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Diego Buonanotte: "El fútbol ya no es mi prioridad"

Diego Buonanotte: "El fútbol ya no es mi prioridad, como cuando tenía 15 años y en mi cabeza sólo había fútbol. La familia es lo que más disfruto"




Es un abrir y cerrar de ojos. Dormir una noche en Pachuca, México, y despertarse, así de repente, en Buenos Aires. Otra ciudad, otro aroma, otra vida. Un futbolista millonario, una figura del deporte, también puede ser despedido. Un jugador, con mujer, dos hijos pequeños, que debe volver a empezar. De un día para otro.Las figuras del balón también tienen sentimientos. "Había arrancado el torneo, se lesionaron dos delanteros, y le dieron la opción al entrenador de traer otro. Había que sacar a un extranjero que no fuera propiedad del club porque el libro de pases mexicano había cerrado. Yo era el único [sonríe]. Ya pasó", suscribe Diego Buonanotte, de 26 años, hoy en Quilmes. Un metro sesenta de habilidad atormentada. Estrella fugaz de River, fama, dinero y desbarranco. En un abrir y cerrar de ojos.

-Para un jugador, lógicamente, el fútbol es el trabajo. No es común, sin embargo, que te aparten del camino de un día para otro.

-Uno está acostumbrado porque sabe que la vida del futbolista es así. Pero lo que más me dolió fue que cuando llegué a Pachuca me "vendieron" que la parte humana iba a ser importante y que iban a cuidarme, tanto a mí como a mi familia, para que estemos felices. Y se cagaron en eso. En el fútbol hay muy pocas personas que tienen palabra. Ahora vuelvo a empezar. Mi hija tiene colegio y amigos nuevos. Eso es lo más difícil.

-Dejaste River, pasaste por dos equipos en España, más tarde México, ahora volvés, a Quilmes. ¿Hay reclamo interno con tanta mudanza?

-Sí, cada tanto me dice mi nena que extraña a sus amiguitos. Tenía dos en España y cuando fuimos a México le costó un poco, extrañaba. En Pachuca había hecho un amigo uruguayo. Ella no demuestra que le duelen los cambios porque es muy chiquita, pero es inteligente.

[Diego, El Enano, se refiere a Lucía, de tres años; Santino tiene uno. Jenny, su mujer, lo acompaña por todo el mundo, desde Teodelina (un pueblo de 6000 habitantes, a casi 400 kilómetros de Santa Fe). Ella nació en Ferré, no tan lejos. Es médica. Cuando le faltaba hacer la especialidad, tuvo que dejar a un costado su carrera porque el zurdo voló a Málaga. Debía escapar de los fantasmas. De los tormentos del dolor.]

-Mirando al fútbol superficialmente, jugadores como vos son estrellas que ganan sueldos exorbitantes, pero en tu caso existe también un lado B.

-Es raro. El fútbol es un negocio, ya no es un deporte. La gente que maneja a los clubes se preocupa por no perder dinero; la palabra existe en muy pocos lugares. Eso fue lo que me dolió y me puso muy triste. Todo por cuidar un resultado del fin de semana. Hay cosas que no las comparto, pero me tengo que adaptar y acostumbrarme. Es la carrera que elegí.

-Fuiste goleador y campeón con River,. Luego ocurrió el accidente, volviste a jugar, decidiste irte afuera y ahora volviste. Demasiado en tan poco tiempo, ¿no?

-Mi carrera es un poco especial. Pasaron muchas cosas que me marcaron y cambié en varios aspectos, tanto en lo humano como en lo futbolístico. Es así, es la vida que me toca y tengo que vivir de la forma que vivo. Por momentos tengo bajones y en otros estoy contento, porque tengo dos hijos que son lo más lindo que me pasó en la vida después de aquella noche tan horrible. Hoy vivo para ellos. Estar con mis hijos es lo único que me hace feliz.

[Aquella noche horrible fue la del 26 de diciembre de 2009. Llovía. Diego conducía un automóvil, de regreso con tres amigos de la infancia. De pronto, el mundo se salió de control. El choque dejó secuelas irreparables: sus compañeros murieron; él se fracturó la clavícula, el húmero y... hasta su propia vida. Ya nada fue igual.]

-¿Te ayudó la llegada de tu primer hijo?

-Si vuelvo atrás, cuando tenía 18 años, nunca imaginé que tendría mi primer hijo a los 23. Tampoco que a los 21 me pasaría eso horrible que me tocó vivir. Hay muchos cambios que uno no espera; pero cada día me levanto y pienso lo que quiero.

-¿En qué te cambió esa experiencia?

-¿Qué cambió en mí después de ese día? La verdad que no lo sé. Maduré muchísimo y pienso diferente a como pensaba antes. [Se toma una pausa; brillan más sus ojos claros]. Obviamente, muchas veces pienso qué lindo sería volver el tiempo atrás, pero tampoco sirve pensar de esa forma. Entonces trato de levantarme todos los días, ir a entrenar, algo que hacía mucho tiempo que no disfrutaba. Después vuelvo a casa para estar con mi familia, jugar con mis hijos y tratar de que sean felices. [Respira profundamente, vuelve a empezar]. No sé si volveré a ser feliz, pero soy el encargado de una familia y trataré de que ellos sí sean felices.

-Tenés la responsabilidad de que tu familia sea feliz y salga adelante. Y en la cancha, de algún modo, debés sentir lo mismo, desde otro ámbito.

-De mi familia me hago cargo yo [sonríe]. En la cancha me gusta asumir el rol de llevar un equipo adelante, pero ahí somos 11. Salvo el Barcelona de Messi, no hay un equipo que hoy en día sea manejado por un sólo jugador.

-Hace un tiempo reflexionaste sobre el hincha, sobre todo, por si te pueden llegar a gritar alguna barbaridad. ¿Está todo permitido?

-El fútbol es un deporte con tres resultados posibles. Obviamente uno siempre quiere ganar, y la gente también, pero como es un negocio corren muchísimas cosas por detrás. Se le echa la culpa a los hinchas de la violencia, aunque es un conjunto de cosas. La gente, al no poder vivir tan bien por los problemas de la sociedad, viene a descargarse y por eso genera violencia. Puede darle bronca que un jugador gane muchísimo dinero. Si pierdo, no voy a meterle una piña al árbitro. Quiero ganar, y si hay que hacer una trampita [se ríe], hay que hacerla? pero es un deporte.

-Con límites.

-A lo mejor un insulto lo puedo superar, sé que me pueden gritar cualquier cosa en una cancha. Sé a lo que vine: a jugar al fútbol y ser feliz con mi familia. Después, el que grite pavadas?

-En su momento te afectó.

-Me afectó muchísimo, incluso fue en esta misma cancha [la de Quilmes]. Hoy pasaron cinco años y estoy tranquilo. Yo sé lo que hice, sé lo que soy. La gente, por querer lastimarte o sacar una ventaja deportiva, te grita cualquier cosa, y a lo mejor a esa persona la encontras afuera, te da un abrazo y te pide una foto.

-¿Qué otras cosas te dan felicidad?

-Jugar al fútbol es lo que más me gusta. Después de todo lo que viví, no disfrutaba de muchas cosas, pero de a poquito voy encontrando las ganas nuevamente. Que Julio Falcioni me llamara para traerme a Quilmes fue lo que necesitaba para tomar la decisión de venir. Después quiero llegar a mi casa, estar con mi familia. Como te dije: feliz, feliz como era antes, no voy a ser nunca más, pero trato de hacer feliz a los demás. Si tengo un día libre me voy a mi pueblo para estar con mis familiares y amigos, comer un asado y tomar mate. Esas cosas las extrañaba muchísimo. Jugar a la pelota con mi hijo que ya está intentando caminar.

-Usualmente, el círculo íntimo gira alrededor del futbolista. ¿Aprendiste a valorar más la felicidad de los que te acompañan?

[Piensa unos segundos, se vuelve a emocionar] -En los cuatro años que estuve afuera, mi papá, que es un enfermo de fútbol, siguió mi carrera en todos lados. Viajaba mucho para Granada, Málaga o México, y cuando estaba con él notaba que lo hacía muy feliz acompañarme día a día a los entrenamientos, como cuando yo tenía 11 años. Hoy que estoy acá trato de darme cuenta de eso. Cuando era joven me quería ir a Europa a ganar dinero, pero ya no pienso de la misma forma. Trato de disfrutar más la vida.

-¿Disfrutar era volver, entonces?

-Sí, eso fue lo principal. Cuando me pasó esto en México, tuve opciones de irme a Ecuador, a Estados Unidos, a millones de lugares. Pero pensé: "¿por qué me voy a ir si quiero estar en la Argentina, con mi familia, amigos y que mis hijos estén con sus abuelos, primos?". El 30 de junio me tengo que presentar en Granada, pero quién dice. Si soy feliz acá y las cosas van bien no voy a dudar en la decisión.

-Recuerdo la publicidad que hiciste con Juan Martín del Potro. Tu imagen estaba en todos lados. Eras el 10 de River. ¿Extrañás algo de esa exposición?

-No, yo soy de Teodelina y lo que menos me gusta es estar tan expuesto. Soy una persona un poco vergonzosa; voy a lugares adonde me conocen y me da vergüenza. Son cosas que uno no espera y no se da cuenta cuando es tan chico. No sabés dónde estás parado. Pero lo que extraño es salir campeón y meter goles. Publicidades, fama, eso no.

-¿Alguna vez te mareaste?

-No, porque siempre tuve el respaldo de mi familia. Mi viejo siempre estaba atrás mío. Lo que soy es gracias a él. Y ahora tengo también a mi mujer. Siempre el respaldo de mi familia fue fundamental para marcarme el camino.

-¿Qué le dirías a ese Buonanotte campeón en River, famoso, con todo a favor?

-Tampoco voy a vivir lamentándome o pensando en lo que pasó. Fue un momento lindo, porque fui campeón y goleador con el club que nací. Salió todo redondo. Ahora estoy en Quilmes. Ojalá pueda sentirme bien; no te digo volver a ser el de antes, porque tampoco sé si es lo que quiero. Sentirme bien. A mí me alcanza eso, no hace falta meter diez goles y ser figura.

-¿Tenés nuevos sueños? ¿Personales, futboleros?

-El fútbol no es mi prioridad, a diferencia de cuando tenía 15 años que mi cabeza era fútbol, fútbol, fútbol y nada más que fútbol. La familia es lo que más disfruto. Objetivos deportivos tengo siempre. ¿Sueños? Sentir felicidad? Nada más.

Nada más, nada menos. Buonanotte lo ruega entre susurros. La sonrisa de sus hijos puede ser el prólogo del nuevo libro de su vida.

Con la colaboración de Agustín Monguillot.


GRACIAS POR PASAR

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