salió campeón del Apertura 2009. Jugó la Libertadores 2010 mientras llovían ofertas del exterior que eran imposibles de rechazar para el mercado local. Lo tentaron el Udinese y la Juventus pero fue el Porto el que puso más de cinco millones de euros para contratarlo. Por decantación llegó a la Selección mayor y empezó una carrera ascendente.

Todavía sigue buscando su techo, James. Ganó ocho títulos en tres años en Portugal y saltó al lujoso Monaco de Francia por 45 millones de euros. El entrenador italiano Claudio Ranieri no lo ponía porque decía que James tenía problemas de mentalidad y le exigía que se ajustara a su sistema táctico, mucho más defensivo. El tiempo y fútbol, por suerte, le dieron la razón a James.






Fue presentado en el Real Madrid. Cumplirá el sueño de jugar con su otro ídolo, el de carne y hueso, Cristiano Ronaldo. Ya no le dicen "Yeims" y viene de ser el goleador del último mundial. Seguirá estudiando Ingeniería de sistemas en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia. Ya no tartamudea pero le sigue escapando a los micrófonos. Casado con Daniela Ospina, la hermana del arquero de la Selección colombiana y con quien tuvo a Salomé, su pequeña hija, James se pondrá la 10 merengue, nada menos. Sacarán cuentas de cuántos euros ganará por mes, por día, por minuto y por segundo.

Una mudanza más en su vida. Cúcuta, Ibagué, Envigado, Buenos Aires, Oporto, Mónaco, Madrid. Mientras sigue estirando su techo ya no tendrá que preocuparse por pedir monedas para el colectivo.


















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