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El dedo sobre el Panadero esta Lacra dejo afuera a Boca



fútbol argentino es el reflejo de la sociedad. El caos y la violencia desmedida se han adueñado de lo poco que quedaba de una de las fiestas más emotivas de los argentinos. El gran negocio de un grupo minúsculo le quitó el abrazo genuino del padre al hijo después de un gol y la cargada inofensiva dentro de cada bar del país. En la inesperada noche de la Bombonera, no hubo una tragedia de milagro: tan sólo porque el fuego no resultó suficiente para incendiar una manga repleta de jugadores millonarios, policías y empleados de seguridad privada.

Frente a un panorama desalentador, con cuatro futbolistas lastimados por un preparado carcelario, Daniel Osvaldo tomó la decisión de poner la pelota en el círculo central con el fin de sacar del medio para jugar el segundo tiempo. Después de dos horas y diez minutos, el equipo local ante el guiño de Agustín Orion, alzó sus manos y saludó fervorosamente a la barra de Boca.

¿Quién le tiró pimienta de Cayena a los jugadores de River? Más allá de la investigación judicial que aún no logró identificar a la persona que arrojó el compuesto, existen varias hipótesis que coinciden en algo: el hecho estuvo premeditado a raíz de una feroz interna de la barra de Boca que viene amenazando desde enero. Para esa fecha, la dirigencia, a través de Carlos Martínez, mano derecha de Daniel Angelici, reunió a Rafael Di Zeo y Mauro Martín con la intención de devolverles las llaves de La Doce, que tenía Fido Debaux. Se creía que nadie hubiera podido soportar políticamente el hecho de tener a Martín y Di Zeo de adversarios. Tanto era así que un directivo de la entidad de la ribera explicó: “Preferimos al enemigo adentro pero controlado, antes que afuera haciendo quilombo”.

Con la reaparición de los históricos barras durante la goleada en Mendoza 5 a 0 ante River, sumada a la caída del grupo de Caseros y San Martín, se formó un nuevo frente de batalla integrado por Maximiliano Mazzaro, Corbacho Villagarcía, Gustavo “El Oso” Pereyra y Oscar “Cacho” Otazú. Esta facción disidente no sólo asistió al superclásico del pasado jueves sino que, además, se mostró orgullosa en la tribuna del Riachuelo. Y como si eso fuera poco se empezaron a conformar diferentes grupos de pesos pesados que pretendían tener los mismos privilegios que la nueva conducción.
Aunque la dirigencia de Boca prefiere mantener en silencio la identidad del agresor, maneja un nombre de trayectoria tribunera: Adrián Napolitano. Conocido como el Panadero, es un integrante de la barra, de tercera línea de una agrupación opositora, que hace algunas semanas tuvo una pelea con otro miembro de la hinchada cuando Boca jugó
ante Wanderers. Napolitano, distanciado de Di Zeo y Martín, habría querido demostrar su poder frente a la CD y a los líderes del grupo oficial. Fuentes policiales aseguran que le entregaron a la Justicia una escucha telefónica entre dos barras en la que avisaban que había una sorpresa para el superclásico. “No podemos quedarnos de brazos cruzados. Es el momento de hacer algo”, explicaba uno de ellos sobre un negocio que pretendían recuperar.

Hasta hace poco tiempo, Napolitano mantuvo un vínculo con Marcelo Aravena, hombre fuerte en la barra, puntero político de la zona de Lomas de Zamora y dueño de una parte de la Feria de la Salada. Lo curioso es que, anteriormente, el Panadero había viajado a ver a Boca con el grupo de Los Pinos, liderado por Mazzaro. “Cada vez que pasa algo nos apuntan a nosotros. El Panadero es de la barra pero no para con nosotros”, le confesó a PERFIL un importante miembro de la facción de Di Zeo.

Federico Blanco, es otro de los apuntados como el que ejecutó el plan macabro que terminó con cuatro futbolistas de River internados. Si bien no está relacionado directamente a la barra, tampoco parecería ser un santo. De hecho está catalogado como uno de los hinchas más revoltosos de la bandeja baja. “No es de la barra porque no vive de Boca como todos los demás, pero tiene un enorme prontuario de quilombos”, explicaron del Ministerio de Seguridad.

Por otro lado aparecen otros dos nombres, que también estarían implicadas en el hecho. Se trata de Facundo y el Mono, barras que al cierre de esta edición, los investigadores están tratando de identificar.

Se sabía que algo extraño podía suceder. Era la noche ideal para un pase de factura. Lo tenía claro la dirigencia, lo entendía Sergio Berni y lo imaginaban los simpatizantes. Por eso, antes de comenzar el encuentro, se llevó a cabo una minuciosa inspección en distintos sectores del estadio. Allí tan sólo se encontraron dos banderas, que fueron entregadas a Claudio Lucione, hombre fuerte del Departamento de Seguridad de la institución xeneize, y desde ese momento, la cancha quedó habilitada. La pimienta, el drone y las bengalas ingresaron después, nadie sabe cómo. Lo que si se conoce es que la interna de Boca se encuentra en su peor momento.
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