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El día en que Pisculichi silenció la Bombonera

Argentinos amargó a Boca sobre el final con un golazo de Pisculichi



El equipo de Bianchi empató 1-1 en la Bombonera y desperdició la chance de prenderse en la pelea de arriba. Los de Borghi, que luchan por no descender, igualaron a cuatro minutos del final.

Se quedó con las ganas Boca. Por no liquidarlo. Por no haberle metido el segundo gol a Argentinos. Por no haber quedado ahí del puntero, Estudiantes. Cuando el partido se moría, en La Bombonera, la visita llegó al empate por un tremendo zurdazo de Pisculichi, sin hacer mucho mérito como para llevarse algo a La Paternal. Para el dueño de casa, en la primera etapa, había abierto el marcador Gigliotti.

Sin Gago ni Insúa, suspendidos, con Acosta y Zárate en sus lugares, el equipo de Carlos Bianchi no fue la tromba en el inicio del juego en La Bombonera que muchos hubieran imaginado. De hecho, durante los primeros instantes, la posesión de la pelota era dividida, aunque como el local, el equipo de Borghi también carecía de profundidad. Recién sobre los 12 minutos, tras una falta por la que Diego Abal amonestó a Barisone, Boca pudo llevar peligro al arco de Nereo Fernández, pero no lo hizo, dado que el remate bajo de Riquelme se estrelló en la barrera. Casi festeja el 10 luego de una corajeada de Erbes por derecha. El volante metió el centro y el capitán local remató de sobrepique por encima del travesaño. Sin elaborar juego, los de la ribera comenzaban a llegar. Recién a los 33 se vio la primera chance certera de gol, cuando Fernández se lució al taparle un cabezazo bajo a Gigliotti en el momento en que toda la Bombonera se disponía a gritar.

Pero así como el 1 de Argentinos evitó el gol de Boca, tuvo responsabilidad en el festejo de Gigliotti. Sánchez Miño cruzó la mitad de la cancha y abrió el juego hacia la izquierda, desde donde Zárate cruzó un centro que hizo salir mal a Fernández. Desde la derecha, Acosta volvió a meter la pelota al medio, y el centrodelantero local la empujó al gol. Era merecida la ventaja de los de Bianchi. El único sobresalto que debió padecer Boca sobre el final de la primera etapa fue que debió abandonar la cancha –dolorido- Leandro Marín, que fue reemplazado en el lateral derecho por Hernán Grana.

En el comienzo de los segundos 45 minutos, todos se preocuparon cuando Bravo y Barraza chocaron sus cabezas. Por suerte, sin consecuencias para ninguno.

Con el correr de los minutos, si bien la tercera victoria consecutiva de Boca parecía no peligrar, los de Bianchi tampoco liquidaban el partido, por eso la sensación de tranquilidad aún no era plena. El DT local hizo uno de esos cambios que en La Bombonera pueden llamar la atención: sacó al más ofensivo Acosta y mandó a la cancha al más aguerrido Diego Rivero.

Los intentos de Argentinos no lograban ser sostenidos, ni se daban por jugadas bien hilvanadas. Así, de manera aislada, antes de la media hora, Serrano probó empatar de media distancia, pero su tiro se fue afuera sin inquietar a un tranquilo Orion, aplaudido por la gente cuando salió a la cancha. Encima, cuando la visita llegó a fondo, Sand le corrió la pelota a Pisculichi cuando iba a rematar casi sin oposición desde dentro del área. En el otro arco, Fernández evitó que Boca liquide el partido. Primero, vía un zurdazo de Zárate, luego, por otro de Sánchez Miño.

La calma de Boca se alteró a los 42, cuando a Pisculichi le quedó boyando la pelota cerca del área de Boca. Y el ídolo visitante soltó un tremendo zurdazo que se le metió a Orion en el ángulo derecho.

Casi no quedó tiempo para más. Sólo para los lamentos locales, por no haber ganado un partido que estaba en el bolsillo y por no haber quedado a dos unidades del puntero, Estudiantes. Como una canción en un disco que llega a su final, el grito de "que de la mano de Carlos Bianchi., todos la vuelta vamos a dar" tuvo su coda y el silencio ganó lugar.

PISCUDIOS


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