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El Barcelona Argentino disfruta su momento



Carlos Sánchez y Mora disfrutan el momento, son fundamentales para Gallardo después del destierro con Ramón y sueñan. "Quiero ganar un título para dejar una huella", avisa el Pulga.



Ahí los tenés, como dos tipos que se abrazan después de pasar por una etapa mala, de castigo, censura, de exilio. Porque Carlos Sánchez y Rodrigo Mora estaban exiliados de River. Pero ahí los tenés ahora, riéndose después de otra práctica en el Monumental, riéndose de todo, de la lluvia, del frío, del viento y de los comentarios que hace Lorena Lucca, la fotógrafa de Olé , que les pide que se pongan más juntitos, frente a frente, bailar pegados es bailar. La yunta uruguaya volvió a sonreír en el River de Marcelo Gallardo.

Uno se exilió a (Puebla de) México a las apuradas para habilitarle un cupo extranjero al colombiano Carlos Carbonero. El otro buscó asilo en (la Universidad de) Chile porque Ramón Díaz no lo quería o, más bien, porque con Ramón Díaz se sacaban chispas semana a semana en una guerra fría que de cualquier manera lo iba a marginar del equipo el semestre pasado. En definitiva, si el riojano RD no renunciaba a su cargo, esta nota no hubiera sido posible, básicamente porque ninguno de los dos estaría en Núñez. Sánchez y Mora, señores. La Banda: no son 33 Orientales, son sólo dos, pero a River le sobran como para llevar a cabo la idea de juego ofensiva de Gallardo. Al menos así lo demostraron en la noche del domingo en Mendoza: un gol de cada uno en la goleada con baile a Godoy Cruz. Para gritarlos fuerte en la cancha y también en la concentración, porque Rodrigo y Carlitos comparten habitación.

Comparten algo más, en realidad: uruguayos y amigos, hacen todo de a dos. Incluso ambos se ubicaron en Palermo para estar cerca y para, además, viajar juntos a los entrenamientos: aunque se turnan los roles de conductor-copiloto, el que más maneja es Morita y el que más mates ceba camino a Ezeiza o Núñez es Sánchez; en lo único en lo que no hay acuerdo es en la música, dicen, porque al delantero le gusta la cumbia villera y al volante diestro, el rock and roll. Claro, la pequeña diferencia musical no altera la relación: “Rodri, bajá a hacer la foto para Olé ”, le escribe el moreno al punta, que estaba merendando después de la práctica vespertina. Sánchez, con su hijo mayor Máximo de sombra (lo sigue a todas partes) sale del vestuario y recibe el cariño de la gente: “Qué bien que jugaste, eh, te felicito, ¡gracias por volver!”, le dice con una sonrisa grande como una casa un hincha, mientras le da la mano en pleno anillo del Monumental.



“Volver a River y reencontrarme con tantos amigos me pone muy bien”, cuenta a la pasada el ocho. “River es un club grande, lindo, donde me quedaría a vivir: nunca me hubiese ido de acá, extrañé mucho”, agrega el Pulga, que si bien no se olvida de los goles a Boca que lo llevaron a la fama y de que “el superclásico es el partido que todos quieren jugar”, pretende que se lo recuerde por otra cosa: “Quiero conseguir un título con River para dejar una huella”. Y Sánchez coincide, aunque también mete el freno de mano: partido a partido, como les baja línea el Muñeco. En definitiva, para ellos ya es una alegría volver a estar juntos con la banda roja cruzándoles el pecho: la Banda Oriental.
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