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¿El fin de una generación?

La Federación deberá reforzar la sugestión para no asistir a una cascada de renuncias, con la clasificación olímpica en disputa, la generosa autonomía de los jugadores y el publicitado método FEB exigen una revisión




Hay retos que ambicionar y quedan piernas, atendiendo a la primera fase de esta Copa del Mundo, que descubrió a Pau Gasol y a Juan Carlos Navarro tan floridos que ya se les imaginaba danzando en Ipanema, en un par de años, como olímpicos, en una despedida para enmarcar. Pero la garchada sufrida ante Francia altera el plan, que pasaba por triunfar en Madrid. Eso incluía un pase directo, el atajo, hacia los Juegos de 2016. Ahora, España tendrá que pelear la clasificación, ¿con qué efectivos? Y si no la logra, la llorosa despedida en el Palacio sería, definitivamente, la última voluntad de esta generación de vello de punta.

Tuvo esta camada la virtud de retroalimentarse, buscando objetivos en lo que les rebasa. Y la aspiración olímpica reclama adhesiones como ningún otro sueño. Eso alentaría el alistamiento el próximo verano, pero... Marc Gasol amenazó con descansar en 2013, los propios Pau y Navarro están en una edad prohibitiva (34 años) y, como ellos, Ibaka se apartó el pasado verano y volvió a sentirse relegado este 2014. La relación entre la Federación y Mirotic está deteriorada y Felipe Reyes se ha sentido despreciado. Resulta incomprensible que no tuviese ni un minuto ayer, siendo un experto reboteador y con Francia dominando esa estadística 50-28. Dentro del retrato de grises también se incluye a Sergio Rodríguez, depreciado en la rotación. Claver estuvo tan de figurante que no debía haber tenido plaza fija y Abrines ocupará un lugar noble en el futuro, aunque su presencia este año, después de arrastrar una lesión, no esta justificada.

Las rencillas personales y algunos errores mayúsculos desaparecerán con el adiós de Orenga, primer responsable -ni mucho menos único- del desenlace fatal para un equipo que no podrá cumplir unas de sus escasas cuentas pendientes. Como los abuelos, doblegados en el Mundial de 1986 y ridiculizados en los Juegos de 1992; como sus hermanos mayores, rendidos en el Eurobasket de 1997, vuelven a sucumbir a la presión del local, que no se supo gestionar ahora y eso que siete de los internacionales tenían la experiencia de 2007. Entonces, también sobre el parqué del Palacio de los Deportes, España sólo fue plata, ante una Rusia muy inferior. También la Francia de ayer era inferior, pero actuó de una manera mucho más colectiva, mejor preparada para un encuentro que España tras un domingo de descanso, un lunes sin Pau y un martes sin ninguno de los dos hermanos. «No preparamos bien el partido», destacó Navarro, al final de un encuentro que le aparta de otra gran cuenta pendiente: vencer a Estados Unidos en un encuentro con valor de medalla.

El diseño de la Copa del Mundo, que sólo permitía un cruce entre el anfitrión y el imperio en la final, se observaba como una ocasión idónea para poner una equis en esa casilla. ¿Habrá otra ocasión? Sólo los Juegos la ofrecen, una cita que parece demasiado alejada y que exige una profunda reflexión previa.

El proceso comienza por la Federación, autocomplaciente en su modelo, ese método FEB que creyó infalible. Eso toca a los jugadores, que gozaron de una autonomía casi plena -con Orenga, excesiva-. Todo se justificaba por los réditos: bronce y plata continentales en 2001 y 2003, oro mundial en 2006, plata europea en 2007, doble plata olímpica (2008 y 12), dos títulos europeos (2009 y 11) y el bronce de 2013. Nueve medallas, antes de fracasar en la prueba del 10, una sacudida mortal.

España cae desde un rascacielos de ilusión y sucumbe en un partido que esta generación había convertido en trámite, los cuartos de final -ocho victorias en los últimos nueve años-. Todas salvo en 2010, sin Pau. Ayer estaba sobre el parqué, en una fecha imborrable de un año de tragedias. ¿Le puede pasar al baloncesto lo que al fútbol?, se preguntaba en los días inmediatos al drama del Mundial de Brasil. Un coro, que nos incluye, respondió con un no atronador, pero nadie sospechaba que la selección de baloncesto calcaría del fútbol un punto de relajación y soberbia; que habría jugadores revenidos; que Orenga sería tan tibio como Del Bosque... Los éxitos son mellizos; los fracasos, gemelos.
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