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El coleo (un deporte llanero)

El coleo es una actividad propia del hombre que trabaja ganado de a caballo, consistente en alcanzar al novillo o toro que se aparta de la manada. Halándolo por la cola, el vaquero derriba al animal haciéndolo girar sobre su lomo.

Este arduo trabajo se fue convirtiendo en espectáculo. En Casanare, Arauca y Meta, las polvorientas calles de los pueblos se cerraban para habilitarlas como escenario al que concurrían vaqueros de los distintos hatos de la región. Para los años 50 en distintos pueblos de la Orinoquia, ya era una actividad cultural propia de sus fiestas patronales.

Décadas más tarde, Julio Eduardo Santos Quiroga, dinámico promotor de la cultura llanera, dio el paso definitivo: idealizó un evento de coleo en el que participarían distintos países de América. Ya no sería en las mangas criollas hechas en chuapo, guadua o madera redonda para competir entre amigos y aficionados.

En cambio, visionaba que se debería practicar en un escenario de estructura en concreto, con graderías e instalaciones para restaurantes, baños, parqueaderos e iluminación al estilo de los mejores estadios del país. Calculaba que concurrirían 40 mil personas y que podría verse por televisión en todo el Mundo. Sueño descabellado para los años 90. “Está loco” le decían, por creer que una actividad de trabajo del llanero pudiera realizarse en estadios.

Pero Omar Armando Baquero Soler (QEPD), gobernador del Meta para la época, le apostó al loco. En 1992 destinó una porción de terreno de la granja departamental Campoalegre en el viejo Camino Ganadero de Villavicencio, donde se habilitó un primer mangón. El sitio pasaba fácilmente de desierto a pantano con el más leve aguacero. Pero era un comienzo.

Julio Eduardo evidenció que el coleo también se practicaba en países como Cuba, Estados Unidos (en California), México, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Invirtió tiempo y dinero para buscar contactos con las entidades o asociaciones de hierra, vaquejada, rodeo, o cual fuera el nombre que distinguía esta práctica en cada territorio.

En ese entonces Santos Quiroga promovía artistas llaneros en su programa radial Viajando Por el Llano. No pasó mucho tiempo para que anunciara oficialmente la realización de aquel evento al que bautizó Encuentro Mundial De Coleo. El solo nombre era más próximo a lo imaginario que a la realidad.

Pero contra todo pronóstico, la Manga Benedicto Cely de Villavicencio vio nacer la primera versión el 12 de Octubre de 1997. El soñador no solo realizó el Encuentro Mundial de Coleo sino que lo transmitió durante dos días por Señal Colombia para el mundo.

Pero le salió caro. La realidad no correspondió con aquel deseo de querer hacer grandes cosas, y las consecuencias económicas fueron terribles para su familia. El trabajo de toda una vida tambaleó en los despachos judiciales, donde fue demandado por las pérdidas que arrojó aquella aventura. Los medios de comunicación de la capital del Meta parecían condenarlo sin juicio previo.

Ni siquiera dejó sanar sus heridas, cuando otra vez se ajustó la armadura para realizar el Segundo Encuentro Mundial de Coleo (1998). Una jugosa bolsa atrajo gran número de participantes, pues pasaron de disputar los tradicionales 100 mil pesos y trofeo, a competir por una tentadora premiación de setenta y cinco millones de pesos que fue pagada cumplidamente.

De nuevo quedaron similares pérdidas y problemas, agravados por la caída de una de las graderías fruto de la improvisación. La situación era totalmente desalentadora para el valiente emprendedor.

Pero desde otra orilla, los comerciantes, vendedores, transportadores, dueños de hoteles y restaurantes vieron crecer sus ventas gracias al enorme número de visitantes que reactivó la economía. Ellos fueron los ganadores.

En medio de negociaciones y promesas comerciales, Julio Eduardo Santos se encaminó hacia el Tercer Encuentro Mundial de Coleo (1999). También perdió dinero, pero entonces contó con el apoyo de los empresarios, y vio una luz de esperanza en los gobiernos departamental y municipal que le tendieron la mano. Ellos vieron el evento no solo como reactivador de la economía, sino también como la oportunidad perfecta para promover el turismo hacia este nuevo destino.

El coleo vivió un auge inusitado y cada domingo había faena en las mangas. Fue necesario reglamentar esta actividad de trabajo para constituirla en el deporte de los llaneros. Era tal la cantidad de practicantes que nacieron distintos clubes, se generaron las ligas, y finalmente, siendo un deporte naciente, surgió la Federación Colombiana de Coleo (2002).

El reglamento estableció los protocolos para organizar competencias. En adelante solo podría convocarla un club avalado por su respectiva liga, y si era internacional debía contar con aprobación de la Federación. Un avance que ni siquiera Julio Eduardo visionó: que la naciente rectora del coleo diera su primer paso avalando un evento internacional, mientras que otras federaciones deportivas de mayor experiencia y tradición escasamente habían podido apoyar intermunicipales.

Para estar a la altura, muchos municipios se lanzaron a construir mangas de coleo compitiendo por hacer la mejor del llano. Mientras tanto en el Meta, el gobernador Luis Carlos Torres Rueda concibió la creación de un parque temático alrededor de la cultura llanera, con la manga de coleo “Benedicto Cely” como eje principal. Nació así el Parque Las Malocas (2003).

Merecen reconocimiento otros mandatarios cuya visión y compromiso fueron definitivos. Tal es el caso de los gobernadores Alan Edmundo Jara Urzola y Juan Manuel Gonzalez, y los alcaldes de Villavicencio Juan De Dios Bermúdez, Hernando Martínez Aguilera y Omar López Robayo. Ellos como hijos de esta tierra, refrendaron a su turno el apoyo decidido y generoso al templo del coleo.

Esta práctica deportiva cuenta hoy con el reconocimiento nacional de Coldeportes, y está presente en cada rincón de la Orinoquia. Han surgido varios eventos internacionales como el Concurso Mundial de la Mujer Vaquera en marzo, para valorar a la mujer en los trabajos de campo, la Copa América, el Latinoamericano de Coleo, entre otros.

El deporte de los llaneros no distingue edad ni condición. Lo practican niños, jóvenes, adultos, mujeres y hombres. En la actualidad existen más de 200 clubes de coleo que reúnen desde el llanero criollo hasta el universitario, con más de 3.000 deportistas acreditados.

Más allá de su tradición agrícola, el llano tomó nueva importancia con el coleo. Ahora es una actividad cultural y deportiva digna de mostrar, un nuevo motivo para invitar al turista.

En octubre, cuando se celebra el Encuentro Mundial de Coleo, considerado uno de los 10 eventos más importantes de nuestro país, llegan a Villavicencio 200 mil vehículos por sus cuatro arterias viales. Es incalculable y creciente el número de turistas, a tal punto que desde 2007 el Viceministerio de Turismo declaró al Meta como el destino turístico preferido por los colombianos en el puente del Día de la Raza.

En solo 15 años se superaron todos los cálculos. Tanto las instituciones gubernamentales como la empresa privada y los órganos que rigen el Coleo han logrado mostrar las bondades que tiene la llanura, desde lo ancestral hasta lo deportivo. Los coleadores, orgullosos de su recia práctica, se esmeran por mejorar cada año sus propios records, logrando hacer del Encuentro Mundial un evento en el que todos los participantes son favoritos.

La utopía si fue posible. Hoy muchos agradecen a Julio Eduardo Santos Quiroga y su familia por la travesía recorrida. Pero él no deja de cabalgar en sus sueños, y año tras año se reinventa para sorprendernos con nuevos pasos de gigante, apenas para el tamaño de la tierra sin arrugas.
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