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El dia que Mano de Piedra Duran dijo "No más"...

Esta es una historia bastante conocida en el mundo del boxeo (muy emocionante por cierto). Abajo hay un relato que explica por que pasó lo que pasó. Pero si consideran que es mucho para leer, las imagenes valen mas que mil palabras. Que disfruten una verdadera lección de boxeo.



link: http://www.youtube.com/watch?v=HZGbERQLc_A


Cinco meses después de la fantástica pelea de Montreal, el 20 de junio de 1980, el espectacular ídolo panameño Roberto “Mano e Piedra” Durán y el “Niño Mimado” del boxeo Ray “Sugar” Leonard se volvieron a ver las caras en el imponente Superdome de New Orleans.

Si la expectativa para la primera pelea fue gigantesca, esta estaba también a la altura o, incluso, la superaba. La primera fue muy cerrada, con violentos y constantes cambios de golpes, dominio alterno dada la gran calidad de los contrincantes.

El final también tuvo su detalle espectacular por la reacción de ambos peleadores. Durán lucía eufórico y exultante de felicidad y prepotencia. Leonard, un poco cabizbajo y entristecido. Parecía presentir el veredicto de los jueces. Momentos antes de la decisión, el excéntrico promotor Don King, subió al ring muy sonreído y abrazó a Durán. Esto se interpretó, por alguna parte de la afición, como la señal de que Durán era el ganador y de que, de algún modo, el promotor “peor peinado del mundo”, tenía algo (no muy limpio) que ver en ese resultado.

Lo cierto es que la decisión de los jueces fue unánime a favor del panameño que, de esta forma, se elevó al espacio sideral como una auténtica leyenda del boxeo. Durán fue objeto de todos los homenajes imaginables. Panamá no encontraba como agradecerle al “Cholo” del barrio “El Chorrillo” aquella hazaña memorable que colocaba también al país del Canal en un sitial elitesco en el boxeo.

Panamá se convirtió en un constante carnaval. Que rumbón se formó. No era para menos. El pequeño país había dado al “Mejor peleador Latino de Todos los Tiempos”. La pelea duró una hora y la celebración, meses. Durán no hallaba donde meterse para que no lo encontrara algún fanático eufórico y le invitara un trago al menos.

Una trampita del destino

la leyenda popular ( algunos dicen que corroborada por el propio peleador) que una noche de fiesta, estaba el flamante campeón acompañado de un par de exuberantes muchachonas en un sitio nocturno y un personaje allegado a una empresa promotora, le ofreció la revancha con Leonard dentro de dos meses. Según la leyenda, Durán ya andaba corto de efectivo y le dijo al oferente que si le daba allí mismo 100 mil dólares adelante, la pelea iba en esa fecha.

El hombre sacó el dinero y – según- Durán quedó comprometido a esa revancha sin contar con suficiente tiempo para prepararse. Esa noche, no se dio cuenta por la emoción y, después de demostrarle a las chicas “las cualidades que Dios le dio”, vino el “Ratón Moral” y el compromiso ineludible.

Se dio ánimo: “ Yo soy el más grande. Me lo gané en Montreal y me lo volveré a ganar. Sólo tengo que entrenar un poco”. Por su lado Leonard había visto una y otra vez el video del combate y concluyó en que había equivocado la pelea. Aunque fue muy cerrada y él seguía creyendo que fajándose, también era superior a Durán, concluyó con su equipo que al panameño era mejor golpearlo en el amor propio que en sus costillas y mandíbula.

En el ring del Superdome de New Orleans

A duras penas Durán logró dar el peso para la gran pelea. Se le vio nervioso tomando té antes de montarse en la balanza. Pero se volvió a dar ánimos: “ Ya otras veces he rebajado bastante y, de todos modos he ganado, Así le gané a De Jesús, que era mejor que Leonard. Nadie me gana. Sólo tengo que subir al ring y caerle a golpes otra vez. Ya está”.

lLeonard, por su parte, lucía tranquilo, sereno, distendido, concentrado. Tenía claro cuál era el plan. Se había preparado física y mentalmente para este combate que consideraba crucial en su carrera. Ya pensaba en una pelea unificatoria con el nuevo campeón de la AMB, Thomas Hearns, quién, el 2 de agosto en Detroit dio la gran sorpresa noqueando en apenas dos rounds al Super Campeón mexicano, Pipino Cuevas.
Leonard salió al centro del ring a desarrollar su plan de moverse, distraer y desconcentrar a Durán. El panameño estaba en lo suyo, buscar la pelea adentro y ejercer presión para castigar al moreno de Maryland. Durán no parecía tener la velocidad exhibida en Montreal para poder arrinconar a Leonard. Este caminaba el ring con alegría y se salía velozmente cuando el panameño atacaba.

Durán se atropellaba tratando de sostener e impedir los desplazamientos de Leonard, pero era en vano. El “Sugar” estaba demasiado rápido. La impotencia del canalero era, cada vez, más notoria. Pasaban los rounds y el libreto era cada vez más claro. Leonard ya se sentía tan sobrado que se mofaba de Durán. Le ponía la cara y se desplazaba, le sacaba la lengua. No era un espectáculo boxístico realmente, pero el panameño lucía impotente y muy contrariado.

La gran sorpresa

En el octavo round, Durán falló y quedó mal parado en uno de tantos ataques frustrados y de pronto, le dijo al referee mexicano Octavio Meyrán que no deseaba seguir. Estupefacto, como todos, Meyrán le instó a pelear. Leonard estaba cerca preparado para el ataque, pero “Mano e Piedra” insistió en que se retiraba de la pelea y caminó hacia su esquina donde sus asistentes tampoco lo podían creer.

Hubo unos segundos de sorpresa en los que el tiempo pareció detenerse. Durán volvió a caminar hacia otra esquina diciendo que no y dirigiéndole palabras a Leonard que nadie sabe que decían. Leonard salió corriendo a celebrar montado en las cuerdas, alzando los brazos y luciendo una amplia sonrisa. El público en Panamá, México, Venezuela y de todas partes, no salía de su asombro.

La gran incógnita

¿ Que le pasó a Durán?. Pero si no estaba golpeado. Leonard sólo había evitado el cambio de golpes y le había dirigido algunas burlas, pero no lo había golpeado. La verdad, nunca se ha podido saber que le pasó a Durán realmente. Tal vez, inseguro por su escasa preparación; al ver que no lo alcanzaba y que Leonard estaba demasiado rápido, pensó que, si este presionaba, podría noquearlo, porque, seguro, tendría mejor final por estar mejor preparado.

La imagen de guapo, de macho, construida por Durán en otras grandes batallas, se vino al suelo. Es, tal vez, la mayor frustración del boxeo panameño que tardó tiempo en recuperar la confianza luego de aquella vergüenza. Durán, después, logró con sus posteriores hazañas, recuperar la confianza de su afición y su idolatría, la cual, todavía disfruta hoy en día.

Leonard, por su parte, se disparó en el boxeo con grandes triunfos y se convirtió en una leyenda. Al final, fue elegido como el “Mejor Boxeador de la Década de los 80”.
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