El ascenso, acaso un deseo para Atlético

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Si bien los números no lo sentencian, el "Decano", como jugó contra Patronato, solito se mutila



El intento de revolución fue más bien una motivación verbal, una serenata virtual ajena a la realidad futbolística actual. Y por esa simple y triste razón, Atlético, prácticamente, firmó ayer su sentencia a convivir en el futuro habiendo dejado escapar la oportunidad más generosa de la historia del fútbol argentino de llegar a Primera en menos de un semestre y jugando 20 partidos. Atlético se autocondenó, fue un caníbal sin víctimas que no tuvo otra que comerse así mismo hasta tanto encuentre una presa en medio de la selva.

Pero no. Nadie cayó en sus redes como sí lo hizo al inicio del campeonato. Este Momento habla de un grupo perdido en su propia neblina que quiso vencer al para nada virtuoso Patronato a puro pelotazo. ¿Cómo se pueden sumar tres puntos si durante los 90’ de partidos el recurso es revolear la pelota al cielo y esperar el milagro de ganar la dividida, girar y disparar a distancia? Imposible.

Fue tan pobre el andar del “decano” que la visita le faltó el respeto. Patronato lo apuró en su casa, se le paró en el mediocampo, le amagó con comerle los tobillos, entonces sus defensores revoleaban el cuero. No había fútbol asociado en los costados, no había sorpresa por el medio. Era un 11 titular quebrado en tres y sin conexión alguna. Fue tan malo su desempeño que las manos de Lucas Calviño debieron reproducirse constantemente en los 30’ iniciales. Primero le ahogó un mano a mano a Leandro Acosta, después descolgó un centro venenoso con dirección de su ángulo derecho y, por último, en el correlato de esa misma jugada, que nadie pudo despejar después de su esfuerzo, Esteban Orfano casi la manda a guardar desde la puerta del área chica. Menos mal que Lucas hizo la milagrosa.



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